domingo, julio 16, 2023

Diario de un canalla – Burdeos, 1972, de Mario Levrero

 

De Diario de un canalla:

Estoy en esa etapa de la vida en que uno debe necesariamente volverse conservador; no queda mucha energía, no quedan muchas neuronas, no se puede contar, ya, con la súbita iluminación o con la pirueta salvadora. Muerto el espíritu, muerta toda chispa de fe, no se puede decir, creyéndolo, “Dios proveerá”. Estoy, pues, solo, en una ciudad que no es la mía y que es muy dura, y debo contar apenas con mi capacidad de trabajo para mantener, cuidadosamente, este organismo desgastado en un precario e inestable equilibrio. Por lo tanto, nada más peligroso para mí que este otro trabajo que estoy tratando de imponerme ahora, vacaciones mediante: despertar –ni más ni menos– al daimon, ese gracioso diablillo intuitivo que además sabe escribir, y además por el mismo acto, intentar el rescate de mi percepción, por más incompleta o fugaz que haya sido, de la dimensionalidad del Universo y de mí mismo –eso que justamente le da sentido a la vida.  

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Pero no estoy escribiendo para ningún lector, ni siquiera para leerme yo. Escribo para escribirme yo; es un acto de autoconstrucción. Aquí me estoy recuperando, aquí estoy luchando por rescatar pedazos de mí mismo que han quedado adheridos a mesas de operación (iba a escribir: de disección), a ciertas mujeres, a ciertas ciudades, a las descaradas y macilentas paredes de mi apartamento montevideano, que ya no volveré a ver, a ciertos paisajes, a ciertas presencias. Sí, lo voy a hacer. Lo voy a lograr. No me fastidien con el estilo ni con la estructura: esto no es una novela, carajo. Me estoy jugando la vida.


De Burdeos, 1972:

No tengo ningún plano de Burdeos. Cuando me instalo en alguna ciudad desconocida, comprar un plano de la ciudad me resulta indispensable. Tengo un plano de París, aunque no me haya instalado nunca en París, y aunque en rigor para los quince días que pasé ahí no me hacía ninguna falta; la ciudad está llena de señales, e incluso de planos eléctricos o electrónicos en los subtes y entradas de subtes, y además está la Torre como referencia que puede verse desde cualquier punto. Y además, si uno se desorienta es divertido preguntar, y resulta; y un último además: es divertido perderse en París.

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Pero después de un par de días, se encerró conmigo en el dormitorio, porque tal vez Pascale andaría por ahí con la oreja alerta, y me hizo todo un discurso conmovedor. Que ella sabía que no valía nada, que era una mujer despreciable, que no estaba a mi altura, que no podía hacerme feliz. Pero me pidió que me quedara a su lado. Se me llenaron los ojos de lágrimas y la abracé con fuerza. Sentí alegría, sentí que las fuerzas me renacían, sentí que podía hacerlo, que podía quedarme y luchar. Sentí ganas de postrarme a sus pies y besarlos. Tal vez lo hice.  



[Literatura Random House]


En Aleteia: Still. La vida de Michael J. Fox

 

Aquí

Cartel de War Pony

 


Alan Arkin (1934 - 2023​)

 


Wonka: primer cartel

 


En Aleteia: Grial. La búsqueda de la verdad sagrada

 

Aquí

Carmen Sevilla (1930 - 2023)

 


Cartel de Corner Office

 


martes, junio 27, 2023

En el sur de Indiana, de Frank Bill

 

Lo primero que me sorprendió de estos relatos salvajes fue que, al contrario que en otras narraciones (véanse cuentos de autores norteamericanos o secuencias de películas donde predominan los momentos donde salen a relucir los puños y los tiros) en las que la tensión entre los personajes acaba desembocando en la crueldad y en la violencia, aquí ese estallido Frank Bill lo coloca, en muchas de las historias, al principio. Luego observamos los efectos que conlleva y conocemos el pasado de los personajes y sus motivaciones para hacer lo que hacen (drogas, alcohol, miseria, depresión, maltrato…). A partir de ahí cada relato va hacia arriba, no decae, y esos actos engendran más violencia.

Algunos de estos personajes se ven ahogados por el sentimiento de culpabilidad por lo que hacen. Dice un tipo en el relato “La penitencia de Scoot McCutchen”:

La culpa es una carga demasiado pesada para cualquiera. Viene envuelta en todas las equivocaciones que un hombre es capaz de cometer y que en realidad son las lecciones que aprende en la vida para así no repetirlas.

Otro suelta, en “El Viejo Mecánico”:

Porque, cuando un hombre le quita la vida a otro, la culpa del recuerdo lo atormenta y vivirá para siempre en la oscuridad de los muertos.

Éstos son algunos de los inicios: tipos que entran a tiros en moteles, fulanos a los que acaban de disparar, mujeres de las que están abusando, maltratadores abofeteando a sus esposas, chavales con el mono que entran a robar en casas y matan a quienes encuentran, enfermos desesperados que llaman a sus médicos porque sufren un cuadro de ansiedad, o que tienen accidentes en las primeras líneas del cuento… En fin, dinamita, amigos.

Como apéndice a la edición en castellano de Malas Tierras (y con traducción de Ce Santiago), además, se incluye una conversación muy provechosa entre Kiko Amat y Frank Bill. Sin duda los dos conocen el lado oscuro de sus tierras, las vidas de quienes sólo pueden sobrevivir a tiros y a puñetazos y atraviesan días sucios y noches infectas. Si os gustan Donald Ray Pollock o Chris Offutt, no os perdáis En el sur de Indiana.




[Malas Tierras. Traducción de Ce Santiago]

lunes, junio 26, 2023

En Aleteia: Dopesick

 

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Cartel de Passages

 


Frederic Forrest (1936 - 2023)

 


Drive-Away Dolls: primer cartel

 


Pedro Andreu (1976 - 2023)​

 


miércoles, junio 21, 2023

Ciudad muerta, de Shane Stevens

 

 

Quien dijo que esta novela de Shane Stevens (1941 – 2007) podría considerarse una especie de antecedente de Los Soprano acertó. Su autor, de quien en España publicaron hace siglos otro libro (Por causa de locura), se marcaba aquí un pelotazo muy oscuro: una historia de casi 450 páginas por la que circulan gángsters de baja estofa que, como Tony Soprano y los suyos, viven de extorsiones, sobornos y negocios respetables que funcionan de tapadera para sus asuntos turbios.

La novela avanza entre los movimientos de Joe Zucco, jefazo mafioso obsesionado por su rivalidad con Alexis Machine, y los pasos de dos de sus subalternos (de pasado violento y algunos fantasmas en la cabeza en forma de errores y atrocidades), Charley Flowers y Harry Strega, que, como todos, quieren ascender en la vida, lo que significa obtener un negocio propio, más libertad y más autonomía de movimiento, es decir: más dinero. En el fondo estos personajes son unos pobres diablos más próximos a los gángsters que veíamos en Donnie Brasco que a los Corleone. Incluso en los entornos del hampa hay clases sociales y la mayoría no logrará cumplir sus sueños.

Ciudad muerta es muy adictiva, publica Sajalín y traduce Óscar Palmer y además Stephen King era fan de Shane Stevens, quien tenía un don para los diálogos brutales: me parecen garantías de sobra para lanzarse a por ella. También es una novela sobre el paso del tiempo y cómo tratar de subsanar equívocos que pueden terminar en rotura de huesos o en asesinato. Veamos un ejemplo:

-¿Te das cuenta, Dom? Uno no puede fiarse de estos gamberretes de hoy en día. No es como cuando nosotros éramos jóvenes, ¿eh?    
-¿Qué quieres de mí?
Hymie se acercó a la navaja, la recogió del suelo y se la guardó en el bolsillo.
-Solo charlar un rato.
-¿Sobre qué?
-Esto y aquello. Quizá sobre la imposibilidad de escapar de las cosas que has hecho. Es imposible.
-No entiendo a qué te refieres.
Hymie sacó un frasquito de su chaqueta.
-Tú y yo, Dom, nos estamos haciendo viejos, ¿entiendes? Desperdiciamos nuestras vidas intentando llegar a final de mes mientras otros se llevan el gran premio. Sudamos la gota gorda para ganar un dólar y de repente llega un listo que se embolsa un millón. A veces eso hace que a uno se le ocurran ideas curiosas, ¿sabes? Baja la guardia y peca de avaricioso. Y, en menos de lo que canta un gallo, acaba meando fuera del tiesto. Pero al dueño del tiesto no le hace gracia.
-No he hecho nada. Lo juro, no sé de qué me estás hablando.
Hymie negó con la cabeza.
-No insistas, Dom. Ya te lo he dicho: no hay manera de escapar, es imposible. –Abrió el frasquito, se acercó a Spina y se plantó justo delante de él–. Has cabreado sobremanera a cierta persona, Dom. Y eso no está bien. Por mi parte, no estoy cabreado. No es nada personal, entiéndelo. Se trata simplemente de una cuestión de negocios y tenemos que hacerlo. Ahora, abre la boca.  




[Sajalín Editores. Traducción de Óscar Palmer]

Próximamente: El estado de la unión

 

 

De Nick Hornby. En Anagrama.

Día ya de verano

Día ya de verano. El verano ha llegado.
En la calle, en los trajes, en el aire.
De pronto. Hay verano. Vuelve el verano.
Pero no todo es esta promesa o esta dicha.
Aún está agazapado el temor, aún
tiene fuerza el miedo. La llegada del verano
tiene algo de apariencia., de buscada apariencia
o de ficticio, quiero decir. Porque a pesar
de sus atractivos que ya luce estamos aún
en un tiempo incierto.


Santiago Montobbio, Los poemas están abiertos


Kraven the Hunter: primer cartel

 


Cartel de Visions

 


Priscilla: primer cartel