Hace 4 horas
jueves, septiembre 09, 2010
Próximamente: Union Atlantic
El sueño eterno
miércoles, septiembre 08, 2010
Principiantes (Absolute Beginners), de Colin MacInnes

La fiesta de la adolescencia empezó a cobrar un cierto esplendor cuando, por vez primera después de tantos siglos de reinado del mañana, los chicos descubrieron que tenían dinero, cosa que hasta entonces nos había sido negada, y que podían gastarlo mientras aún eran jóvenes y fuertes, y antes, además, de que los periódicos se apoderasen de esa fábula de la adolescencia y los prostituyeran, como los censados parecen hacer con todo lo que tocan. Sí, francamente, fueron días realmente esplendorosos aquellos en que descubrimos que ya nadie podía pisarnos los callos, porque al fin teníamos dinero que gastar, y nuestro mundo sería nuestro de verdad, sería el mundo que nosotros queríamos, y no tendríamos que continuar de pie en el umbral del mundo de otros, esperando a ver si nos daban caramelos, quizá.
[Traducción: Baldomer Porta]
Cartel de Trust

Con Clive Owen y Catherine Keener. Dirige David Schwimmer (o sea, Ross en Friends). Curiosamente, se titula igual que una gran (y, por desgracia, olvidada) película de los 90 de Hal Hartley.
Ahora
Ahora, dijo ella, ¿sabes
cómo me siento? No, dijo él,
no sé nada.
Soy solamente, como tú me has descrito,
ceniza en una urna. No, dijo ella,
eso no es lo que quería decir
cuando lo dije. Eres todas las cosas
y además eso. Es la ironía
del lenguaje quien te ha descrito así.
Reducido
al después del dolor
que durará toda mi vida. El dolor
hasta la raíz del pelo de una madre
cuyo hijo ha sido barrido del mundo
por la escoba punzante
de todos sus fallos involuntarios.
Lo que ella había querido decir es que
el cuerpo como ceniza es insuficiente.
Mary Jo Bang, Elegía
cómo me siento? No, dijo él,
no sé nada.
Soy solamente, como tú me has descrito,
ceniza en una urna. No, dijo ella,
eso no es lo que quería decir
cuando lo dije. Eres todas las cosas
y además eso. Es la ironía
del lenguaje quien te ha descrito así.
Reducido
al después del dolor
que durará toda mi vida. El dolor
hasta la raíz del pelo de una madre
cuyo hijo ha sido barrido del mundo
por la escoba punzante
de todos sus fallos involuntarios.
Lo que ella había querido decir es que
el cuerpo como ceniza es insuficiente.
Mary Jo Bang, Elegía
El retorno del Jedi
martes, septiembre 07, 2010
Dinero gratis, de Carlo Padial

UNA PERSONA NORMAL
El enfermo es un hombre de 32 años. Fue llevado a urgencias por la policía cuando intentaba entrar en un banco a pedir un crédito. Según el informe policial, durante la detención el paciente no dejó de repetir las siguientes frases: “¡Sólo quiero pedir un crédito! ¿Qué hay de malo en ello? ¿Es que no tengo derecho?”
El enfermo ha estado constantemente trastornado desde su juventud. Después de una primera etapa de latencia decide, con 26 años, ingresar en la universidad para estudiar derecho. Sus padres no lo entienden y se muestran preocupados por su nueva actitud, pero él desoye sus consejos e ingresa en la facultad. Durante el primer año de carrera mantiene una intensa vida estudiantil, apuntándose a todo tipo de actividades y módulos extracurriculares, lo que rápidamente llama la atención del profesorado que, a modo de aviso, le abre un expediente informativo. Haciendo caso omiso a la advertencia, en el segundo curso aprueba todas las asignaturas con una media de notable y, no contento con ello, se presenta a delegado de su clase, lo que motiva su expulsión definitiva.
Una vez fuera, lejos de calmarse, se busca un empleo. Afortunadamente lo despiden a los siete meses, pero reincide y se busca otro. Durante la entrevista nos explica que “en ese empleo al principio todo fue bien”, pero que luego sus compañeros de trabajo empezaron a ponerle nervioso, pues “no rendían lo suficiente”. Cuando expresa estas quejas a sus superiores, es despedido. Sus padres, alarmados porque la misma semana del despido ya está de nuevo buscando trabajo, deciden hospitalizarlo. Tiene 29 años. Desde entonces ha tenido once trabajos más, algunos incluso de jornada completa.
El enfermo ha sido ingresado en nueve ocasiones con una estancia máxima hasta el momento de ocho meses. Durante las hospitalizaciones ha recibido varios tipos de psicofármacos y sólo una vez, a raíz de una grave crisis en la que pretendía ir a Estados Unidos “a aprender inglés”, recibió electroshocks. Aunque se le ha insistido en la importancia de mantener la medicación una vez fuera del hospital, generalmente deja de tomarla al poco de recibir el alta. El enfermo asegura que tiene “montones de amigos” y “una agenda repleta de compromisos”. Incluso con psicofármacos, mantiene que todas estas actitudes “son positivas” y que lo único que le falta para ser feliz es “tener una mujer y dos hijos, la parejita”. Desearía tener un piso propio y por eso fue al banco a pedir un crédito.
El enfermo nos asegura que sólo “el trabajo duro” es la base del éxito y está convencido de que si mantiene “el nivel de exigencia” conseguirá su objetivo de llegar a ser su “propio jefe”. Para ello se levanta cada día a las siete de la mañana y sale a la calle “dispuesto a darlo todo”. Cuando se le hace notar lo extraño de su conducta, el paciente alza la voz y nos grita: “¡Ustedes son los únicos enfermos aquí! ¡Yo sólo quiero ganarme la vida!”. Cuando se calma, el enfermo describe otras experiencias inusuales. Por ejemplo, muestra una gran debilidad por los automóviles. Recientemente fue a un concesionario a preguntar precios, pero se tuvo que ir porque, según nos explica, “el dependiente no entendía que yo quisiera de verdad comprarme un coche”. Para hacerlo estaba dispuesto a ahorrar “durante un tiempo” y, si hacía falta, a buscarse una plaza de parking y a pagar “un buen seguro”.
En todo momento se muestra asombrado por la actitud de todo el mundo a su alrededor y exige saber qué tiene de malo su comportamiento. En los momentos más críticos de la entrevista llega incluso a decir que hay “millones de personas” como él y que lo único que quiere es ser “una persona normal”.
Aunque no parece demasiado inteligente, no hay ninguna evidencia externa que haga patente la gravedad de su caso. Después de varias semanas de tratamiento no pudo controlar sus síntomas (lo descubrimos consultando la sección de economía de un diario) y tuvo que ser trasladado a una unidad de larga estancia, con el objetivo de ser sometido a vigilancia intensiva.
Cinema Paradiso
lunes, septiembre 06, 2010
El río de la vida, de Norman Maclean

Releo este libro 17 años después, ahora en nueva traducción y con el estilo exquisito de Libros del Asteroide. Las narraciones contenidas en El río de la vida embrujan, nos absorben del mismo modo que a uno le hechiza contemplar el curso del agua de un río salvaje. No podemos apartar la mirada de la corriente y tampoco podemos apartar los ojos del libro de Maclean, que ahora cuenta con un prólogo de Gabriel Insausti. El autor nos cuenta tres historias que podríamos calificar de relatos largos o de novelas cortas, y lo hace en orden inverso al tiempo:
“El río de la vida” fue el material de base para la película homónima de Robert Redford. Tengo un grato recuerdo de ella, pero el relato es distinto, se centra más en la armonía del hombre con las aguas y en la relación del narrador con su familia. De cómo un pescador puede entrar en comunión con la naturaleza. Aparte de la fluidez de su prosa, admiro de esta novela su capacidad natural para hablarnos de las relaciones entre dos hermanos varones (y conozco bien el paño): la manera en que a veces se comunican sin palabras, sus esfuerzos vanos por ayudarse, su cariño mutuo que no necesita de declaraciones. Se ambienta en 1937, cuando Maclean y su hermano ya son dos hombres hechos y derechos y vuelven a pescar juntos por última vez. Para ellos, la pesca con mosca (artificial) es un arte y una religión.
“Leñadores, proxenetas y «Tu camarada, Jim»” sucede antes, en 1927, y aquí Norman Maclean trabaja durante el verano como leñador. Es un relato de aprendizaje sobre su relación con Jim, uno de los tipos que trabaja en los bosques junto a él.
“Servicio Forestal de Estados Unidos, 1919: El guardabosque, el cocinero y un agujero en el cielo” retrocede aún más en el tiempo para contarnos su etapa como vigía forestal cuando aún no había cumplido 18 años. Un relato de partidas de cartas, peleas a puñetazos y caminatas por el bosque que recuerda a algunos pasajes de Jack London.
De las tres, me quedo con la primera: el curso del río actúa de metáfora de la vida y sólo en ella Maclean habla de la familia y, por tanto, se implica y nos implica emocionalmente, como en este pasaje en el que Norman y su padre ya han completado su cupo de pesca y aguardan a que Paul, el hermano, termine:
-¿Qué estabas leyendo? –pregunté.
-Un libro –dijo él. Lo tenía en el suelo, al otro lado. Para que yo no me molestara en mirar por encima de sus rodillas para verlo, añadió–: Un buen libro. –Un poco después me dijo–: En el fragmento que estaba leyendo dice que al principio fue la Palabra, y así es. Yo antes pensaba que lo primero fue el agua, pero si escuchas con atención oirás que las palabras están debajo del agua.
-Eso es porque primero eres predicador y después pescador –le dije–. Si se lo preguntas a Paul, te dirá que las palabras están formadas de agua.
-No –replicó mi padre–. No escuchas con atención. El agua fluye sobre las palabras. Paul te dirá lo mismo. A propósito, ¿dónde está?
[Traducción de Luis Murillo Fort]
El repartidor de hielo

Hace unos años leí esta obra de teatro de Eugene O'Neill, incluida en el libro Aquí está el vendedor de hielo / Hughie. En el 73, John Frankenheimer la adaptó en una película para televisión, ofreciendo teatro filmado de casi 3 horas pero que no se hacen pesadas gracias a los diálogos y al trabajo de cuatro grandes actores: Lee Marvin, Robert Ryan, Frederich March y Jeff Bridges. Todo sucede en una taberna repleta de borrachos. El personaje de Marvin es un tipo que se ha redimido, ha dejado la bebida y pretende ayudar a sus colegas de barra a que dejen de alimentar sus fantasías y se enfrenten a la realidad. El speech final de Lee Marvin resulta impresionante.
The French Connection
domingo, septiembre 05, 2010
El estadio en casa
Ciertos anuncios suscitan en la mente del espectador el mensaje opuesto al que pretendían ofrecer: aquí.
Where the Buffalo Roam


Una de las grandes películas de Terry Gilliam es Miedo y asco en Las Vegas, la adaptación del libro de Hunter S. Thompson, con Johnny Depp y Benicio del Toro. Pero antes de Gilliam, fue Art Linson quien hizo la primera incursión en las disparatadas aventuras de este escritor y de su abogado. Esa película, inspirada no en la novela sino en la vida de Thompson, la vi ayer. Aunque la dirección de Linson es más bien plana y el producto final no es tan imaginativo como la obra de Gilliam, Where the Buffalo Roam merece la pena por ver a Bill Murray y Peter Boyle en los papeles que años después retomaron Depp y del Toro. Aquellos dos tipos eran huracanes y aquí también es evidente: habitaciones destrozadas, bolsos llenos de pastillas, escándalos, compañías extrañas...
Sombrero y Mississippi, de Ray Loriga

Los autores de éxito no deben ser nunca despreciados, pues conocen algo que los escritores sin éxito ignoran.
Stephen King no es un escritor pequeño, sus ideas son enormes y al mismo tiempo encantadoras. No es raro que sea millonario.
El barco de Arturo Pérez-Reverte es más grande que mi casa, es evidente que él sabe algo que yo no sé, un secreto que admiro y respeto.
Javier Marías me dijo una vez algo que nunca he olvidado: quien tiene una capacidad que yo no tengo merece mi admiración.
Con frecuencia un público coincide con el gusto de un autor, pero no hay autor que sea capaz de inventarse el gusto de un público.
sábado, septiembre 04, 2010
Oda a la historia
Si no se hubiera acostado con aquel chico
hace todos esos años, dónde estarían, se pregunta.
Ella y el hijo que no habría existido y que ya
no existía. No sabría nada
de la maternidad. No sabría nada
de la muerte. No sabría nada
del amor. Esas tres cosas que se le concedían
para recordar. Despiértame, por favor, dijo ella,
cuando esta vida termine. Mírala: es como si
las ventanas de la noche estuvieran cosidas a sus ojos.
Mary Jo Bang, Elegía
hace todos esos años, dónde estarían, se pregunta.
Ella y el hijo que no habría existido y que ya
no existía. No sabría nada
de la maternidad. No sabría nada
de la muerte. No sabría nada
del amor. Esas tres cosas que se le concedían
para recordar. Despiértame, por favor, dijo ella,
cuando esta vida termine. Mírala: es como si
las ventanas de la noche estuvieran cosidas a sus ojos.
Mary Jo Bang, Elegía
viernes, septiembre 03, 2010
J. G. Ballard. El tiempo desolado, de Pablo Capanna

Pablo Capanna, escritor nacido en Florencia y criado en Buenos Aires, se anticipó hace años a los estudios sobre dos autores fundamentales de la literatura contemporánea: J. G. Ballard y Philip K. Dick. Antes de que otros los ensalzaran, especialmente los encargados de elaborar el canon, ese invento tan snob, Capanna ya había estudiado a fondo a ambos. El presente ensayo, publicado hace unos 20 años, se presenta en versión actualizada, revisada y ampliada. Para quienes, como yo, hayan leído varias obras de Ballard, este ensayo constituye un complemento esencial. Quienes, en cambio, no conozcan sus libros, tienen aquí una oportunidad para adentrarse en este autor de mundos fascinantes. Capanna analiza los títulos más importantes, señala influencias y simbolismos, traza un mapa de obligada consulta. Los mundos ballardianos nacen con la guerra y la reclusión en un campo de concentración japonés, como muestra en su novela El imperio del sol. Dice Capanna: El emblema de la piscina vacía atraviesa toda la obra de Ballard. Algo que ya aparecía en la novela citada. Copio unos reveladores fragmentos sobre el simbolismo:
Así como los filósofos griegos creían que el mundo físico estaba constituido por cuatro elementos (aire, agua, fuego y tierra) y los físicos modernos hablan de cuatro estados de la materia (sólido, líquido, gaseoso y plasma), los elementos simbólicos del mundo de Ballard también serían cuatro: agua, arena, cemento y cristal.
La cuaternidad ballardiana no pertenece al mundo del espacio; las cuatro figuras son diversos estados del tiempo. El agua es el pasado; la arena es el futuro; el cemento, el presente; y el cristal, la eternidad. El propio Ballard los había relacionado con el tiempo, aun antes que Pringle.
Según Pringle, cada uno de estos principios se vincula a la vez con los cuatro loci de la cosmología medieval, que tienen una raíz bíblica. De tal modo, el agua sería el Jardín del Edén; la arena, el infierno; el cemento, el mundo de la Caída, y el cristal el Cielo, la Ciudad de Dios.
Todos los otros símbolos, según Pringle, girarían en torno de esta cuaternidad. Figuras como los fósiles, los ríos y lagos desecados, las playas o las piscinas vacías, se articulan en torno de la arena. El gigante ahogado, que ha venido del agua, simboliza a la vida que sucumbe a la entropía, como la ballena blanca en Melville.
(…)
En los apocalipsis de la ciencia ficción se trastocaba el hábitat cotidiano, pero los personajes continuaban moviéndose según pautas racionales y utilitarias; a veces, aun más que antes. En esas historias, ironizaba Ballard, “todo el mundo estaba por correr hacia las colinas, por bajar de las colinas si estaba en la cumbre, o pensando en ponerse a reparo si es que iba a hacer frío”.
En cambio, los cataclismos ballardianos “son historias de enormes transformaciones psíquicas (que) por razones personales, los héroes eligen abrazar (…) Yo usé esas mutaciones externas del paisaje para conjugarlas con la mutación psicológica, interior, de los personajes”.
En breve: Calle de los maleficios

La semana que viene, en Sajalín Editores, publican Calle de los maleficios. Crónica secreta de París, de Jacques Yonnet. La impactante foto de portada es de Robert Doisneau, amigo del autor, según contaban los editores ayer en Facebook. En la segunda imagen, si se amplía, pueden verse algunos detalles del libro.Cheever: A Life
El golpe
Cartel y trailer de Beautiful Boy

Protagonizada por Michael Sheen y Maria Bello. Cuenta la historia de un matrimonio cuyo hijo comete una masacre en el instituto y cómo ese hecho cambia sus vidas. El trailer no está mal: aquí.
jueves, septiembre 02, 2010
Jugadores, de Don DeLillo

Una de las primeras novelas de Don DeLillo, en la que ya demuestra algunas de las señas de identidad de su literatura: interés por el terrorismo como parte de la trama, una prosa enigmática, un lenguaje que requiere esfuerzo adicional del lector, etcétera. Aquí, una pareja que empieza a aburrirse llega a un punto en que sus intereses pueden cambiar y los giros tal vez den un sentido a su vida: a Lyle le atrae la telaraña de poderes y estructuras que sustentan el terrorismo desde que encuentra a una mujer que conoce a uno de ellos; Pammy prefiere hacer un viaje con dos amigos homosexuales y liberarse mediante esa especie de fuga al bosque. Un interesante trozo sobre los moteles:
Se pregunta por la tendencia, tan propia de los moteles, de volver las cosas hacia el interior. Son una invención peculiar, poderosamente abstracta. Parecen ser la idea de algo, estar aún a la espera de hallar plena expresión en una forma concreta. Le entran ganas de preguntar si no hay algo más. ¿Qué hay detrás? Ha de ser el viajero, el automovilista, el que se detiene, quien da cuerpo a ese concepto. Una interioridad en espiral, cada vez más profunda. Racionalidad, análisis, comprensión de uno mismo. Dedica un instante a imaginar que este inmenso sistema de habitaciones casi idénticas, repartido por el mundo entero, se ha creado así para que las personas dispongan de un lugar donde asustarse con cierta regularidad. Las cáscaras de nuestras variadas búsquedas. Algún lugar donde asumir nuestros temores.
[Traducción de Miguel Martínez-Lage]
Próximamente: Sukkwan Island

Copio y pego del boletín de novedades de Ediciones Alfabia:
En octubre llega el momento del gran fenómeno David Vann y su sorprendente novela Sukkwan Island. La obra le ha valido al autor merecidas comparaciones con Cormac McCarthy (en especial con La carretera) y no para de recibir premios, tanto de parte de la crítica como de los lectores. En Francia, sin ir más lejos, lleva más de un año entre los libros más vendidos.
Una isla salvaje en el sur de Alaska, a la que solamente puede accederse en barco o hidroavión, repleta de frondosos bosques húmedos y montañas escarpadas. Este será el inhóspito decorado donde Jim decidirá fortalecer las relaciones con su hijo Roy, a quien apenas conoce. Doce meses por delante, viviendo en una cabaña apartada de todo y de todos: parece una buena oportunidad para estrechar lazos y recuperar el tiempo perdido. Pero la situación, poco a poco, deviene clautrofóbica, asfixiante, insostenible. La díficiles condiciones de supervivencia y la olla a presión emocional a la que se ven abocados padre e hijo acaban por conformar una postal de pesadilla.
Nº 15: Agitadoras. Revista cultural

Nómina de autores para el mes de septiembre en Agitadoras:
María Aixa Sanz, Paco Piquer, Sergio Manganelli, Julia Otxoa, Manuel Maciá, José Naveiras, Pablo Paniagua, Ángel Muñoz Rodríguez, Itziar Minguez, Ángela Mallén, Beatriz Rodríguez, Juana Cortés, Carmen Camacho, Francisco Belmonte / Peter Cock, Rolando Revagliatti, Julio Antón Domínguez, Jesús Aller, Luís Arturo Hernández, Estelle Talavera, Jordi Macarulla, Diego Prado, David Torres, Enrique Flores, Josep Oliver, Inés Matute, José Ángel Barrueco, Javier Gil, Il Gatopando, Lalo Borja, Lullu, Gilda Manso, Ana Márquez, Victoria Salvador, Tito Expósito, Juan Planas, Begoña Leonardo, Joaquín Lloréns, Marcelo Arbillaga, Holly, María Ángeles Cabré y Jan Hamminga.
Los tres mosqueteros

No he sido capaz de encontrar otro de los carteles que me obsesionaban, esos que había pegados a la trapa del bar en proceso de abandono del Pompeya, detrás de la tribuna. Era parecido a éste, con fondo blanco, y desde luego, mucho mejor. Para mí no existe versión a la altura de la novela de Dumas, aunque ésta de Richard Lester era muy divertida.
miércoles, septiembre 01, 2010
Conocerás al hombre de tus sueños

La última película de Woody Allen es un caramelo amargo disfrazado de comedia. Y no es una comedia romántica, pese a los denodados esfuerzos de sus distribuidores españoles por disfrazarla poniéndole un título que desvirtúa el original: You Will Meet a Tall Dark Stranger es una frase ambigua que pronuncia Josh Brolin y que en el filme tiene doble sentido (ese extranjero puede ser un nuevo amor pero también puede ser la Muerte). Este trabajo le sirve a Allen para hablarnos de la muerte, de la eternidad, del más allá, del miedo a envejecer y a estar solo, del éxito y el fracaso, de la necesidad de forjar lazos familiares… En este cruce de relatos los personajes van haciendo sus elecciones y se equivocan continuamente. Su tragedia es, en el fondo, la nuestra.
El resultado me parece algo más flojo que en su anterior trabajo, pero en absoluto desdeñable: recordemos que Woody Allen no hace películas malas (y ahora atraviesa una etapa de filmes más ásperos, menos complacientes, y que por supuesto no gustan a todo el mundo). De todas las historias de descomposición familiar o sentimental me quedo con la que atañe a ese escritor encarnado por Brolin (en otra de sus grandes interpretaciones), quien espera día tras día el veredicto de un editor sobre su última novela. Este personaje representa a la perfección la incertidumbre y la inseguridad de quienes nos dedicamos a este ingrato oficio. Allen, además, le ha regalado un papel bombón a la británica Lucy Punch: una prostituta cuyo personaje recuerda al de Mira Sorvino en Poderosa Afrodita; no será raro que gane algún premio.
Próximamente en Libros del Silencio


Están a punto de llegar a las librerías el libro de relatos Dinero gratis, de Carlo Padial (elogiado por Ignacio Vidal-Folch, Rubén Lardín y Hernán Migoya), y la novela Abluciones, de Patrick DeWitt, de la que aquí se puede leer el primer capítulo.
.
Entre las próximas novedades para octubre está la edición de un libro de culto de Robert Stone, Dog Soldiers, que aquí se titulará Soldados del Perro, y que fue adaptado al cine en los 70, con Nick Nolte, en la película Nieve que quema (Who'll Stop the Rain). En el boletín de la editorial dicen esto sobre la novela:
Durante la guerra del Vietnam, el periodista John Converse decide sacar partido de su corresponsalía en Saigón haciéndose con un alijo de heroína que pretende hacer llegar de vuelta a Estados Unidos usando a un marine como correo. Pero una vez allí, las cosas se complican: el marine desaparece, junto con la droga y la mujer de Converse, y éste debe iniciar una persecución tras ellos que alcanza magnitudes épicas. «Una versión de El tesoro de Sierra Madre en la que el objeto de avaricia son tres kilos de heroína pura que se convierten en la resonante metáfora de la corrupción que se extiende por América. Una novela poderosa y emocionalmente impactante.» (New York Times).
Próximamente: Mire al pajarito

En Sexto Piso publican estos relatos inéditos de Kurt Vonnegut. Los esperamos con ansiedad. Son 14 textos y se pueden leer y descargar las primeras páginas en este hipervínculo.
La aventura del Poseidón

En los 70 me obsesionaba este cartel. Estaba pegado en la trapa del bar en desuso de la parte superior (detrás de la tribuna) del Cine Pompeya. La obsesión venía de ese barco al revés, con las sillas y las mesas pegadas al suelo, que ahora era el techo, y los hombres colgados de ellas para no caer. Fue una de las mejores películas de catástrofes de entonces, junto a El coloso en llamas.
Boris Vian en Impedimenta

Vercoquin y el plancton es el título de la novela inédita de Boris Vian que en breve publicará Impedimenta. Esta es la sinopsis:
Alocada y fresca, turgente y frutal, Vercoquin y el plancton, primera novela de Boris Vian, inédita en España hasta ahora, comienza con una surprise-party y termina con otra. En un París exuberante en que siempre es verano, una serie de personajes se refugia en desmesuradas fiestas nocturnas en las que suena el jazz, se bebe sin tregua y la gente ensaya todas las formas posibles de besarse. El Mayor (personaje recurrente en la narrativa de Vian) se enamora de la bella Zizanie, y sueña con seducirla y que ambos se prometan en matrimonio. Así, auxiliado por el excéntrico Antioche Tambretambre, su brazo derecho, elaborará una estrategia de lo más rocambolesca para obtener el permiso del tío y tutor de Zizanie, a la vez que se ridiculizarán los usos, maneras y costumbres de la CNU (Consorcio Nacional de la Unificación), una parodia de la AFNOR (Association Française de Normalisation), donde Vian trabajaba por entonces.
martes, agosto 31, 2010
Fat City

No había visto Fat City hasta ahora, lo que me resulta incomprensible porque muchas de las películas de John Huston están entre mis favoritas: Vidas rebeldes, El tesoro de Sierra Madre, El halcón maltés, El hombre que pudo reinar, La jungla de asfalto, Los que no perdonan, La reina de África, La noche de la iguana, El juez de la horca, Dublineses... Huston incluso consiguió que yo viera una película de fútbol: Evasión o victoria, donde fue capaz de juntar a Stallone, Pelé, Max Von Sydow y Michael Caine.
.
Fat City es un retrato muy amargo sobre los perdedores. En este caso, sobre tipos que un día fueron estrellas del boxeo y hoy sólo son borrachos solitarios. Stacy Keach está extraordinario en su papel de fracasado que casi vive en las tabernas y anhela otra oportunidad, muy en la línea de los personajes de Charles Bukowski. Hay dos secuencias magistrales y a la vez dolorosas: una en la que Keach intenta cocinar para él y su nueva compañera, una alcohólica, y acaban discutiendo por cualquier cosa, y el boxeador trata de tomarse la situación con calma, pero termina destrozado de los nervios; y otra en la que, tras ganar un combate, Keach sale del edificio rodeado de su entrenador, de sus colegas y de quienes acuden a felicitarlo, mientras, un minuto después, el oponente al que ha derrotado sale solo, sin nadie que acuda a apoyarlo, y las luces del local se van apagando antes de abandonar el local; los ganadores tienen amigos, los perdedores no tienen a nadie, parece decirnos Huston en esta secuencia.
.
En el otro extremo está el personaje de Jeff Bridges: joven, con mujer e hijo, un futuro y varios combates ganados en el ring. Es el opuesto a Keach, y también es lo que fue Keach de joven. Cuando se juntan en la barra de un bar sabemos lo que sabía Huston: que hoy el ganador disfruta de todo, pero quizá mañana podría convertirse en su colega, al que los fracasos y el divorcio convirtieron en un hombre que va "de desastre en desastre". Fat City, por cierto, no queda muy lejos de lo que ha hecho Juan Velázquez en la novela Hombres sin suerte, de la que he colgado un fragmento esta mañana.
Nacho Gallego / El lenguaje de las células

Curioseando el boletín de novedades de Mondadori para esta temporada, me ha llamado la atención el nombre del ya fallecido Nacho Gallego, a quien Caballo de Troya publicará póstumamente su libro El lenguaje de las células y otros viajes. Porque la biografía dice así:
Nacho Gallego nació en Madrid en 1971. Pasó gran parte de su infancia y primera juventud en Zamora. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid. Sus trabajos en distintas organizaciones e instituciones internacionales le llevaron a viajar y conocer muy diversos países. Fallecido en Zamora en 2007, El lenguaje de las células y otros viajes es su libro póstumo.
Me interesa porque nació un año antes que yo y vivimos en la misma ciudad y yo no sabía de su existencia. El argumento, además, es autobiográfico, con lo cual mi interés se duplica. Según el boletín de novedades de Mondadori:
Una narración en clave autobiográfica centrada en la figura trágica de Joan, a quien a sus veinticuatro años de edad le descubren un tumor maligno de testículo. Sometido a un primer tratamiento de quimioterapia en Barcelona, trata de continuar sus trabajos como cooperante en Argentina y recorre el país de arriba a abajo lleno de curiosidad e interés descubriendo nuevos horizontes y experiencias. Nuevas recaídas le obligan a interrumpir su actividad. En Buenos Aires encuentra a la que será su mujer y compañera con la que se trasladará a la India para encontrarse con todo un mundo nuevo. Su inquietud vital le lleva a viajar por toda la India, por Vietnam, China y Bután hasta que la amenaza de la enfermedad vuelve a hacerse presente y se somete a una cura ayurvédica, un antiguo sistema de medicina india, en la selva de Kerala. Nuevos viajes, nuevas experiencias: el Tibet y el encuentro con una nueva forma de enfrentarse
a la vida y a la muerte. Nueva recaída y regreso final a Barcelona.
Esta es la historia y los paisajes de una vida que no se resignó a cobijarse en el miedo ni aceptó vivir en el desespero. Espejo a lo largo de un viaje interrumpido pero no equivocado. La narración póstuma de un escritor que creyó en el futuro, eligió vivir en plenitud su presente y se encontró así con la sorpresa acechante de la escritura: «No fue idea mía embarcarme en este viaje. Y, sin embargo, no puedo concebir qué sería hoy mi vida sin esta aventura inesperada».
Hombres sin suerte, de Juan Velázquez

Joder. Si pudiera irme de aquí para lo que me queda de vida. Sólo pido eso. Con esta puta humedad cualquier invierno me ingresan y acabo conectado a la botella de oxígeno para siempre. El bar cierra, y yo qué. A pasear y a pasar el rato sentado en un banco. Eso no. No puedo. No tengo salud. Como me agarre otra bronquitis como la del año pasado, me ingresan. Seguro. Entrar y salir del hospital. Hasta que un día me quede allí. Tengo que escaparme al Mediterráneo. Allí no hace frío y la vida es más barata. No me conoce nadie. Ya me lo montaría de alguna forma. Hacen falta unos milloncitos. No muchos, los justos para comprarme algo barato e ir tirando con la pensión de autónomos. Tengo que hacer algo. Lo que sea. Peor no puedo estar. No me merezco un final así.
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