domingo, febrero 22, 2009

The Wrestler


No hagáis caso de esos periódicos en los que dicen que Mickey Rourke "ha vuelto", pues lo cierto es que nunca se fue. Lo que hizo fue machacarse la cara y hundirse en papeles secundarios en películas cutres durante los 90 (salvando Legítima defensa y Buffalo 66). En el nuevo siglo contaron con él Sean Penn, Tony Scott, Steve Buscemi y, sobre todo, Robert Rodriguez, que le regaló el personaje de Marv. Lo que ha sucedido en realidad es que no estaba tan bien en un papel desde sus personajes de los 80. Por cualquiera de ellos podría haber ganado un Oscar, pero era un rebelde, un inadaptado: La ley de la calle, Manhattan Sur, Réquiem por los que van a morir, Barfly, El corazón del ángel, Homeboy, Francesco...
Con El luchador, el gran Darren Aronofsky le ha dado la oportunidad de redimirse. De dar vida a un tipo que tiene algunas conexiones con su propia trayectoria. Aronofsky abandona aquí la forma de sus anteriores películas, pero no el fondo: sigue mostrándonos historias tortuosas y sin concesiones a la galería. Apuesta esta vez por un estilo próximo al documental, con una cámara al hombro que va detrás del protagonista, que lo sigue como en esos reportajes que muestran las bambalinas de cualquier deportista.
Randy "The Ram" Robinson es un luchador que vivió tiempos mejores, en los 80 (una época en la que continúa anclado: véase su indumentaria, su melena heavy, la música que escucha). Aún tiene un público fiel que lo aclama en los combates de medio pelo, pero en el exterior, en la realidad de ahí fuera, su vida es un desastre: una mujer que no le hace mucho caso, una hija que le odia, una caravana como techo, horas extras en un supermercado, problemas de salud, soledad extrema. Aronofsky nos muestra los entresijos del wrestling y no elude todos los sacrificios que comporta para los luchadores: el mantenimiento físico, la venta de autógrafos y vídeos para ganar un dinero extra, las heridas y cicatrices (todo es mentira y está amañado, pero a menudo hay dolor). Randy es uno de esos personajes hundidos, que sólo busca una oportunidad para levantarse de la lona y enderezar su vida.
Estos días he leído el libro colectivo La nueva carne (del que hablaré la próxima semana) y creo que esta película no oculta ciertas influencias del concepto. En El luchador siempre se habla de la carne. Randy vive de su cuerpo, de mantenerlo, de exhibirlo, y lo somete a duros sacrificios y no duda en dejarse herir la carne para entusiasmar al público. La bailarina de striptease vive de enseñar su carne desnuda. Randy llega a decir que él ya sólo es "un pedazo de carne vieja". Su jefe del supermercado le dice que tendrá que enfrentarse a "amas de casa desesperadas que sólo querrán tu carne" en el mostrador de la carnicería en el que hace horas extras. Y no falta la referencia a La Pasión de Cristo: "Le dan de hostias durante dos horas, pero él lo aguanta".
Por si fuera poco, al lado de Rourke (impecable, extraordinario en su papel) están dos mujeres que me revolucionan: Marisa Tomei y Evan Rachel Wood. Y bordan sus personajes.

Hoy, en Madrid


Esta noche, a las 21:00 horas, en el Malatesta (c/ Olmo 3, Lavapiés), nueva presentación de Guerra de identidad, de Déborah Vukušić.

Adaptarse a los tiempos

Tras ver el primer episodio de la tercera temporada de Muchachada Nui pensé en dos de los personajes más célebres del programa, opuestos entre sí: Enjuto Mojamuto (“Interneeeee”) y Marcial Ruiz Escribano (“Para serviros”). Para quien no lo sepa, el primero es un dibujo animado hecho por Joaquín Reyes. Enjuto tiene unos veintinueve años, si atendemos al sexto episodio de la segunda temporada: en el sketch titulado “Grandes momentos de la vida de Enjuto” aparece de bebé y la fecha es 1980. Y su vida consiste en estar siempre solo, en su cuarto, conectado a internet. El segundo, Marcial, es un gañán de pueblo de carne y hueso, a quien Ernesto Sevilla interpreta con mucha gracia. Aunque los dos personajes son los más famosos de Muchachada Nui, es notorio que quien se ha convertido en icono de estos tiempos y en símbolo de quienes adoramos la informática y la red es Enjuto Mojamuto. En torno a dicho “friki” hay todo un merchandising. Pero, que yo sepa, no pasa igual con Ruiz Escribano.
Le estuve dando vueltas y creo que parte del éxito guarda relación con los tiempos. Me explico: Marcial Ruiz hace chistes rurales y demuestra la rudeza propia de quienes viven desde críos en las aldeas, pero hoy apenas pisamos los pueblos. Los espectadores saben poco del mundo rural, si acaso lo que les han contado sus padres. Marcial simboliza el regreso al pasado, a un tiempo en el que los hombres se ponían al fresco y jugaban a las cartas para matar la tarde. Enjuto Mojamuto, por el contrario, simboliza el presente, aunque jugando con la hipérbole, exagerando el retrato de ese joven que aún parece un adolescente y que pasa casi todo el día con la nariz pegada a la pantalla del ordenador. Todos entendemos sus chistes. También nos divertimos con los de Marcial, pero nos reímos más con Enjuto porque comprendemos, porque nos está hablando de nosotros mismos, o de gente a la que conocemos: del spam, de los correos electrónicos, de los antivirus, de las novias por chat que podrían ser hombres con una falsa identidad, de la mula y sus descargas. Ese es uno de los grandes aciertos del programa en esta nueva etapa, tras La Hora Chanante: Mojamuto conecta con el mundo contemporáneo. De ese modo, comprobamos cómo en la televisión (también en el cine o en el cómic) se hace uso de las nuevas tecnologías, algo que en castellano y en literatura no está a la orden del día, pues son pocos quienes se atreven a dar el paso. Ray Loriga decía que en España se escribía como si no existiera la televisión. La frase tiene ya unos cuantos años. Ahora podríamos afirmar que en España hoy se escribe como si no existieran los ordenadores ni internet, esenciales en nuestras vidas.
Pero no todo es así, ya. Por eso agrada ver cómo en algunos libros nos hablan del presente, incluyendo en los discursos variadas referencias a las nuevas tecnologías. Pienso ahora mismo en “Mis dos mundos”, el libro del argentino Sergio Chejfec. Pienso en ese pasaje (el fragmento está colgado en mi blog) en el que desvela cómo la navegación por internet le ha cambiado hasta tal punto que, cuando ve algo, lo relaciona inmediatamente como si se tratara de links. Los objetos y las imágenes le llevan a evocar otros pensamientos, de manera tal que crea “delirantes ramificaciones temáticas que me desbordan y dejan exhausto”. Pienso en “La cámara de niebla”, de mi colega Alfonso Xen Rabanal, citado semanas atrás: el cuerpo del libro está organizado como un blog, y la mayoría de los textos provienen de su bitácora. Pero lo más interesante es el momento en que alude a las resacas como antivirus para eliminar los malos ratos y los recuerdos que le atormentan.

sábado, febrero 21, 2009

Sean Penn en Rolling Stone


¿Cuáles son los escritores más importantes de tu vida?
David Rabe ha sido el dramaturgo más significativo para mí. Y en cuanto a los escritores de ficción, Bukowski, Dostoievsky, Steinbeck, Saroyan y Cormac McCarthy.
¿Lo conocés a McCarthy, no?
Me gustaría decir que lo conozco. Lo conocí hace treinta años, y nunca más lo volví a ver. Leo todo lo que publica. Es un gran escritor, de los que ya no abundan. Estuve involucrado en una negociación para adaptar Hijo de Dios, pero no se llegó a ningún acuerdo.
Wow, sería una película muy dura… (El argumento es sobre un necrófilo de los Apalaches)
(Sonríe) Un poquito oscura. Es divertido decirle a la gente "Es de Cormac McCarthy, pero es un poquito oscura".
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[Entrevista completa: aquí]

Otro cartel de Two Lovers


Trailer de Funny People


Nueva película de Judd Apatow. Reparto: Adam Sandler, Seth Rogen, Leslie Mann, Eric Bana, Jonah Hill y Jason Schwartzman. Trailer: aquí.

Ustedes perdonen

Juzgan estos días al fulano joven que agredió y vejó a una chica ecuatoriana en el tren. Dice que se arrepiente de lo que hizo. Pide perdón. También alega que no recuerda nada de aquella noche. Y en las imágenes de entonces se le ve con el móvil pegado a la oreja. Una actitud que no guarda mucha relación con la clásica persona que va hasta las cejas de alcohol y droga. Pero en ocasiones no basta con pedir perdón. Me parece a mí que esto de pedir perdón está sobrevalorado entre nosotros. Oiga, mire, que sí, que le he partido la boca a esa mujer, pero me arrepiento, así que hagan el favor de perdonarme. Lo que necesitamos no es que los demás lo sientan, sino que no cometan errores, que no sean violentos, que no vayan por ahí haciendo daño a otras personas. Es como el caso típico del marido que apalea a su mujer. Ella se va de casa y luego él acude a los suegros (si viven aún), a llorar un poco, y acude a los hijos (si los tiene), a llorar otro poco más y después le dice a la mujer que lo siente, de verdad, que ya sabe cómo ha estado de tenso en el trabajo últimamente, y que en el curro lo putean y llega nervioso a cenar. Pero que lo siente. Lo siento mucho, de verdad. Me arrepiento, te pido que me perdones y te prometo cambiar y no volver a hacerlo. El daño ya está hecho. Lo que se necesita no es el arrepentimiento, sino evitar el error y la violencia. Evitar el mal. El tipo en cuestión le echa la culpa a las drogas y al alcohol. Pero las sustancias no son las culpables. Culpable es el uso que hagamos de ellas. Ya lo decía Torrente: que la droga no es mala, no muerde por sí misma.
Por eso digo que está sobrevalorado entre nosotros el arrepentimiento. La culpa. De niños nos enseñaban en la iglesia que basta arrepentirse de los pecados y rezar cuatro avemarías y tres padrenuestros para que la culpa se esfumara. Grave error. Grave error porque muchos de nosotros, al errar en nuestra conducta infantil y sentir el aguijón de la culpa rondando por el estómago, pensábamos que daba igual. Que luego era cuestión de confesarlo todo y de rezar lo que mandara el cura. Y así no se puede, hombre. Propongo que al fulano que agredió a aquella chica le dé una paliza un grupo de tíos briagos y ciegos de ácido, como dice él que estaba cuando la atacó, y que luego, eso sí, le pidan perdón. Oye, mira, que lo sentimos y tal. Nadie se merece una paliza así. Pero compréndenos: la noche, el alcohol, la ira, las drogas… No estábamos en nuestros cabales. Es más: no recordamos nada. Hazte cargo y perdónanos. Y te quedas con la paliza, claro.
En esta clase de juicios los acusados siguen un patrón de conducta. Estamos hartos de verlo en la tele. Primero acatan una actitud chulesca, de matones de barrio. De amagar con el puño para que los cámaras crean que les van a meter un golpe. Luego van agachando las orejas, con las detenciones y mientras esperan a que se celebre el juicio. Finalmente, muestran una actitud llorona. Arrepentimiento. Confesión. Culpa. Oiga, mire, que en el fondo yo no soy malo. No se sabe si lo sienten de verdad o no, pero las penas se rebajan de ese modo. Cuando asumes tu culpabilidad y dices que vas a enmendarte. Estamos cansados de ver casos así. Gente apaleada. Mujeres molidas a golpes. Vagabundos quemados vivos. Y luego los culpables diciendo que lo sienten mucho, que se les fue la mano, que no era su intención. Pues no lo sienta usted tanto y asuma su castigo. Asumir la culpa y pedir perdón ya no basta. Porque la mayoría lo utiliza como un escudo. La excusa perfecta. Fui malo, pero ahora soy bueno, ustedes perdonen.

viernes, febrero 20, 2009

Y tres carteles más de Inglourious Basterds




Fuente: Empire Online.

Primer cartel de Inglourious Basterds


The Reader


Esta era la única película que me faltaba de las nominadas al Oscar y la vi anoche. No está mal, pero es la que menos me ha gustado del lote. Para mí, su lugar debería ocuparlo otra: Revolutionary Road. Se merecía más nominaciones. Kate Winslet está perfecta en ambas, pero la han nominado por The Reader. Supongo que ayuda el maquillaje que la afea en el último tercio del largometraje, algo que gusta mucho en Hollywood pero no sucede en la película de Sam Mendes.
Como digo, no está mal, sin llegar a la altura de Las horas, anterior obra de Stephen Daldry. Hay dos razones para no perdérsela: el trabajo de Winslet y la idea central que sostiene la historia (un muchacho que lee para una mujer, ignorante de su pasado al servicio de los nazis). También está repleta de grandes secundarios: Ralph Fiennes, Lena Olin, Bruno Ganz y Matthias Habich. Y no lo hace mal el protagonista, David Kross. Estoy de acuerdo con Carlos Boyero: el filme está muy cuidado y dispone de muchos puntos a favor, pero le falta alma, te deja un poco frío.

Hoy, en Oviedo


Crónica de una lágrima


No he visto ningún corto del zamorano David Furones. Algunos amigos míos me hablaron de él y del estreno, previsto para esta noche, de su nuevo cortometraje. Será en Multicines Zamora, a las 20:45 y a las 22:30 horas. Esta es la web. Suerte para todo el equipo.

Premio de microrrelato para Esteban Gutiérrez


Ayer me encontré en un acto con otro colega: Esteban Gutiérrez Gómez. Me di cuenta entonces: no le había felicitado por su reciente premio y tampoco había puesto la noticia por aquí. Pero es que ha sido una semana tan llena de actos, de avisos y de recitales que incluso, veo ahora, se me han pasado algunos que debí colgar en el blog y no colgué. En otras palabras: que uno no da abasto. Esteba ha ganado el 2º certamen "Amor en 1 Minuto", organizado por Cadena Ser. Tomo el cuento de su blog y lo cuelgo aquí:
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TODA UNA VIDA
Durante un minuto no supe qué decir. Miraba el anillo, una simple arandela de plástico, y le miraba a él, con su pelo alborotado y el cerco de chocolate en los labios. Sonreía, como siempre, y le brillaban los ojos como cuando se tiene fiebre. Le dije que sí, que sería lo que tuviese que ser. Me cogió de la mano y volvimos juntos a clase un instante antes de que sonase la sirena que marcaba el final del recreo. De esto hace más de setenta años. Sé que seguimos llenos de amor, aunque él, ahora, no recuerde nada.

Se acercan los vigilantes

“Watchmen”, el extraordinario cómic de Alan Moore y Dave Gibbons, está de moda desde que anunciaron el rodaje de la película. A diario encontramos noticias relacionadas con la adaptación que ha hecho Zack Snyder (de quien me gusta más “Amanecer de los muertos” que “300”, aunque ésta última no está nada mal), que puede ser un gran filme o una bazofia. Y lo digo porque suelen tenerse esperanzas en las adaptaciones del cómic y la mayoría nos decepcionan. Hollywood tan pronto nos ofrece una obra maestra (“El caballero oscuro”) como un bodrio total (“The Spirit”). No hay día en el que no salgan carteles de “Watchmen”, y he perdido la cuenta de los que han hecho ya para promocionarla. No faltan rumores y noticias y asuntos sobre su rodaje, el retraso en su estreno por la disputa de derechos de distribución entre Fox y Warner o el análisis minucioso de quienes ya han podido asistir a algún pase de prueba.
Siguiendo la tradición de los productos de consumo que, se espera, pueden batir récords (eso se supone del largometraje de Snyder), ya han empezado a proliferar los libros relacionados con la exquisita obra de Moore y Gibbons: las reediciones con distintas portadas; la edición en catalán; “El arte de Watchmen”, que versa sobre la producción artística del filme; “Watchmen. El libro de la película”, con entrevistas y bocetos y fotografías; “Watching the Watchmen”, que explora los secretos del origen del cómic y el proceso creativo que llevaron a cabo sus autores. Y no sé si olvido alguno más. En realidad, creo que la mayoría sobran. A priori, y a excepción del cómic original (en el formato viejo, reducido, y no en ese formato gigante de ahora, que en vez de un tebeo de pastas duras parece una losa de cementerio), sólo me interesaría el último de ellos, si es cierto que ayuda a indagar en los orígenes y en la concepción de este mítico volumen. Se trata de las clásicas artimañas para vender cuando se supone que una película que no se ha estrenado tendrá éxito.
Admito que tengo ganas de ver qué ha hecho Snyder. No sé si cumplirá mis expectativas, pero al menos el gran Rorschach, mi personaje favorito, es un calco del original, y debajo está el actor Jackie Earle Haley, quien hizo un gran trabajo en “Juegos secretos” y, además, fue nominado al Oscar como secundario. Lo que sí me atrae de este circo mediático que se está montando en torno a “Watchmen” es la edición en dvd de “Tales of the Black Freighter”, es decir, los “Relatos del Navío Negro”. Para quien no haya leído el cómic, se lo resumo: en una de las tramas paralelas del cómic, un muchacho, sentado junto a un kiosco, lee un tebeo del mismo nombre: “Tales of the Black Freighter”. Dado que el metraje de la película se alargaría demasiado, en Warner decidieron crear esta pieza de dibujos animados que sirve como complemento a la cinta. La edición en dvd va acompañada del falso documental “Bajo la capucha”. Ignoro su duración. Supongo que será un cortometraje. Sé que al personaje principal, un náufrago, lo dobla Gerald Butler. De momento hemos visto el trailer y pinta bien. Las historias dentro de las historias que acompañan a las películas sí me gustan, como la pieza de manga que hicieron para “Kill Bill” y que introdujeron en la primera parte. Algo parecido ha vuelto a hacer Quentin Tarantino en “Inglourious Basterds”, su nuevo largometraje: “Nation’s Pride”, un corto en blanco y negro dentro de la película, con Daniel Brühl de protagonista. Cuando la fiebre por “Matrix” también sacaron ediciones en dvd de los cortos de dibujos que completaban la trilogía. Y recuerdo que me gustaron.

jueves, febrero 19, 2009

Portadas exquisitas


Brooklyn: A Novel, de Colm Tóibín. De próxima publicación en USA.

The Expendables



Durante un tiempo se rumoreó que Quentin Tarantino reclutaría para sus Inglourious Basterds a los cachas oficiales de Hollywood: Stallone, Willis, Schwarzenegger... Pero Tarantino escogió a tipos desconocidos y poco musculosos y a una estrella no habitual en el cine de acción: Brad Pitt.

Como si quisiera desquitarse, Stallone está rodando The Expendables, una película sobre mercenarios (en la foto superior, las pintas que lucirá) en la que ha reunido a este reparto: el propio Stallone, Jason Statham, Mickey Rourke, Jet Li, Dolph Lundgren, Ben Kingsley, Forest Whitaker, Sandra Bullock y Arnold Schwarzenegger interpretándose a sí mismo. Por cierto: Jean-Claude Van Damme rehusó participar en el filme. Dijo que Stallone no era capaz de explicarle el personaje que iba a interpretar, que no tenía profundidad. Como si Van Damme se hubiera dedicado toda la vida a interpretar a héroes de Shakespeare...

En todo caso, esperamos con ansiedad The Expendables. Promete ser una de las películas pop-basura de la próxima temporada (como lo fue la última entrega de Rambo, tan gore como divertida).

Mis dos mundos, de Sergio Chejfec


Los puntos o circunstancias donde concentro mi atención toman la forma de enlaces de internet: no solamente se trata de los objetos mismos de observación, en general urbanos, pertenecientes al mundo de la calle o de la vida en general de la ciudad, precisos en sus formatos y discriminados del entorno, también significan la asociación que sugieren, la reminiscencia de lo percibido como relacionado, como parecido o directamente como distinto, o sea, en cualquier aspecto que uno pueda establecer esos vínculos. En las caminatas una imagen me lleva a un recuerdo, o a varios, que a su vez imponen otras evocaciones y pensamientos conectados, muchas veces azarosos, etc., creando en general delirantes ramificaciones temáticas que me desbordan y dejan exhausto. Quiero decir, soy víctima de los primeros tiempos de internet, cuando el recorrido o la navegación a través de la red estaban menos regidos por la fatalidad o la eficacia de los buscadores como lo está hoy, y uno debía derivar entre cosas parecidas, extravagantes o difusamente relacionadas.

Javier Vázquez, Premio Blas de Otero de Poesía


Hace tiempo que conozco a Javier Vázquez. Esta semana obtuvo dicho premio, lo cual coincide con la publicación en Baile del Sol de su poemario Casi sin querer. Copio y pego la noticia:
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El poemario La vida en un día de Javier Vazquez Losada, se lleva el galardón del XX Premio Blas de Otero de Poesía que convoca el Ayuntamiento de Majadahonda. El primer premio está dotado de un importe de 5.560 euros y 100 ejemplares de la publicación de la obra.

Influencias

Un par de meses atrás, curioseando por las páginas web de las editoriales para ver las novedades, encontré en El Tercer Nombre un libro que atrajo en seguida mi atención. Su título, “Colgados en Murder Mile”. Su autor, Tony O’Neill, un tipo que no me sonaba de nada. Las primeras líneas del argumento me convencieron: “Tras agotar sus recursos en los barrios de Los Ángeles, un yonqui y su mujer se mudan a la Murder Mile londinense, la zona más peligrosa y corrupta de la ciudad”. Me gustan las obras con personajes metidos dentro del abismo, como los sufridores de “En mil pedazos”, “Candy” o “Yonqui”. Quise comprar la novela, pero no me fijé en la fecha de publicación: mayo de este año. Así que lo apunté en mi lista de libros pendientes. Y teniendo presente que no sabía quién era Tony O’Neill.
Esta semana, buscando noticias culturales en la prensa, di con un reportaje de Abc en el que hablaban de algo nuevo: una Generación Offbeat. Según el periódico, “un nuevo grupo de escritores anglosajones con sede en internet que está revolucionando la industria editorial”. Y ahí estaba, entre ellos: el nombre de Tony O’Neill. Hablaban del libro sobre Murder Mile y su próxima publicación, e incluían una entrevista con el autor. O’Neill estuvo enganchado a las drogas y entonces leyó los libros de Dan Fante y supo que quería escribir, aunque su lectura de cabecera es “El almuerzo desnudo” de William S. Burroughs. De Dan Fante dice: “Es el escritor que mayor influencia ha ejercido en mí”. Para quien no lo sepa, Dan es el hijo del maestro John Fante. Un autor que, pese a esa influencia en este y otros muchos autores, permanece inédito en España. No será por mucho tiempo. Como conté hace poco en mi blog, un escritor amigo, Francesco Spinoglio, italiano afincado en España a punto de publicar nuevo libro, me ha hablado en varias ocasiones de Dan Fante: de la devoción por sus obras y de su amistad con dicho autor. Si no me falla la memoria, Francesco incluso pudo conocer a Dan en persona. Y Fante le ha dicho que en breve empiezan a publicar sus libros en castellano. Ya era hora. El año pasado, más o menos por estas fechas, descubrí que una editorial anunciaba la publicación de “Tocando fondo”, una de las novelas de Dan Fante. Pero nunca más se supo. Incluso escribí a los editores, preguntándoles si de verdad editarían el libro. Y me respondieron que, de momento, se había suspendido la publicación, pero no la descartaban en el futuro. Ni yo ni Francesco sabemos cuál será la editorial que traiga a Fante. Permanecemos a la expectativa.
Tras leer lo de O’Neill encontré un artículo de Manuel Hidalgo en el que éste, dos años atrás, mencionaba a Dan Fante al hablar de las novelas de su padre. Y contaba algo que yo desconocía: que aquel detestaba que se relacionara a John Fante con Charles Bukowski. Éste fue, en gran medida, el autor que logró que se rescatara del olvido su nombre, empezando por su maravillosa novela “Pregúntale al polvo”. Hidalgo apuntaba que el hijo niega las conexiones temáticas y estilísticas entre ambos autores. A mí me gustan los dos, Fante y Bukowski, pero admito que, si tuviera que elegir, me quedaría con el primero. Estoy de acuerdo en esas diferencias. Su literatura, aunque parte del realismo, es muy distinta. Creo que la mejor definición de esa diferencia me la dio otro amigo, David González: me dijo algo del estilo a que Fante tiene piedad por sus personajes y Bukowski carece de ella. Yo creo que se puede admirar a los dos escritores sin tener que renunciar a ninguno.

miércoles, febrero 18, 2009

Satori en París, de Jack Kerouac


Así que tuve que esperar hasta las once, ocho horas aniquiladas en los cafés cercanos a la estación. Me dirigí hacia unas vías muertas, donde las cocheras, y en un baño logré extraer algo de papel higiénico de un grasiento cilindro expendedor. Por lo menos ahora podría escribir una carta a los guardafrenos de la Southern Pacific Railroad, convertidos ya en maestros ferroviarios, e informarles de cuán distintas son las cosas aquí, lo cual supongo les sonará a sucia retórica de tarjeta postal pero es la verdad, como también es verdad que he perdido seis kilos completando a la carrera –maleta a rastras– la milla que separa el restaurante de Ulysse Lebris de la estación. Pero bueno, acabo dejando el equipaje en la consigna y decido consignarme a la bebida durante ocho horas.
Pero al sacar la llave de mi maletita Macrory (en realidad es una Monkey Ward), me doy cuenta de que estoy demasiado borracho e ido para acertar a abrir el candado (y hacerme con los tranquilizantes que, no me negarán ustedes, empiezo ya a necesitar).
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En este libro, por primera vez traducido en España, Jack Kerouac cuenta su viaje a París y a Brest en busca de sus orígenes bretones: su nombre real es Jean-Louis Lebris de Kérouack. El resultado es una obra rara, anárquica, imperfecta, en la que el autor va apuntando pensamientos, encuentros y vicisitudes. En París experimentó un satori o iluminación. En tierras francesas habla con la gente: camareros, taxistas, botones, cocineros, compositores, mujeres guapas... Y demuestra por qué su estilo es único, por qué sus admiradores disfrutamos leyendo sus libros: aquí están el ritmo, la frescura, el entusiasmo de ese viajero loco e incansable, la fluidez de su prosa. Kerouac es música de garito lleno de humo, es el camino y es la libertad. Publicado por Ediciones Escalera, incluye un prólogo de Antonio Bordón. Y no me olvido del traductor, Daniel Ortiz, que ha logrado ese ritmo peculiar que encontramos siempre en las traducciones de otros libros del autor.

Cartel de Rain Fall


Adaptación de una de las novelas negras de Barry Eisler, aquí publicadas por Roca Editorial, y que cuenta con la participación de Gary Oldman en un papel secundario.

Desde el cariño

Creo recordar
que una vez
te tuve al lado o incluso
tatuada en el motor.

Que te jodan,
de verdad.

Y no es resentimiento,
no.
Es recapacitación
y un poco de análisis.

Que te jodan,
de verdad.

Por cada minuto
de desprecio,
por inculcar el miedo,
por crear rencor…
y te juro que nunca fui rencoroso.

Aún así,
que te jodan,
de verdad.

Por cada segundo
que estando a mi lado
me alejaste de ti,
porque tus manos
jamás aprendieron
cómo retenerme,
por alejarme de mí.

Que te jodan,
de verdad,
pero desde el cariño,
que eso nunca lo pierdo.


José Naveiras, Pecado de silencio

Agregados

Nacho Vigalondo es el director de una de las mejores películas españolas del año pasado (o quizá la mejor), “Los cronocrímenes”. En el debate que siguió a la presentación de un libro en la que hizo de maestro de ceremonias, contó un caso típico del Facebook. Lo de hacerte “amigo” de gente a la que nunca has visto en persona. O de la que no has oído hablar jamás. Decía que, a veces, se le acerca algún tipo que le propina una palmada, le cuenta que son amigos del Facebook y le propone ir a tomar una caña, como si fueran colegas de toda la vida. Contaba esto desde el estupor y la perplejidad. Porque le pasaba con peña a la que no conocía de nada. Con personas que había acabado aceptando o agregando como amistades en esa “red social”.
Suelo decirle al personal que debemos tener cuidado con el Facebook, que aún es joven e ignoramos las consecuencias que puede desencadenar un uso incorrecto o indebido de la herramienta. Piensen en eso que, dicen, le ha ocurrido a Mariano Rajoy: en la red de encuentro habían abierto tantos perfiles falsos del eterno candidato que tuvo que abrir su propio espacio en Facebook para evitar que proliferasen más fakes. Por eso lo mejor es abrirse un perfil propio, antes de caer en las manos de los desaprensivos. Aunque no lo utilices mucho. Rubén Lardín, junto a Vigalondo, dijo que Facebook era como una ficha policial en la red. Tu ficha, con los datos personales, colgada en un espacio más o menos público. Por eso digo que hay que tener cuidado. Se rumorea que muchos jefes husmean en los “muros” de Facebook de sus trabajadores para comprobar si, en horario de oficina, están currando o si se dedican a poner comentarios y a colgar fotos. A un colega mío le dio un toque su jefe por eso mismo. Al fin y al cabo es una herramienta de control. Y, ¿cómo no vas a agregar de amigo a tu propio jefe si él te lo pide? El registro de tus comentarios se vuelve contra ti.
Al principio, cuando abrí mi ficha en esta página, acepté peticiones de tres o cuatro personas a las que no conocía de nada e incluso sugerencias de amistad que me hacían algunos colegas. Pronto vi que es un error. Que te puede pasar lo que a Nacho Vigalondo: gente que confunda los términos, que crea que por veros las caras en las fotos de los perfiles ya sois hermanos de sangre. Así que ahora hago lo que aconsejo a mucha gente: establecer mi propio filtro. Es decir, no agregar a quienes no conozco. Tampoco agregar a quienes, aunque los conozca, son polémicos por naturaleza y podrían arruinar la paz que prefiero para este invento. El caso excepcional es agregar a gente que no conozco, pero de la que tengo buenas referencias: gente del mundo editorial, del terreno literario, amigos de poetas de los que he oído hablar y ejemplos así. Como saben, en el Facebook puedes comprobar qué amigos tienen tus amigos. Parece que es una garantía de fiabilidad, pero no es tal. Sólo lo parece. Me ha ocurrido un par de veces que, recibiendo peticiones de alguien que no sé quién es, compruebe que esa persona tiene una lista de agregados en la que hay colegas míos. Y, cuando les pregunto a éstos quién es esa persona, ni siquiera lo saben: “No sé quién es, lo habré aceptado sin mirar”. Y ese es uno de los errores de Facebook, además de los múltiples agujeros en la seguridad. Que la gente acepta a todo el mundo para garantizar que la publicidad que envían en forma de mensajes colectivos sea extensible a más personas. Pero eso juega en contra de uno. Siempre puede haber un enemigo camuflado. Alguien que vigila tus pasos. ¿O no?

martes, febrero 17, 2009

Eventos para esta semana






















Slumdog Millionaire


El título original podría traducirse como Perro de chabola millonario. La película arranca cuando a un muchacho pobre de la India lo detiene la policía. Es sospechoso de hacer trampas en el juego "¿Quiere ser millonario?": nadie se cree que pueda saberse todas las respuestas e ir amasando una fortuna. Mientras lo interrogan, el chico, Jamal, rememora su pasado y las razones por las que supo la respuesta a cada pregunta.
Lo interesante del filme (y supongo que también del libro de Vikas Swarup en que se inspira) es que, tras cada una de esas respuestas, se oculta una historia que marcó a Jamal. Algo que me recuerda a La maleta de Sergei Dovlátov, donde cada objeto de su equipaje arrastraba una anécdota esencial. Jamal conoce las respuestas no porque sea culto, sino porque las ha vivido. Y, así, va desvelando a la poli una biografía en la que hay miseria, persecuciones, supervivencia y amor.
No me fiaba de Danny Boyle y esta vez ha acertado. No vi sus dos anteriores películas, ni sus telefilmes, ni siquiera La playa. Pero este es el tipo que hizo Trainspotting, Una historia diferente y 28 días después. Y se nota. Se nota su ritmo alocado (me gusta cómo filma las carreras y las persecuciones), se nota su gusto por lo sórdido, sus rasgos de humor, su apuesta por los perdedores. Y, aunque el final sea complaciente y con un guiño a Bollywood (pero es lo que desea el espectador, tras tanta miseria y tanto padecimiento de los personajes), se trata de Danny Boyle filmando la India: chabolas, mierda, niños tullidos que piden limosna, gángsters, ladrones... Por cierto, esta vez codirige la película con Loveleen Tandan. Ya han ganado un montón de premios.

Pecado de silencio, de José Naveiras


NO TENGO TÍTULO

Empujado por el tacto de tu aliento
busco por el desierto de tu espalda
el olor de tu corazón.

Silencio en cada uno de tus latidos
silencio, también, en tus pasos.
Recorro los mundos inexplorados de tus poros
guiado por lunas imaginarias,
y encuentro refugio en cada uno de tus sueños.

En algún momento tus manos
no me respondieron “inténtalo otra vez”,
y me marcho sin el premio de tus labios.

Me abandono a la suerte
y corro sin fijar una dirección.

Dejo días sin vivir
en espera de encontrar
un refugio donde nunca ocurra nada.

Mi nariz y la tuya, juntas sin saber cómo,
se declaran el amor.
Mi frente y la tuya, juntas y apretándose,
pactan suspiros.
Mi piel y la tuya, juntas negando el aire,
intercambian fluidos.
Mi amor y el tuyo no saben de inviernos
cuando se tocan.

Cartel de Nightmares in Red, White and Blue


Documental sobre el cine de terror norteamericano, con intervenciones de numerosos directores del género: Carpenter, Romero, Corman, Dante, Cohen, Garris, Yuzna... Espero que lo distribuyan por aquí.

Fiebre neorrural

Despierto más pronto de lo que había previsto. He dormido poco. Al principio me cuesta reconocer el lugar en el que estoy. Suele ocurrirnos cuando pasamos una noche en un sitio en el que nunca antes habíamos estado, en otras tierras y en habitaciones nuevas para uno. Creo que despierto por la luz. La luz de la mañana se filtra en uno de esos cuartos en los que no hay persianas: sólo una cortina blanca, muy fina, que deja penetrar la claridad en la pieza. Las paredes son blancas, lo cual duplica el resplandor de la mañana entre estas cuatro paredes. El cuello duele al despertar: cambiar de almohada también causa ciertos perjuicios al cuerpo, que tarda en acostumbrarse a algunos de esos cambios. Saco la mano y palpo los objetos que he dejado junto a la cama: la funda con las gafas y el móvil. Están húmedos, fríos. Igual que la ropa. Suele suceder cuando duermes en una casa de pueblo durante el invierno. Que te pones los pantalones y están frescos.
Reconozco la habitación. Hago memoria. Miro en torno. Sólo hay una silla de madera, una pequeña mesilla y uno de esos muebles viejos que incluyen un lavabo antiguo con espejo y palangana. Madera y loza. Teníamos uno en la casa familiar, del mismo estilo. Y ahora mismo no sé si mis abuelos conservaron otro modelo. Ya saben cómo funciona. Se vierte el agua fresca de una jarra en la palangana y allí se hacen las abluciones. Mirándose al espejo y con la toalla a mano. Pero no lo hago. Me temo que el mueble sólo está allí de adorno, o por conservar una huella del pasado. Al otro extremo del diminuto pasillo hay un cuarto de baño moderno. No falta de nada, igual que en el resto de servicios de la gran casa rural: ducha, váter, lavabo, agua caliente, radiador, papelera, espejos. Si uno sale del cuarto y sube por las escaleras de caracol, pisando peldaños de madera que crujen con el peso de los cuerpos, llega a un altillo en sombras. Hay una sólida puerta, pero está cerrada con llave. Es un poco tenebroso y pienso en “El exorcista” y en los sonidos nocturnos que oían los personajes en la buhardilla donde empezaron sus problemas. Pero no hay ruidos, claro. No los hay en la casa, ni tampoco en el pueblo. Cuando digo que no hay ruidos en la casa me refiero a que no se oyen esos sonidos característicos de los hogares de antes: crujidos de la madera de las puertas, de los desvanes y de las vigas.
He dormido poco y me levanto con el cuello hecho puré. La ducha me repara algo. Desayuno un café y unas galletas. Hace buen tiempo en la calle. Ha salido el sol y a lo lejos, en la cumbre de las montañas, se ve la nieve. Lo bueno llega después, en la comida. Tras un trayecto en coche plagado de curvas, que me dejan el estómago revuelto, paseo por un pueblecito al pie de las montañas nevadas. La rasca obliga a ponerse el abrigo. En un mesón atestado de gente sirven raciones sabrosas y eso es lo que comemos: lomo, panceta, cecina de ciervo, ensalada, queso, revuelto de morcilla, etcétera. Y vino para beber, of course. Veo cazadores por el pueblo, o al menos tienen pinta de serlo. Luego compro un periódico. Busco lo que ha sucedido en Madrid en la víspera: esa persecución durante la que la policía disparó a un negro que iba por ahí armado con un cuchillo y que hirió a un par de agentes antes de darse a la fuga. Correrías por sitios céntricos: Plaza de España, Leganitos, Jacometrezo. La foto es impresionante: el herido en el suelo y los polis alrededor. Volvemos a la casa. No me entusiasman las casas rurales, lo reconozco. Esto es una vuelta al primitivismo, como diría Eloy Fernández Porta, lo que deriva en la “fiebre neorrural”.

lunes, febrero 16, 2009

El Drogas & Patxi Irurzun & Kutxi Romero


El otro día se presentó Ajuste de cuentos, de Patxi Irurzun. Con colaboradores de excepción. En la foto, tres de los grandes. No hay que perderse las entrevistas y crónicas del evento en estos links: Hank Over, Diario de noticias y Diario de Navarra.

Cartel de Winter Passing


Esta película se estrenó en el 2006 y, que yo sepa, no ha llegado a España aún. Ahí queda como rareza, sobre todo por su reparto: Ed Harris, Zooey Deschanel y Will Ferrell.

El Destripador, de Robert Desnos


Curioso volumen que recopila la serie de artículos que el poeta y periodista Robert Desnos escribió en 1928 sobre los crímenes de Jack el Destripador. Es la primera vez que se traducen en España. Lo más interesante son las ilustraciones que acompañan a los textos. Son de David Sánchez, quien también suele encargarse de las portadas de Errata Naturae. Toda la sangre y el horror quedan reflejados en estos dibujos. David Sánchez es muy bueno, se pueden ver algunos de sus trabajos aquí.

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Estoy en una edad difícil, incierta. Esa edad en la que, para las abuelas, soy un hombre; para las madres, un niño; y, para las adolescentes, un viejo.

San Quintín

La otra noche vi en la tele, de casualidad, la reposición del reportaje “San Quintín, otro mundo tras las rejas”, emitido por Documentos TV. No sé cuántos minutos me perdí, porque había empezado cuando lo encontré. Lo he buscado en la mula y en estos momentos descargo una copia para ver lo que me falta. Recomiendo que nadie se lo pierda. Un equipo de televisión estuvo un mes filmando en San Quintín, lugar famoso por albergar la prisión más violenta y peligrosa de Estados Unidos. Entrevistaron a los reclusos y a los funcionarios, pasearon por los patios, incluso hubo una revuelta y pidieron a los reporteros que abandonaran la cárcel hasta que sofocaran el motín pues, a partir de ahí, no podían garantizarles la seguridad. Cinco mil presos están metidos allí. A más de seiscientos los han condenado a muerte. A los reclusos no les sirven carne en forma de filete o chuleta para evitar que encuentren un hueso y lo afilen para convertirlo en un arma. Las celdas son minúsculas, asfixiantes. Las ves y te entra claustrofobia. Dos hombres por celda. Dado que el catre ocupa mucho, el resto es un pasillo para ir de la puerta de barrotes hasta el otro extremo, donde en un espacio mínimo tienen el váter, el lavabo y poco más. Para extremar las medidas de seguridad, los servicios públicos están en el exterior, al aire. Retretes en los que uno se sienta a hacer de vientre a la vista de todo el mundo: vigilantes, reos, visitas. Un preso explica que, en uno de los edificios que dan sombra a los váteres, hay un nido de palomas. Cuando uno se coloca en el excusado, las palomas sueltan sus zurullos sobre el tío de abajo. Dice el tipo: “Es lo que se llama cagada sobre cagada”. Un funcionario admite que no sabe cómo soportan aquello, ese robo de intimidad.
Los presos a los que entrevistan (o a los que intentan entrevistar y se niegan) son calcados a los que vemos en las películas carcelarias contemporáneas: bigotazos, tatuajes, patillas, melenas o cráneos afeitados, músculos, cicatrices. No muy diferente de lo que se ve en “Animal Factory”. El patio se divide en bandas, igual que en “American History X”: los negros, los blancos, los latinos, los chinos. Cuando hay peleas y puñaladas, no falta el toque de racismo. Uno de los reos entrevistados, un afro sentenciado a cadena perpetua, trata de reformarse y suele dar charlas a jóvenes civiles para que no tomen el camino de la delincuencia. Su rapapolvo para que no cometan los mismos errores que él es espectacular: igual que la bronca de un sargento a sus reclutas. Por San Quintín han pasado unas cuantas celebridades (y aquí toca tirar de Wikipedia): el cantante Merle Haggard, uno de los hermanos Mitchell (por asesinar a su propio hermano: los Mitchell Brothers dirigieron “Tras la puerta verde”, y Emilio Estévez y Charlie Sheen hicieron una película sobre el tema), Charles Manson, el descomunal Danny Trejo (habitual en los filmes de Robert Rodríguez) o Edward Bunker (uno de los “Reservoir Dogs”, y escritor del que tengo por ahí su autobiografía, “La educación de un ladrón”, pendiente de lectura).
El gran Johnny Cash actuó en esa prisión. El resultado fue “At San Quentin”. Recomiendo, tras ver el documental, meterse en YouTube y buscar esas actuaciones. Para que vean cómo han cambiado los tiempos y las caras. Fue en el 69. La cámara pasea por los rostros y no tienen nada que ver con los de ahora. Todos están afeitados y llevan el pelo corto. Hay chavales rubios y con cara de angelitos y señores con calva y gafas y aspecto respetable. Hay gente a la que podrías abrazar sin miedo. Entonces la estética era otra, la de los presos que quizá entraron en los años 50.

domingo, febrero 15, 2009

Poesía en los bares IV


El próximo domingo se celebrará en Illescas el recital "Poesía en los bares IV". Presenta Creatura. Entre los participantes, buenos amigos: Ana Menéndez, Gsús Bonilla, Leticia Vera, Armando Gallego, Safrika, Dioni Blasco, Esteban Gutiérrez, Javier Das y Kebran como presentador y organizador del evento. Lo pongo con antelación para quienes quieran hacer planes con tiempo.

Hielo sucio y piedras calientes

Nos quejamos demasiado de los giros del clima. En esto no se libra nadie; yo tampoco, claro. A menudo parece que nos quejamos de vicio. En verano porque hace mucho calor, o porque llueve y corre la brisa cuando esperábamos un cielo despejado para que el sol caliente los cogotes. En invierno, porque hace mucho frío, porque nieva o porque diluvia. El otro día lo comentábamos en familia. No las quejas en sí, sino la inclemencia del tiempo en estas semanas: que en Madrid tenemos casi las mismas temperaturas que en Zamora, donde siempre están pelando frío. Entonces, a mitad de conversación, una de mis tías empezó a hablar de su madre, mi abuela ya difunta, y de los rigores del frío cuando era pequeña. Vivían a tiro de piedra del Duero, en Zamora, y por aquel entonces no había lavadoras (o, de haberlas, sólo estaban al alcance del bolsillo de los potentados). Ya sé que todos ustedes son muy leídos y están al tanto, pero quizá las nuevas generaciones lo desconocen y me parece pertinente contarlo aquí. Antaño las mujeres, porque siempre eran mujeres, tenían que ir a lavar la ropa al río. Mi tía nos habló del Duero, congelado en cierta ocasión, con una capa de hielo que mi abuela debía romper para sumergir la ropa sucia en el agua de la orilla.
Lo que tenemos ahora son lujos a mansalva, pero nos quejamos. Yo, el primero. Siempre estoy quejándome del frío, pero luego me cuentan historias de la postguerra y de mi familia y, lógico, lo nuestro cae en el ridículo. Porque hoy está la lavadora, y la calefacción en casa, y puedes hacer la compra mediante internet si no te apetece salir a la calle y enfriarte el culo en el trayecto. Me contaba también que, cuando sus hermanas iban a clase, su madre les entregaba piedras calientes envueltas en papel, creo que de periódico. Para no congelarse por el camino. Sí, sí, ya sé que los más ancianos de la ciudad conservan miles de historias similares, pero me apetecía señalarlo porque hoy nos creemos duros y cuando alguien mayor que nosotros nos dice eso de “Ahora lo tenéis muy fácil, porque yo en mi época…”, pensamos lo de “Ya estamos con las historias del abuelo cebolleta”. Pero tiene razón.
Sí, hace mucho frío, pero esto no es nada, hombre. No sé por qué me quejo, y no hay rastro de ironía en mis palabras. Lo único que recuerdo yo del frío en mi niñez, pero no tiene punto de comparación con lo que pasaron mis abuelos y sus hijos, era ese tiempo helado en que las madres nos daban una bolsa de agua caliente antes de meternos en la cama. Nuestras bolsas tenían forma de personajes de dibujos animados de Walt Disney, lo que siempre alegra a un niño. Te metías en la cama a dormir con el Pato Donald, como si te protegiera de los fantasmas de la noche. Lo más natural era colocarlo abajo, en la zona inferior de la cama, para que calentara los pies congelados. Es un cambio importante, esencial: de romper el hielo del río para enjuagar la ropa a utilizar lavadoras y poner las manos en el radiador. Pero lo vemos como algo tan normal, tan metido en nuestra vida cotidiana, que la luz, la calefacción y otras modernidades no nos parecen un milagro. Y lo son. Incluso quien hoy vive mal, vive mejor que antaño. No me refiero a los vagabundos que pueblan las calles, sino a los que soportan un nivel de vida bajo, inferior a la media, con sueldos de mierda y pasándolas canutas para llegar a fin de mes. Pienso en ese río sucio (no sé si siempre estuvo sucio, pero lo imagino siempre así), en las manos de las mujeres rompiendo la capa que cubre el agua, con los dedos ateridos mientras introducen la ropa en el Duero y me digo que tenemos suerte.

La mañana del viernes, 13

Las mañanas suelen traer malas noticias. Casi todas. Otras, en cambio, nos dejan nuevas que nos instalan en la felicidad mientras desayunamos. Me levanto descansado y habiendo dormido bien, aunque no mucho, y eso agrada: creo que lo importante del sueño es la calidad y no la cantidad. Abro el periódico de mi ciudad y leo un titular: “Aparecen restos de un osario en las excavaciones de la iglesia de San Frontis”, y veo a uno de mis primos en la foto que acompaña a la noticia. Quienes viven en Zamora no pueden entender esto, porque se cruzan a diario y se saludan con desgana y están hartos de verse. Pero desde la distancia es distinto. Cuando vives lejos de tu tierra y en el periódico sale alguien de los tuyos, te alegras. Es como si pudieras verle desde una ventana, una ventana tintada desde la que los otros no pueden verte a ti. Y eso es, más o menos, internet (si careces de webcam, y yo no tengo).
Más. Paso a la prensa nacional y me atrae la atención un titular que dice algo de “Los Soprano”. Ser fan de esa serie es igual que pertenecer a un culto religioso y todo lo que uno lea sobre el particular le sirve de provecho. Y entonces me entero de dos o tres cosas que no sabía. Primera, que un actor de la serie ha fichado a la banda española Los Coronas para su sello discográfico. Segunda, que ese actor es Steve Van Zandt, quien interpreta a Silvio Dante en “Los Soprano”, léase el “consigliere” de Tony, y uno de mis personajes favoritos, sobre todo por su manera de sostener el cigarro y de moverse, con sus trajes brillantes y su peinado mazacote. Grandísimo, el tal Silvio. Tercera, que Van Zandt es uno de los guitarristas de Bruce Springsteen desde hace tres décadas. Y busco fotos de ambos y, en efecto, ahí están en el escenario: tocando juntos, codo con codo, y Silvio/Van Zandt lleva un pañuelo en la cabeza, un pañuelo negro del estilo al que usa mi colega Carlos Salem, escritor y poeta. Y recuerdo que sí, que cuando estuve en el concierto de Bruce en Madrid tocaba un tipo con pañuelo negro y era él. Pero yo sé poco de la banda y en aquellos días no había visto “Los Soprano” y, en fin, sé que no tengo justificación. Que a veces me entero el último.
Pero la mañana no acaba ahí. Llaman a la puerta y es un tío de Seur, que me trae unas películas tiradas de precio de John Carpenter, maestro a ratos. Películas que salen a unos tres euros cada una porque en cierta tienda están de oferta. Uno se pasa la vida comprando películas en vhs o en beta y luego se cargan el formato y pasamos al dvd y en breve éste será un formato inservible, lo mismo que nos hicieron con los casetes, los vinilos y luego el compacto. Pero así es la vida. ¿Y qué vas a hacer? ¿Renunciar a tus películas favoritas hasta que salga el formato definitivo? Imposible. Porque el formato definitivo ya se inventó hace tiempo y es la pantalla de cine, y no habrá nada igual, pese a los pelmazos y los cabezones que a veces se te sientan delante. Es viernes, 13, y vuelvo a ver el teaser de “Inglourious Basterds”, la nueva de Quentin Tarantino. Lo suyo no son películas, sino acontecimientos. Rubén Lardín decía que no se puede criticar a Tarantino sólo porque tire de referencias antiguas y estoy de acuerdo. Encuentro una web donde Q.T. comenta este avance del filme y me gusta cuando dice que le ha dado un look diferente a cada capítulo de la peli. Y, en concreto, alude a la escena de apertura, que es “como un spaghetti western, pero con la iconografía de la Segunda Guerra Mundial” y me fijo en la foto y es cierto, es un cuarto calcado a una de las secuencias de “El bueno, el feo y el malo”, sólo que en vez de pistoleros barbudos hay soldados nazis. De esa magia sólo es capaz Tarantino y ya está.

viernes, febrero 13, 2009

Portada de 23 Pandoras


23 Pandoras. Poesía alternativa española. Selección y prólogo de Vicente Muñoz Álvarez. En breve, en Baile del Sol.

Imbécil y desnudo. Esto es la descojonación, de Rubén Lardín


UN CORAZÓN SENCILLO
Barcelona, jueves 18 de enero de 2007 (21:24)

Me llama éste y me habla de la incapacidad, la estupidez y la incultura que se respira en algunas productoras de cine. Mafias y tenduchas, esa es la tónica. Vaya novedad. Luego, de vuelta de no sé dónde, he comprado el primer número de la revista en la que fui censurado con ambages y he comprobado que han hecho un refrito insustancial para salir del paso, de los que se leen y se olvidan. ¡Chas! La tónica. En los créditos, además, dicen que “
el respeto por la libertad e expresión de los colaboradores es total”, con dos cojones. Hay una corriente de insignificancia, mezclada con vanidad y miedo, que tiene sorbido el seso a la tribu. En internet se ve muy bien, pero también se ve en otros ámbitos. Otras voces no hay. Se confunde la higiene con la ética y la estética con la taxonomía, y se paga cada uno lo suyo y cada mochuelo a su olivo y todos a salvo y todos contentos. Cada vez hay menos personas con las que me apetezca tomarme un vino. Tres ni te cuento. Tan harto de medianías, lo único que he encontrado a mano para resarcirme ha sido reservar mesa para dos en el mejor restaurante de la ciudad. Bueno, en uno de ellos, uno desorbitado y muy bien iluminado, con inteligencia, sin concesiones, de los que despersonalizan sin primar el artificio, uno bueno de verdad, ajeno a la paparrucha barcelonesa. Y que me desangren si les viene bien, que a eso voy. A pasarme la noche bebiendo vino y contemplando a esta mujer violonchelo. Voy a hundirle los ojos en el alma. Los míos, los dos, el dominante y el adelfo, y los voy a dejar ahí dentro, como en un viaje alucinante, en un naufragio ocular y amniótico de los que ya no se dan.

Mañana, en Pamplona


El colectivo El vértigo de la trapecista ha organizado el sábado 14 de febrero una jornada llamada "El barrio de los artistas". Entre otros actos, se presentarán los libros Clases y clases, de Íñigo del Canto, y Ajuste de cuentos, de Patxi Irurzun. Más en este hilo de Hank Over.

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Me cansa ya esa jugarreta que les hacen a los clásicos: eso de darle premios honoríficos a los “viejos” del cine. Lo hicieron con Jess Franco y acaban de hacerlo con Manuel Alexandre en los TP, que no son gran cosa. Está bien como compensación ante años de olvido, sí, pero lo que les están diciendo al premiarlos es que les queda un telediario, y ellos se suben ahí y cualquier aplauso los ablanda y, lo peor, rememoran su vida en el escenario. Necesitamos a alguien que diga que no quiere ir, que no recoge el premio, un anciano que suelte: “Váyanse todos a tomar por el culo”.

Trailer de The People vs George Lucas


Aquí. Y acá la web oficial.

Cartel de The Taking of Pelham 123


Remake de la película del mismo título que protagonizaron Walter Matthau y Robert Shaw, y que estaba basada en una novela de John Godey. El reparto de la nueva es respetable: Denzel Washington, John Travolta, John Turturro y James Gandolfini. Dirige Tony Scott, que se las arregla bien en el thriller.

Blogs con pseudónimo

La semana pasada estuve en la presentación del libro de Rubén Lardín titulado “Imbécil y desnudo. Esto es la descojonación”. El debate posterior, en un tono jocoso, nos hizo pasar un rato agradable. Rubén aclaró al público el origen del título y del subtítulo. El título proviene de la cita de un escritor clásico, pero no recuerdo ahora su nombre. El subtítulo, de una frase que dice Luis Ciges en “El anacoreta”. “Imbécil y desnudo” es el compendio de los post que escribió en uno de sus dos blogs. Dicha bitácora ya no existe. En Club Leteo les pareció una buena propuesta trasladar ese material al papel. Aproveché para comprar un ejemplar, pues hacía unos días que lo estaba buscando por las librerías madrileñas.
Traigo todo esto a colación porque Lardín dijo, entre otras cosas, algo que me pareció muy interesante: que la mujer que vive con él no supo de la existencia de ese blog hasta unos tres meses después de inaugurarlo. Contó que ella, tras enterarse y preguntarle él qué le parecía, su chica dijo que al menos así se ahorrarían las sesiones de psicoanálisis. Esto de empezar un blog como a escondidas es más frecuente en la red de lo que parece. Una persona decide volcar sus sentimientos mediante las palabras. Antes se hacía en esos diarios con formato de cuaderno o de libreta, en los que alguien anotaba, casi siempre de noche, un poco antes de acostarse, lo que le había sucedido durante el día: sus cabreos, el acoso de la soledad, sus deseos, sus sueños frustrados, sus logros, su rutina y cuanto fuese digno de ser mencionado. Es un método de consuelo. Ya sabemos que escribir sirve como terapia. Uno se autoanaliza, vomita, descarga, se apacigua. Y además se lo cuenta a alguien, aunque sea al papel. Aunque luego, con el tiempo, sirva para que un tercero descubra las claves de su vida, como sucede en “El curioso caso de Benjamin Button”. Antes se hacía en esos diarios de papel y hoy se hace en los blogs. Va con los tiempos. Algunas personas prefieren proteger su intimidad (frente a sus seres queridos: amigos y familiares) y abren un blog con pseudónimo y sin apenas enlaces donde escriben sus historias, y nadie puede saber quiénes son. Lo mismo sucede con el chat. Los internautas se cuentan sus problemas unos a otros, y todos, alguna que otra vez, le hemos deslizado confidencias a quien está al otro lado de la pantalla sin apenas conocerle.
Habrá quien piense que esto, escribir un diario anónimo en un blog público, no tiene sentido. Yo opino que sí lo tiene. En primer lugar, y como ya hemos dicho, va de la mano con los tiempos. Casi siempre se escribe en el teclado del ordenador. A una persona, en un rato de asueto en la oficina, le resulta más discreto abrir un diario en la computadora que sacar del cajón un cuaderno y escribir a mano, con el riesgo añadido de que el jefe o los compañeros lo descubran. En segundo lugar, casi toda escritura requiere de unos ojos ajenos que lo lean. Nos gusta que lean nuestras cosas, aunque sólo lo haga una persona. En el caso de un blog anónimo, el bloguer necesita que lo comprendan desconocidos y no necesariamente quienes viven con él. Luego están quienes optan por quemar sus textos sin que nadie los haya leído. Y, en tercer lugar, el diario en forma de blog con pseudónimo es la manera perfecta de no dejar rastro. Un cuaderno puede descubrirlo la pareja y leerlo. Un documento de word queda en el disco duro. Pero las reflexiones directamente escritas en tiempo real en el blog, con los consabidos pseudónimos, no suponen una prueba. Salvo que alguien investigue la ip del bloguer y averigüe la procedencia, pero esa es otra historia.

jueves, febrero 12, 2009

Quentin Tarantino: Teaser de Inglourious Basterds


  • Ya se puede gozar del primer avance de Inglourious Basterds (en el cartel provisional aún no habían variado el título, como se puede comprobar), que Tarantino ha rodado con Brad Pitt y un curioso reparto de secundarios.
  • Mola el acento que se ha currado Pitt. Las cicatrices del cuello, como si le hubieran ahorcado, podrían ser un guiño doble a las huellas de soga de Clint Eastwood en Cometieron dos errores y de Eli Wallach en El bueno, el feo y el malo. Tratándose de QT no me sorprendería y me gusta.
  • Para quien no lo sepa, QT parte de ese clásico de las matinales de mi niñez, una película italiana que me encantaba: Aquel maldito tren blindado (The Inglorius Bastards, en USA), donde salía gente tan reivindicable como Bo Svenson y Fred Williamson. Me pregunto si rescatará la imagen más rompedora del filme para ponerla al día: aquella chica desnuda que disparaba con una metralleta. Ya no se ruedan cosas así, tan impactantes para un crío.
  • El teaser está disponible en varios formatos. Se recomienda verlo en HD (pestaña inferior). Todo ello: aquí.

Un poema a la madre de Demi Moore

Esta tarde,
en un bar de carretera a las afueras de Amarillo,
te he visto desnuda en las fotos
de una revista porno
en las que se imitaban escenas famosas
de las películas de tu hija.

Tus ojos de alcohólica, mirando desesperados
desde las páginas de la revista,
me parecieron los de un perro recién apaleado
que no comprende por qué ha sido apaleado.

Ahora es más de medianoche
y voy hacia el oeste por la interestatal 40
y acabo de pasar una señal de salida para Las vegas, Nuevo Méjico,
donde la revista porno dice que vives.

Al contemplar a través del parabrisas de la furgoneta
las estrellas sobre la oscura y desierta autopista,
te imagino saliendo de algún bar, borracha,
y lanzando una mirada a esas mismas estrellas,
tan lejos.

Esas estrellas están muy lejos,
más lejos aún que las casas de adobe de los millonarios en Santa Fe
o las playas privadas de Malibú.

Están demasiado lejos
para oír tus flirteos por los bares
o las viejas canciones que suenan y se van en mi radio.

Demasiado lejos para importarles si te vas del bar con un desconocido
y demasiado lejos para oler su aliento a cerveza tibia en tu cuello.

Demasiado lejos para importarles si le salgo
de la carretera y caigo en una zanja
o si fumo hasta matarme.

Esas estrellas están demasiado lejos
para ver lo vieja que parece tu cara
cuando sus labios y tu sudor
se llevan tu maquillaje
y demasiado lejos para ver lo vieja que parece la mía
en el espejo retrovisor.

Quizás su distante
e indiferente belleza existe
no para guiarnos,
como señales en la interestatal,
sino sólo para medir
cuánto hemos caído.

Tiro un cigarrillo encendido
por la ventanilla de la furgoneta
y lo veo explotar
contra el asfalto negro,
en la noche negra,
como una galaxia recién nacida.



Dave Alvin, Los malos tiempos ya han quedado atrás

Blog de Vicente Muñoz Álvarez


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Estoy de acuerdo con mi colega David Refoyo cuando, en su blog y refiriéndose a nuestra ciudad, Zamora, escribe: “Aquí no se nota la crisis pues nunca hubo buenos tiempos”. Debería ser el lema escrito a la entrada de la provincia. El resto del post (anotación del 11.2.09) es cojonudo.

Esta tarde, en Zaragoza


Lectura de poemas y coloquio con Fernando Beltrán y Ángel Petisme.
Sala de Juntas. Facultad Filosofía y Letras, Universidad de Zaragoza. 19:30 h.

Recital de voces y amigos de Zaragoza con poemas de los dos poetas invitados.
Sala de exposiciones El Albergue (c/ Predicadores 70). 22:30 h.
Y para el viernes: Inauguración del “Estante Ángel Petisme” en la librería El pequeño teatro de los libros.(C/ Silvestre Pérez,21. Las Fuentes.) 20:00 h.