Desde hace años leo todo lo que Miguel Sanfeliu va publicando. Ya recomendé en su momento Viajero de salón y estos días me he ventilado El comunicador, una novela espléndida, narrada por un personaje despreciable y medio psicópata que no tiene nada que ver con el propio Miguel, y que ha conseguido una voz, un estilo, que no decae en ningún pasaje de las 120 páginas de esta edición y que se me antoja como un cruce ibérico del Rupert Pupkin de El rey de la comedia y el Patrick Bateman de American Psycho: su personaje no es tan extremo pero es cruel y manipulador. El pulso que maneja para sostener esa voz narrativa es francamente envidiable y nos alerta de cómo nos manipulan en los shows televisivos. Cuenta una jornada laboral en la vida del narrador y protagonista, en clave de humor negro: sus rutinas, sus pensamientos, sus tratos con sus súbditos y colaboradores, sus análisis de la oferta y la demanda televisivas y sus ansias de marcar territorio y granjearse polémicas. Así comienza:
Es posible vivir en este mundo sin indignarse y sin pensar en nada serio, tan solo dejándose llevar y acudiendo a fiestas y bebiendo lo suficiente para pillar ese punto tan gracioso, se lo digo yo. Se puede llevar una buena vida, aunque es preciso estar dispuesto a pisar el fango, a escupirle al de al lado, a llorar o a reír según lo requiera la situación. Pero, por encima de todo, hay que sujetar las riendas con mano de hierro, porque todos los demás están dispuestos a hacer lo mismo, todos los que te rodean son enemigos esperando la oportunidad de darte una patada.
[Bohodón Ediciones]
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