jueves, marzo 30, 2023

Meditaciones de cine, de Quentin Tarantino

 

 

Tenía tantas ganas de leer Cinema Speculation, título original de este libro, que lo he dosificado para que me durase alrededor de un mes: leyendo en torno a un texto cada noche laborable. Además es un conjunto de ensayos que requieren una lectura lenta, sin prisas, porque, aunque el director analiza unas pocas películas, también es cierto que cita muchísimas obras y no todos hemos visto la suma de títulos citados (incluso aunque hayamos visto la mayoría, Tarantino nos lleva la delantera). Para recuperar unas cuantas películas (por ejemplo: Sisters, Rolling Thunder o Daisy Miller), me sirvió de ayuda el canal temático de Movistar titulado Universo Tarantino, aunque sólo duraba un mes y no me dio tiempo a ver todo su repertorio.

Como su título original indica, más que meditar Tarantino se dedica a especular. Por ejemplo: ¿cómo hubiera sido Taxi Driver de haberla dirigido Brian De Palma? Se recogen aquí análisis de largometrajes rodados en los años 70 (con dos excepciones: la primera y la última película del libro datan del 68 y del 81) porque Tarantino tiene predilección por el cine de esa década: ¿y qué cinéfilo en su sano juicio no? Fue una época totalmente opuesta a la que estamos viviendo ahora: había más libertad en las artes, en las opiniones, se rodaba cine comercial que hoy no se podría rodar. Incluso las películas flojas eran potentes, impactantes, con un pulso cinematográfico y un ritmo que se han perdido (o casi: sobreviven algunos maestros que tratan de hacerlas como entonces, y Tarantino es uno de ellos).

En esos análisis y especulaciones no se limita a alabar las películas elegidas. Señala tanto los aciertos como los errores (según su muy particular opinión, of course: no siempre está uno de acuerdo con sus veredictos). Lo esencial es que las ha escogido porque le impactaron lo suficiente para que dejasen huella en su propia obra. También porque son películas con las que sus directores dieron un giro: por utilizar a un personaje que hasta entonces era inusual, por contratar a un actor que dio otro enfoque al cine policiaco, porque el director aplicaba la comedia a una novela clásica y en teoría rígida, porque marcaron tendencia… La mayoría son duras, violentas, en torno a policías, a delincuentes, a hombres vengativos dispuestos a cualquier cosa con tal de saldar sus deudas, a presidiarios y a fugitivos.

Antes de los análisis comienza con un capítulo autobiográfico en el que señala su deuda con su madre, que le llevaba a los cines de barrio a ver películas muy diversas (tanto para todos los públicos como no aptas para menores), comenzando así su pasión y su adiestramiento. Y termina con otra deuda: la de un amigo de su madre, un hombre negro que le acompañó a los cines durante un año y medio. El conjunto de textos es espectacular porque Tarantino, además de controlar los ámbitos cinematográficos (cada capítulo está surtido de anécdotas históricas, de lecturas, de charlas y entrevistas con algunos de los cineastas mencionados), domina la narrativa, sabe cómo contar y cómo embrujarnos cada vez que empieza una frase. Así comienza:

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, el Tiffany Theater contaba con un bien cultural inmueble por el que se distinguía de los demás grandes cines de Hollywood. Para empezar, no estaba situado en Hollywood Boulevard. A excepción del Cinerama Dome, de la cadena Pacific Theatres, que se alzaba imponente en la esquina de Sunset con Vine, las otras grandes salas de Hollywood se encontraban todas en el último refugio turístico del Viejo Hollywood: Hollywood Boulevard.

Por el día aún se veía pasear a los turistas por el bulevar, camino del Museo de Cera de Hollywood, mirándose los pies y leyendo los nombres en el Paseo de la Fama (“Mira, Marge, Eddie Cantor”). Hollywood Boulevard atraía a la gente por sus cines mundialmente famosos (el Grauman’s Chinese Theatre, el Egyptian, el Paramount, el Pantages, el Vogue). Sin embargo, cuando el sol se ponía y los turistas regresaban a sus Holiday Inn, Hollywood Boulevard quedaba en manos de la gente de la noche y se transformaba en
Hollyweird, “Hollyraro”.

En cambio, el Tiffany estaba en Sunset Boulevard y, para colmo, en Sunset Boulevard al oeste de La Brea, con lo que oficialmente pertenecía al Sunset Strip.


[…]

Los filmes contraculturales producidos entre 1968 y 1971, fueran buenos o no, eran apasionantes. Y tenían que verse con más gente, a ser posible todos colocados. Pronto el Tiffany se apartaría de ese ambiente, porque las películas alucinógenas realizadas a partir de 1972 eran más bien creaciones trasnochadas para un nicho de mercado.

Pero si el Tiffany tuvo un año especial, fue 1970.

Ese mismo año, cuando yo tenía siete, asistí por primera vez a una sesión en el Tiffany. Mi madre (Connie) y mi padrastro (Curt) me llevaron a un programa doble:
Joe, ciudadano americano, de John G. Avildsen, y ¿Dónde está papá?, de Carl Reiner.



[Reservoir Books. Traducción de Carlos Milla Soler]

En Aleteia: Living

 

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miércoles, marzo 29, 2023

Un hombre soltero, de Christopher Isherwood

 

 

Tiene el lamentable aspecto de un nadador o un corredor extenuado, y sin embargo ni se plantea detenerse. La criatura que contemplamos seguirá luchando hasta caer. No porque sea heroica, sino porque no concibe otra alternativa.

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El supermercado aún está abierto; no cerrará hasta medianoche. Emite una luz radiante que ofrece amparo contra la soledad y las tinieblas. Uno podría pasar horas allí, a salvo de la inseguridad, meditando acerca de la gran oferta de comestibles. ¡Santo cielo, cuántos hay! Tantas marcas en envases relucientes que nos prometen algo delicioso. Los artículos de las estanterías nos llaman a gritos: ¡llévame!, ¡llévame!; y la mera competencia de sus reclamos puede hacernos creer que se nos desea, incluso que se nos ama. Pero ¡cuidado!, porque de vuelta en tu solitaria habitación descubrirás que el halagador duende de la publicidad te ha tomado el pelo; que lo que queda no es sino cartón, celofán y comida, y la decepción te quita el apetito.

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La alternativa –es decir, volver a poner él mismo todas las cosas en su sitio– le parece uno de los trabajos de Hércules, pues ya ha caído sobre él la abrumadora desgana de la tristeza. La desgana que hace que uno se quede en la cama hasta ponerse enfermo.



[Acantilado. Traducción de María Belmonte]

Renfield: 2 trailers

 

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Asteroid City: primer cartel

 


Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood

 

 

-¿En qué he cambiado?
-Es difícil de explicar… Parece como si no tuvieras energía ni ganas de llegar a ninguna parte. Eres tan diletante… Me molesta.
-Pues lo siento.
Pero mi pretendido tono frívolo sonó algo forzado. Sally contempló ceñuda sus diminutos zapatos negros.
-No debes olvidar que soy una mujer, Christopher. A todas las mujeres les gustan los hombres fuertes y decididos que luchan por sus objetivos. Una mujer quiere ser maternal con un hombre y proteger su lado débil, pero también debe tener un lado fuerte que ella pueda respetar… Si llegas a interesarte por una mujer, te aconsejo que no le permitas ver que careces de ambición. De lo contrario te despreciará.

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-Nunca volveré a encontrar un caballero como usted, Herr Issyvoo… Siempre tan puntual en el alquiler… No acierto a comprender lo que le impulsa a marcharse de Berlín así, tan de repente…
No serviría de nada explicárselo o hablar de política. Ya se está adaptando a mi partida, como lo hará a cualquier nuevo régimen. Esta mañana la he oído hablar fervorosamente del Führer con la mujer del portero. Si alguien le recordara que votó a los comunistas en las elecciones del pasado noviembre, seguramente lo negaría ardientemente y con la mayor buena fe. Se limita a aclimatarse, como un animal que muda el pelaje en invierno de acuerdo con la ley natural. Miles de personas como Fräulein Schroeder están haciendo lo mismo. Después de todo, sea cual sea el gobierno que detente el poder, están condenadas a vivir en esta ciudad.




[Acantilado. Traducción de María Belmonte]


Air: nuevo cartel

 


Cartel de To Catch a Killer

 


viernes, marzo 24, 2023

Como un cielo en nosotros, de Jakuta Alikavazovic

 

 

Este libro breve (apenas 100 páginas) y fascinante forma parte de una colección francesa titulada “Ma Nuit au Musée” (es decir, “Mi noche en el museo”), donde hombres y mujeres enfocan su texto en torno a la experiencia de pasar una jornada nocturna en un museo de su elección. Jakuta Alikavazovic eligió el Louvre y preside su texto con una cita de David Markson de La amante de Wittgenstein, lo que nos indica de entrada buen gusto e inquietud por lo anómalo (me entenderán quienes hayan leído esa novela).

La noche sin dormir en aquel lugar, rodeada de cariátides y de pinturas célebres, da pie a reflexiones y servirá a la autora para indagar en lo artístico pero también en la relación con su padre, un hombre amante de los museos y oriundo de Yugoslavia que solía hacerle esta pregunta: “¿Y tú cómo te las ingeniarías para robar La Gioconda?”, y esto permite a la autora hablar de robos de cuadros célebres, de espectadores de huecos donde estuvieron las pinturas robadas, de esculturas clásicas y de artistas como Robert Smithson. Un libro para tratar de comprender el arte y a su padre y a sí misma. Unos extractos:  

La noche del 7 al 8 de marzo de 2020 la pasé sola en el Louvre. Sola y, al mismo tiempo, de todo menos sola.
En la sección de Antigüedades. En la sala de las Cariátides. Eso sí, a lo largo de la noche tuve que mover de sitio la cama plegable que había llevado, pues los lugares tienen alma, los lugares tienen vida, sobre todo a oscuras, y ocurre que precisamente los más visitados, los más recorridos, una vez vacíos, se despliegan y se vengan, a su manera, ahuyentando a quienes tienen la osadía de demorarse en ellos.
O tal vez esos lugares perciban que no tenemos la conciencia del todo tranquila. Que no tenemos el corazón del todo tranquilo.  

**

Me preguntó si era
la escritora, y esa pregunta todavía despierta en mí cierto orgullo, un orgullo del que me avergüenzo al instante, pues, aunque no siempre sabemos a ciencia cierta quién escribe en nuestro fuero interno, sí sabemos –al menos yo lo sé– quién se avergüenza. Solo una parte de nosotros puede escribir, solo una parte de nosotros puede estar orgullosa, pero la vergüenza la experimenta todo nuestro ser. La vergüenza nos une mucho más que cualquier otra cosa.  

**

Y era fácil ser infantil con mi padre. Todos los niños lo adoraban, pues era paciente, alegre y sabía cómo hablarles. Pero en realidad no era una cuestión de habla ni de lenguaje. Más bien sabía amoldarse al tiempo de los niños, el tiempo de la infancia, tan rico, tan lento, un tiempo tan largo que aún no sabemos exactamente qué es el tiempo: nos movemos por él igual que surcamos el aire que respiramos, sin la menor intuición de que algún día pueda abarcarse. Al comprender esa temporalidad única que la mayoría de nosotros perdemos más adelante, mi padre comprendía las alegrías y las tragedias, las acogía, las respetaba. Se ponía a la altura de los niños. Literalmente, por lo que a mí respecta. Cuando, rondando los cuarenta años, tuvo que operarse de los meniscos, culpó de su desgaste a la velocidad con la que solía correr antaño, a sus carreras desenfrenadas, a menudo descalzo por las carreteras de un país que yo apenas conozco. En cambio, a mí enseguida me vinieron a la mente los días que pasaba a mi lado. De rodillas. A mi altura. ¿Fue su infancia o fue la mía la que dañó los delicados y frágiles discos de sus rodillas?

**

Los museos nos han acostumbrado a la idea de que las obras de arte se han hecho para que las veamos. Que están hechas para la luz, para las miradas. Nuestra pasión por lo visible se ha convertido en una pasión por la visibilidad. Las pantallas –esas pantallas miniaturizadas hasta el punto de caber en nuestros bolsillos, en nuestras manos– han hecho por nuestros cuerpos y nuestras caras lo mismo que los museos han hecho por las obras de arte. Los hombres que, como mi padre, tienen secretos y los guardan casi parecen pertenecer a otro mundo. Es otra forma –temporal, moral, más que geográfica–de ser extranjero. Extranjero en una época en la que nuestro gusto por la exposición se ha desplazado hacia el exhibicionismo.




[Muñeca Infinita. Traducción de Vanesa García Cazorla]   

Cartel de Personality Crisis: One Night Only

 


En Aleteia: No tendréis mi odio

 

Aquí

Cartel de Champions

 


domingo, marzo 19, 2023

Abierto toda la noche, de Charles Bukowski

 

 

UN PERÍODO DE DESCANSO

yacía en su cama y era un gran
novelista, poeta y autor
de relatos.
a menudo le decían a las visitas que estaba
en un "período de descanso"
y las
despachaban.

fue a verlo una mujer
que era autora de relatos y
novelista.
la mujer escribió sobre su
visita
en un relato breve.
decía que la trató
con crueldad,
no agradeció la
visita.
que quizá no era
tan grande
después de todo.
en su relato
escribió que
"era un hombre muy
amargado".

luego él murió de tuberculosis
y el relato de la mujer
se publicó.

era D. H. Lawrence
y ella
ha sido
olvidada
con razón.

a los buitres rara vez se los bendice con
la inmortalidad.

**

CHINASKI

se parodia, se sentimentaliza.
está otra vez en un cuartito,
siempre en un cuartito, con la puerta cerrada,
dejando el mundo
fuera.
con más de 70 sigue intentando superar su infancia brutal
y nunca ha llegado a entender de verdad a
las mujeres.
su escritura es irregular
si bien potente
e incluso en sus mejores momentos se aprecia
cierta sensación de redundancia,
de nada nuevo.
lo han imitado hordas
de escritores
a los que su estilo sencillo les parece
atrayente.
ahora tiene una casa, piscina,
spa, un buen coche
y una esposa que le da
vitaminas.
es un recluso
y si lo abordas en el
hipódromo
lo más probable es que
pase de ti o te insulte.
sus únicas visitas por lo visto son
estrellas de cine,
directores y
entrevistadores.
cuando muera
quizá se le otorgue
un lugarcito
en el mundo de la literatura
donde permanecer enfurruñado a la
sombra de Céline, Hemingway, Jeffers
y Henry Miller.
Dios tenga en su gloria su alma
agnóstica y
alcohólica
y ahora pasemos
a cosas más
interesantes.



[Visor Libros. Traducción de Eduardo Iriarte]

Mission: Impossible - Dead Reckoning Part One: primer cartel

 


Dubravka Ugrešić (1949 - 2023)

 


En Aleteia: La voluntaria

 

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Lance Reddick (1962 - 2023)

 


Harold y Maude, de Colin Higgins

 

-Harold –dijo su madre, sentándose a su lado–. Escúchame. ¿Por qué quieres tirar toda tu vida por la borda?
-Solamente voy a pedirle que se case conmigo.
-Pero ¿qué sabes de ella? ¿De dónde viene? ¿Dónde la conociste?
-En un entierro.
-¡Estupendo! –exclamó la señora Chasen, y bebió un trago–. No solo voy a tener una nuera de ochenta años. ¡Voy a tener una enterradora! Harold. Por favor. Sé razonable. Piensa en lo que estás haciendo. ¿Qué va a decir la gente?
-Me trae sin cuidado lo que diga la gente.



[Capitán Swing. Traducción de Catalina Martínez Muñoz] 

lunes, marzo 13, 2023