viernes, junio 17, 2016

Cartel de A Monster Calls


Jason Bourne: nuevo cartel


jueves, junio 16, 2016

Solterona, de Kate Bolick


Con quién casarse y cuándo: estas dos preguntas definen la existencia de toda mujer, con independencia de dónde se haya criado o de qué religión practique o deje de practicar. Quizá al final le gusten las mujeres en lugar de los hombres o quizá decida, lisa y llanamente, que no cree en el matrimonio. Da igual. Estas disyuntivas determinan su vida hasta que obtienen respuesta, aunque sea con un "nadie" y un "nunca".

Así de contundente se muestra Kate Bolick al inicio del primer capítulo y tras el prefacio. Me interesaba mucho este ensayo (que sigue la línea ensayística y autobiográfica de otros libros que hemos comentado aquí, como H de halcón o El viaje a Echo Spring) por esta razón: su mezcla de memoria e investigación literaria. Pero también me interesaba porque vivimos tiempos en los que tratamos de derribar prejuicios, machismos, barreras, influencias del patriarcado… Esa imagen de la mujer como figura que debe casarse cuanto antes para criar a un montón de hijos y servir al marido en casa mientras sus sueños se evaporan va quedando, por suerte, obsoleta. Pero en absoluto significa que hayamos destruido todos esos prejuicios, esos lugares comunes… y de eso trata el libro de Bolick: de cómo advirtió que no quería representar el clásico papel de chica que tiene que casarse antes de cumplir cierta edad y de cómo varias mujeres le sirvieron de acicate y de modelos para ser soltera, escritora e independiente.

Esas mujeres fueron la articulista Maeve Brennan, la columnista Neith Boyce, la poeta Edna St. Vincent Millay, la novelista Edith Wharton y la socióloga Charlotte Perkins Gilman. Bolick investiga sus vidas, cita sus palabras, narra algunas de sus vicisitudes, visita los lugares donde vivieron, lee sus biografías y sus novelas y sus libros… y todo eso lo va entrelazando con su propia vida: su búsqueda de independencia, sus novios, sus primeros trabajos, sus mudanzas, sus miedos… Además de hablarnos de celebridades como Wharton o Brennan, la autora nos descubre a figuras tan emblemáticas como Millay, una mujer cuya obra no está traducida en España y que causó auténtico furor en su tiempo.

Como sucedía también en H de halcón, algo marcó la vida de Bolick: en este caso, la muerte de su madre. Si tienes suerte, tu hogar no es sólo el lugar del que te vas, sino también un lugar al que un día llegas, apunta tras contar la pérdida de su madre, que la sumió en el pesimismo, como demuestran estos apuntes:

Naces, creces, te casas.
Retrasas tus ambiciones, crías a tu familia, el cáncer te golpea a la mitad de tu vida.

Libros como éstos, aunque estén lejos de ser perfectos, me parecen importantes, me parece que no deben caer en el ninguneo. Debemos leerlos porque se necesita otro enfoque, otra actitud, porque no es aceptable que en la actualidad una mujer que decida ser soltera e independiente tenga que cargar con el sambenito de "solterona" (término despectivo que Kate Bolick se toma con humor y deportividad). Extractos:

En la actualidad, casi todas las escritoras que conozco han tenido que decidir en algún momento si aceptar o no el encargo de escribir sobre su vida sentimental, un brete que casi nunca se les presenta a los hombres.

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Cuando ella [Simone de Beauvoir] tenía mi edad, ya estaba casada y a punto de quedarse embarazada de mí. Empezaba a creer que este patrón de pensamiento –retrotraerme constantemente a mi madre, al punto en el que había empezado y del que había partido– no era idiosincrático, sino algo que muchas mujeres, si no todas, hacemos, un rasgo del ser mujer. "¿Los hombres también lo hacen?", me pregunté. Aún no me parecía posible estar viviendo con un hombre que mi madre no hubiera conocido. ¿Qué le parecería a ella mi extraño deseo de estar sola? ¿La voz que en mi cabeza decía que me olvidara de las fantasías de solterona y creciera de una vez era suya o mía? ¿O era la voz de algo más amplio, de la propia sociedad?

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Pero en todas las vidas siempre hay al menos un poco de soledad. La mayoría de la gente la sufre como un mero dolor reiterado que puede aquietarse meses o años cada vez y que de pronto estalla cuando se dan las condiciones adecuadas: mudarse a una ciudad en la que no se conoce a nadie, permanecer en un mal matrimonio, perder a alguien que se quiere, incluso hacer un recado, cuando sin más se da uno cuenta, en lo más profundo, de lo solos que estamos todos en el mundo y tiene que sacar fuerzas de flaqueza para no dejar la cesta de la compra en el suelo y salir corriendo del supermercado.

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Ha pasado más de un siglo. Hoy en día les decimos a las niñas que esperen a hacerse mayores para ser o hacer lo que quieran, pero la presión social por ser madre sigue siendo muy fuerte y rara es quien no sucumba, al menos en alguna ocasión, al miedo inquietante de que, si nunca tiene hijos, se arrepentirá de ello toda su vida.

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La elección entre estar casada y estar soltera ni siquiera tiene cabida aquí, en el siglo XXI.
Ahora la pregunta es totalmente distinta: ¿las mujeres son ya personas? Con ello quiero decir lo siguiente: ¿ya estamos preparados para que una mujer joven emprenda el largo camino de su vida como ser humano que tiene un sexo pero no está limitado por él? Aun con una lentitud atroz y con muchas paradas y comienzos a lo largo del camino, hemos ido evolucionando hasta esta nueva pregunta desde la misma fundación de Estados Unidos. Hasta que la respuesta sea un "sí" indiscutible, una niña no podrá crecer igual que un niño, con la libertad para considerar su vida a largo plazo su propio yo distinto del resto.


[Malpaso Ediciones. Traducción de Silvia Moreno Parrado] 

Cartel de Denial


Próximamente: Brújula


De Mathias Enard. En Random House.

Y reedición de Zona

 

L'attesa: 3 carteles




martes, junio 14, 2016

Música de ventanas rotas: cubierta completa


Martin Scorsese por Martin Scorsese, de David Thompson e Ian Christie (editores)


Llevaba años buscando este libro. Está incluido en una colección (Trayectos. Serie Vidas y Letras) de Alba Editorial en la que publicaron entrevistas con David Lynch, William Burroughs, Brian De Palma, David Cronenberg, Tim Burton… Con los años, el único que han reeditado en ediciones ampliadas es el de Burton. Algunos no me los compré en su día pensando en pillar las reediciones ampliadas, pero aquí jamás se tradujeron. Después de años de buscar el de Scorsese, encontré una copia de segunda mano en la Cuesta Moyano, por unos 8 euros (en Iberlibro quedan algunos ejemplares… pero son bastante más caros).

Es un libro estupendo, en el que los editores dejan hablar a Scorsese y sólo se permiten unas pocas acotaciones cuando hay que explicar algo o incorporar ciertos datos (fechas de estreno, recaudaciones, etc.), y así el cineasta cuenta los pormenores de los rodajes, cómo llegaron a buen puerto algunos proyectos, cómo otros se quedaron en el camino o cómo finalmente ha conseguido rodar aquellos de los que entonces hablaba (en los 80 quiso hacer Gangs of New York). La única pena es que el volumen sólo abarca hasta el estreno de Casino, con lo cual, y aunque figura la etapa quizá más rica del director, faltan las que podríamos considerar sus obras más experimentales o arriesgadas, sus documentales sobre Bob Dylan, George Harrison, Elia Kazan o el New York Review of Books, además de sus colaboraciones con Leonardo DiCaprio. Esto necesita con urgencia una nueva edición ampliada. Aquí van tres fragmentos:

Después de reescribir el guión se lo empecé a mandar a todo el mundo, y así nació Malas calles. Después de todos los títulos diferentes por los que había pasado a lo largo de los años, éste me lo sugirió Jay Cocks, sacado de una frase de Raymond Chandler: "Un hombre tiene que dar la cara en esas malas calles". Me pareció un poco pretencioso, pero resultó ser un título muy bueno.

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Mantenía buenas relaciones con Katzenberg y Eisner de la Paramount, quienes inmediatamente me ofrecieron algunos guiones. Me dijeron: "Superdetective en Hollywood, ¿quieres hacer esto? Es para Sylvester Stallone". Les pregunté de qué iba y me contestaron: "Es un pez fuera del agua". "¿Qué es un pez fuera del agua?" "Ya sabes, un policía de por ahí que viene a Nueva York". Contesté: "Eso es la película de Don Siegel La jungla humana (Coogan's Bluff). Y dijeron: "No, no. Es Superdetective en Hollywood". Tuvimos la misma conversación sobre Único testigo (Witness), pero yo dije que no podía hacerla. No sabía nada sobre los amish y no me veía en Pennsylvania entre ellos. Pero mi agente, Harry Ufland, dijo que eso era todo lo que había.

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John Ford hacía películas del Oeste. Nosotros hacemos películas de la calle. Hagamos eso [Martin Scorsese a Joe Pesci].


[Alba Editorial. Traducción de Manu Berástegui y Javier Lago]

The Neon Demon: nuevo cartel


Próximamente: Guía perversa del viajero en el tiempo


De Jorge Fernández Gonzalo. En Sans Soleil Ediciones.

Snowden: 2º cartel


Cartel de 31


viernes, junio 10, 2016

American Smoke, de Iain Sinclair


Éste es uno de los libros más fascinantes del año, para mí incluso superior a La ciudad de las desapariciones. En Playtime / El Plural lo comento. Aquí van un montón de fragmentos:

[Charles] Olson, igual que su paisano de Massachusetts Jack Kerouac, era católico y de familia obrera. Su padre hacía el reparto del correo en Worcester. El padre de Kerouac tenía una imprenta en Lowell. Cuando siendo un estudiante de veinte años yo caminaba por la playa de Sandymount, en Dublín, Kerouac era mi gran modelo: aquellos viajes malogrados, la búsqueda, el tedio y el temblor mortal bajo la superficie, que por entonces yo no había identificado. Mi compañero, Christopher Bamford, que después de Irlanda se embarcaría para Boston y ya no volvería, hacía campaña por Beckett, Genet y todas aquellas ediciones de bolsillo de color lechuga de Olympia Press. Las huellas de nuestros pasos trazaban un bucle en la arena gris, un circuito presidiario, mientras conjurábamos obras de teatro escritas en una sola noche y proponíamos revistas que nunca iban más allá de la fase de pruebas, del maniquí abandonado. Entretanto, recibíamos cartas por avión de William Burroughs desde Tánger.

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Kerouac era el ángel oscuro, que se liberó a sí mismo de la rueda del karma, de la mortaja corpórea. Pero también era, y ésa es la fuente de la tensión que alumbra su arte, el "Niño Memorión", el inspirado festejador de lo ordinario: el paso de las estaciones, las calles en invierno, las inundaciones, los bares, las fábricas (desde fuera), el humo de leña, la noche, el contacto, la familia, los amigos, la inquietud, las cocinas, la locura y el asesinato.

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Los poetas saben que el poco poder que tienen pronto se verá absorbido por los objetos convertidos en fetiches que los rodean. Las reliquias son la verdadera autobiografía.

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Di un par de vueltas a la feria, por los viejos tiempos, y luego emprendí un paseo a través de los barrios residenciales arbolados rumbo a la tranquilidad del centro del pueblo en el domingo por la mañana. Por supuesto, se me habían adherido de alguna forma a las manos un par de compras a precio rebajado. Mis lecturas, fuera de mi investigación inmediata, se reducían a un grupo selecto de autores: Louis-Ferdinand Céline (leyéndolo en orden cronológico), Don DeLillo (en orden inverso), Malcolm Lowry, Roberto Bolaño, Walter Abish.

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La biografía es un mapa de carreteras que solamente tiene sentido con la muerte del sujeto, del escritor.

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[Alexander] Baron, criado en Hackney, y marxista acérrimo en sus años de juventud, tenía algo de comisario traumatizado, una historia vivida sin remordimientos. Seguía escribiendo porque a eso se dedicaba, pero ya no tenía expectativa alguna de que sus libros encontraran un público.

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Hace falta una buena dosis de ego para coquetear de forma tan persistente con el olvido. Me interesaban los ingeniosos sistemas que había encontrado Malcolm Lowry para perder, quemar o desperdigar sus manuscritos antes que afrontar el horror de mandarlos a un editor o, peor todavía, publicarlos.

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Pavel Coen, que, tal como yo me temía, también albergaba la ambición secreta de escribir una novela épica, adaptando las técnicas americanas del Meisterwerk a los barrios residenciales del sudoeste de Londres, rezaba en el altar de Pynchon, los poetas del grupo L-A-N-G-U-A-G-E, DeLillo y Burroughs, y confesaba sentir una afinidad especial con William T. Vollmann. […] Siendo niño todavía, Vollmann tuvo que ver cómo se ahogaba su hermana de seis años mientras él estaba cuidando de ella. William Burroughs contaba que era el haber matado a su mujer, Joan Vollmer, en México D.F., lo que le había convertido en escritor. Lo que le había lanzado la maldición de trabajar con las palabras, al dictado de una hambrienta máquina portátil Remington, casi hasta el último aliento. De vivir en una casa de tablones rojos en Kansas. El suburbio sin urbe. La inercia de mitad del continente. El no lugar.

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La imitación de uno mismo es un oficio ingrato.

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El tiempo en el pub no era tiempo, era una relatividad líquida.

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Las noticias del mundo exterior llegaban como si fueran el tráiler de una película de Fritz Lang.

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El viejo sueño de recorrer en coche la Costa del Pacífico exigía una prima demasiado alta. Yo lo necesitaba para mi libro, es decir, para seguir existiendo.

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Los muertos flotan en nuestros recuerdos y a veces en las calles; los vemos cuando los necesitamos. Y aprendemos a dejarlos ir. Las madres, los padres, las figuras como Beckett o Joyce, vienen con nitidez, pero nunca más de dos o tres veces. Están igual de mudos que Ezra Pound después de sus años en el manicomio de Washington, cuando deambulaba como una cabeza hierática por Venecia o Spoleto.


[Alpha Decay. Traducción de Javier Calvo]

Próximamente: Breviario de saberes inútiles


De Simon Leys. En Acantilado.

Cartel de Len and Company


En Playtime: Iain Sinclair


American Smoke: aquí.

The Duel: 2 carteles



jueves, junio 09, 2016

Hoy, en Barcelona


Presentación de Música de ventanas rotas.

Como almas que lleva el diablo, de Barry Hannah


De Barry Hannah había leído dos o tres relatos dispersos en antologías (si mal no recuerdo, aparece en Ficción Súbita y en Antología del cuento norteamericano, quizá en alguna más). En España sólo hay un libro traducido de Hannah, que es éste: los relatos de Como almas que lleva el diablo, y, si uno hace las pesquisas oportunas, comprobará que la edición española sólo tiene la mitad de relatos que la edición norteamericana. Por un lado me parece algo insólito, difícil de comprender. Pero, por el otro, puedo entenderlo: Barry Hannah, al menos en este libro, es un autor complicado, de historias un poco alucinadas. A mí me ha costado entrar en los cuentos, a veces no entendía muy bien qué me estaba contando. Me quedo con "De dos cosas que, oscuramente, se atacaban": refleja algunos aspectos de la vida de William S. Burroughs, al que camufla con el nombre de Coots, pero de quien nos proporciona las suficientes pistas para que sepamos que se trata de él.

Ya digo que me ha costado entrar en ellos, salvo en un par de historias. Tal vez no lo he cogido en el momento preciso: a veces ocurre, a veces leemos cosas que no necesitamos en esa semana, pero un tiempo después nos gustan (lo digo porque hay libros que no me entusiasmaron y a los que, más tarde, di una segunda oportunidad y me convencieron). No obstante, escribo esto sólo para decir que Hannah tiene a menudo fogonazos deslumbrantes, frases que te golpean y que logran que tu atención vuelva a centrarse, aunque sea durante el siguiente párrafo (este autor necesita otra oportunidad en España, y sé que hay un proyecto de traducción rondando por ahí). Anoto aquí 3 de esos fogonazos:

La vida era algo maravilloso y largo. Era tan buena que uno esperaba que apareciera algún funcionario y la cancelara.

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-Aquella mujer te consiguió a ti. Pero era a a quien necesitaba –dijo.

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La poesía la había conquistado, pero como medio de vida era un absoluto fracaso.


[Ediciones Siruela. Traducción de Olivia de Miguel]

Cartel de Viral