sábado, junio 13, 2020

Ignominia, de Alexander Drake


Cómo escribir un libro de éxito

Lo primero que tienes que hacer es copiar de principio a fin la historia de cualquier otro libro que haya contado con un gran despliegue publicitario. No te preocupes por el qué dirán. La mayoría de los escritores llevan escribiendo el mismo libro durante siglos y todavía nadie se ha dado cuenta. Sólo has de imprimir cuatro pinceladas de tu propia cosecha y cambiar el nombre de los personajes. Así de sencillo. Haz especial hincapié en que la historia que elijas sea lo más aburrida posible y asegúrate de que no suceda absolutamente nada en ningún momento. En cuanto a las frases, procura que sean densas y difíciles de entender. Frases largas, con giros sin sentido y palabras que la gente tenga que buscar en el diccionario para saber lo que significan. Así aparentarás tener un elevado nivel intelectual y un gran dominio del lenguaje. Entonces el público te encumbrará por todo lo alto. La extensión del texto es de vital importancia: el libro nunca debe tener menos de 400 páginas. A partir de ahí puedes seguir añadiendo paja hasta el infinito, cuanta más mejor. Cualquier crítico te alabará por el solo hecho de haber sido capaz de escribir 1.000 páginas; a pesar de que entre todas ellas no haya ningún mensaje que transmitir. Con un volumen semejante nadie se atreverá a cuestionar tu obra. Encontrar un buen título es esencial. Coge el de cualquier otro libro que haya generado grandes beneficios, cámbiale una sola palabra y listo: ahí tienes tu obra maestra.

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Omega man

Miraba con desprecio a todos esos cabrones ociosos que caminaban despreocupados por las calles. ¿Por qué diablos no estaban trabajando? Encerrados en alguna oficina; o en algún comercio reponiendo el producto; o picando piedra… ¿De qué me servía mi posición de desempleado si estaba rodeado de gente igual que yo? El mayor aliciente que uno tiene cuando está sin trabajar es que el resto de la gente esté ocupada y no sea un obstáculo en tu camino. Quería sentirme como el protagonista de El último hombre vivo. Disponer de todo cuanto quisiera sin tener que toparme con nadie. La gente me asqueaba. Estaban por todas partes. Era espantoso.

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Saturday night

Me enviaron un SMS para salir por la noche. Lo medité un par de segundos. Tendría que entrar en locales llenos de gente, con una música horrible a todo volumen, donde haría demasiado calor y apestaría a tabaco en cada maldito rincón. Tarde o temprano me presentarían a alguien; y entonces me vería obligado a hablar con esa persona. La verdad, no podía soportar la idea de tener que escuchar la vida de nadie, y mucho menos verme sumido en la tortura de tener que explicar la mía. Cogí el móvil y redacté el siguiente mensaje: "Lo siento, no tengo fuerzas para enfrentarme a algo así". Después pulsé un par de botones y mandé el texto. Esperaba que lo entendieran.

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Guardando las distancias

Me gustaba sentarme en los bancos del paseo de la playa y observar a las mujeres que pasaban caminando de un lado a otro. Sólo eso. Me conformaba con mirarlas e imaginar sus vidas. En realidad no quería conocerlas. La gente siempre acaba decepcionándome. Prefería construirme una imagen de ellas tan idílica como falsa. Así resultaba mucho mejor. 


[Libros Indie]