Hace 12 horas
martes, enero 24, 2017
sábado, enero 21, 2017
jueves, enero 19, 2017
Pérdida del ahí, de Tomás Sánchez Santiago
TOCA, TOCA MUDEZ
No tengo de mi lado al lenguaje.
Flores que no van a parte alguna
sino a llenar el aire de la tarde
de excedencia
igual que esos vilanos sin peso
ni carácter.
A veces reaparecen palabras
debajo de los muebles: huesos mondados
y sin color, como los sueños inofensivos.
Sentarse, entonces, a pelarlas
aún más.
Pelar palabras como quien espera hacer aceite
con toda la saliva estirada.
**
EL OFICIO
………………poesía: lengua de la sombra
I
con los pies en la tierra
contra la propia tierra
una fiesta de pezuñas
que empujan hacia abajo la estatura
hacia la tumba donde es posible oír
los nombres más nublados
II
con las uñas
en medio de la luz, de parte
a parte
y quedarse con carne
de las cosas más claras
-las que se ven mejor
si no las miras-
III
con la punta cansada de la lengua
rebañando
entre dientes
hasta quitar hilo sobrante
a las palabras atascadas
IV
escarbar:
el oficio del poeta
**
TODO OÍDOS
Lo que consuela un reloj en la noche. Lo que consuela. Su lenta hegemonía sobre los bisbiseos y las respiraciones detestables. El péndulo ahí, moviendo brillos viejos como un pájaro absorto. Ese es tu comandante ahora, el que te marca el paso con su lengua de bronce en el lugar del sueño.
Por la boca con fiebre de una anciana salen en tromba fechas desbocadas. Y tú sabes que también estás envejeciendo violentamente en la quietud, rasgada por el tic-tac que llega hasta los bordes oscuros del corazón. Hace el insomne investigaciones que se atascan en los pequeños estallidos de los muebles finales.
Y vuelven los oídos al reloj.
Lo que consuela.
**
tú, que sabías dejar dormido
un poema en el labio
para no molestar al mundo,
dinos ahora cómo acabar
sin ruido este domingo de noviembre
mientras se mojan todos los nombres
de la tierra,
mientras todas las rosas desafinan
porque un poeta ha callado
y hoy todo sobra en el mundo
menos tú
………………………(pájaro del adiós al poeta José Diego)
………………………………………..6 de noviembre. 2011
[Amargord Ediciones]
miércoles, enero 18, 2017
Incertidumbre, de Paco Inclán
A veces me pasa, aunque no siempre (casi nunca): pongo la oreja en la conversación de la barra de un bar y escucho un diálogo que capta mi atención. Me encuentro en la cafetería del hostal de Formentera donde me alojo, en el pequeño pueblo de Sant Ferran de Ses Roques, en la carretera principal que recorre la isla de este a oeste y viceversa. He viajado hasta este escondrijo del Mediterráneo huyendo de las Fallas; hay marzos en los que uno no tiene los cojones para mascletaes. Me he traído el ordenador y algunas notas sueltas escritas en varias libretas con la intención de aprovechar la soledad de este lugar para tratar de ponerlas en orden.
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Siento cierta curiosidad, excesiva quizás, por esas personas anónimas que de manera fugaz saltan a la fama durante un breve espacio de tiempo para luego desaparecer del ruido mediático y caer de nuevo en el olvido.
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Nadie me pregunta por mi objetivo aquí, lo de exponer sus objetos todavía no les resulta convincente, pero no importa: lo relevante es que han publicado una foto mía –el texto es lo de menos, la dictadura es de la imagen– en el diario más ojeado en los bares. Más que suficiente para ganarme el respeto del vecindario. Me siento algo abrumado, tendría que coger la sartén por el mango y aprovechar esta repentina popularidad, pero me aturullo. No sé si prefería el rol de presunto sospechoso o este nuevo de artista valenciano que se cierne sobre mí. Lo cierto es que el día que sale publicado el reportaje evito salir del contenedor. Llueve, pero no es por eso.
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Por primera vez desde que estoy aquí tengo la sensación de estar perdido, pero sin derivas ni milongas: extraviado, impaciente, preocupado. Cualquier trayecto resulta más agotador cuando no se sabe dónde vas ni cuánto falta para llegar.
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Afirma una cita que si alguien viaja una semana a un lugar, escribe un libro; si viaja un mes, escribe un cuento, y si viaja un año, escribe dos líneas. Esa es la sensación que tengo conforme avanza mi integración en el entorno, la estética relacional va tomando forma, se va moldeando. Ya no soy ese observador externo que, ávido de recabar datos, anotaba con estúpido rigor el nombre de los hombres más fuertes del mundo. Ahora participo de cotilleos y chascarrillos, conmemoro sus santos, celebro los goles del club local, me conozco sus muertos (aunque todavía es pronto para llorarlos), despilfarro el tiempo sentado en un banco con dos abuelos. Convertido en paisano, con el rol bien hallado, compruebo que, efectivamente, aquí la vida también es la misma que en todas partes.
[Jekyll & Jill]
lunes, enero 16, 2017
Diario de Ithaca, de Miguel Ángel Hernández
Comento a unos amigos que también yo escribo ficción. Cuando me preguntan si he publicado algo y digo que sí, siento cómo se transforman las miradas. So you are a published autor, my God. Tengo la sensación de que aquí realmente importa haber escrito un libro. Aquí eso es algo serio. Aquí un libro es un libro.
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Al final ha sido una suerte tener que cambiarme de casa. En el fondo esto es lo que andaba buscando. Una puerta abierta al mundo real. Ithaca ha dejado de ser una postal exótica. Comienzo por primera vez a tener la sensación de que habito este lugar. Siento por fin que empiezo a estar dentro de la imagen.
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El lunes hace ocho años que murió mi madre. Es extraño como el paso del tiempo acaba quitándonos las palabras. He escrito mucho sobre esta pérdida. Pero ahora, ocho años después, no sé qué decir o escribir. Ni siquiera sé qué es lo que pienso. Sólo sé que hace ocho años que murió mi madre.
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Comienza la recta final. Apenas una semana y media para el regreso. Todo es ya una despedida. Cada desayuno, cada vuelta en la cama, cada paseo por el pueblo, cada libro que abro lleva consigo la textura del fin.
[Newcastle Ediciones]
sábado, enero 14, 2017
viernes, enero 13, 2017
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