De Ota Pavel. En Sajalín Editores.
"En lo que me concierne, no soy un escritor, soy alguien que escribe…" (Thomas Bernhard)
¿A qué se llama muda en el ser humano? La muda se produce a los trece o catorce años en los muchachos y entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco años en las mujeres, de una forma más o menos apreciable. Podemos definir la muda masculina de la siguiente forma: enfermedad sonora que sólo cura con la castración; ligada al desarrollo de los genitales, la muda está en relación con la amenaza que pesa sobre éstos.
**
Las mujeres se perpetúan y mueren en el soprano, su voz es un reinado, un sol que no muere. Los hombres pierden su voz de niño, son los seres con dos voces, una suerte de canto a dos voces. Se les puede definir a partir de la pubertad como humanos a los que la voz ha abandonado en forma de muda. En ellos, la infancia, el “no-lenguaje”, y lo real son la vestimenta de una serpiente.
**
A las mujeres la voz les es fiel, a los hombres la voz les es infiel. Un destino biológico los ha sometido, en el mismo seno de su voz, a ser traicionados. Les ha impuesto ser abandonados. Les ha impuesto mudar. Les ha impuesto cambiar.
**
Durante los años 1726, 1727 y 1728, [Marin Marais] prácticamente había dejado de hablar. Como los viejos que, para justificar la muerte o para soportar la proximidad cada vez más acuciante y temible de su fin, levantan a manos llenas mil motivos de odio al mundo, que dejan en contra de su voluntad, pretendía haber susurrado un canto a unos oídos que ya no se inscribían en faz alguna; que, sin que supiera cómo, era cual poeta que escribiera versos en una lengua de un pueblo que hubiese sido diezmado en una noche; que el arte de la viola había conocido su más elevado estadio cuando el público cesó de prestarle atención; que había escrito sobre el agua, a contracorriente, en el movimiento imposible que va incesantemente de nuevo hacia la fuente.
**
El tiempo tiene tres dimensiones. La voz de los hombres tiene dos estaciones; luego, la voz de los hombres se abisma, se hunde de una sola vez en el silencio. Dios es eterno; era niño; era soprano; no conocía aún el lenguaje; era Dios, estaba en un pesebre, y llegaron ellos, se les llamaba los reyes magos, eran tres, ofrecieron al joven dios el pasado para echar de menos, de manera que sufriese, el futuro para desear, de manera que sufriese, el presente para ser abrumado por uno y otro, de manera que sufriese.
**
La primera muda es el nacimiento. Aquel que nace se libera, como puede, de un despojo que sobrevive. La voz de los hombres conoce dos caídas. Su infancia, como el spolium, el madero caído, la piel, el vellón, la vestimenta, el botín perdidos. Es el no lenguaje de la infancia. Luego viene el canto. La voz. El libro. La sonata. La estatua.
Las voces de los hombres son sacrificadas dos veces, una en la muda y la otra en la muerte. La última no tiene experiencia. Su espacio ya no es el cuerpo, sino una sepultura. La otra muda, al final de la infancia, es el grito del propio sacrificio. […]
**
El rostro de Chang Lien se había vuelto carmesí, y se irritó violentamente con su alumno.
-¿Qué es eso de rezar ante el sepulcro de vuestros instrumentos? ¡Los instrumentos ya son sepulcros! Tomad, pedid al intendente Fu una ligatura de sapeques e id a buscar de mi parte al restaurador. Pedidle una guitarra de tres cuerdas rota y mal que bien arreglada. Pedidle un laúd reventado y mal que bien remendado. Tomad los más simples instrumentos de música y ejercitaos de nuevo con ellos. Recordad el tiempo en que vuestra voz estaba rota. Recordad vuestra voz cuando se quebró por el recuerdo de vuestros instrumentos rotos. Vuestro laúd, de tiempos del nacimiento de los proverbios, es como una cáscara de nuez. Es preciso partirla para comer el fruto. Recordad que en la música el sonido no es el fruto.
[Editorial Funambulista. Traducción de Ascensión Cuesta]
Soy como esos hijos que llevan a su madre enferma hasta una cima, la dejan morir allí y se vuelven solos, pero allá donde vayan sienten el peso de la madre muerta en sus espaldas, el aliento de la madre muerta sobre el cuello, las manos de la madre muerta cogiendo sus hombros.
**
Mientras el padre vive, sus palabras nos llegan amortiguadas. Mientras el padre vive, sus palabras no matan. Y ahora que han dejado de llegar esas cartas, ahora que sujeto entre mis manos las hojas del archivo de mi padre, me parece oír que de esas páginas se alza una voz que me juzga, me condena. Murió solo, vivió solo. Su soledad me acusa.
**
¿Qué siente un hombre cuando tiene la certeza de que va a irse en muy poco tiempo? ¿Deforma su rostro la mueca del miedo? ¿Intenta retener la vida con las manos? ¿Establece el balance de una existencia donde no hubo otra cosa que sufrimiento y espera? ¿Se levanta cada mañana con ese miedo lacerándole el vientre?
**
No hay espectáculo más triste que una joven al borde de una tumba mientras rumia sus pérdidas. Imagínala, Sirio: mira cómo dobla la cabeza, sus rodillas flaquean, sus ojos están secos, su corazón anegado por las lágrimas. Fue arrancada de la vida sin haberla entregado aún a la muerte.
[Akal Ediciones. Traducción de Daniel Sarasola]