viernes, noviembre 16, 2018

El loco de las rosas, de Mohamed Chukri


El hedor a muerte está por todas partes. Se miran, perplejos, sin pronunciar palabra. Cada uno camina por su lado. Los árboles están desnudos. Un viento ligero barre las hojas secas. Ellos se amontonan en los umbrales de las casas y en los bancos públicos. Buscan lugares que desprendan olor a vida. Vomitan. Ahuyentan las moscas agitando las manos. Caminan indiferentes sobre el vómito, el pus, los cadáveres. Evitan pisar los cuerpos agonizantes. Algunos resbalan en su propio vómito y ya no se levantan. Las tiendas, los cafés, los restaurantes están cerrados.

[Del relato "El vómito"]

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El loco de las rosas. Así lo llaman en el barrio. El poeta tullido es testigo.
El loco de las rosas vive con su madre en una chabola. Todas las mañanas se van a la ciudad y regresan por la tarde. La madre mendiga y él reparte las rosas entre las mujeres y las chicas guapas. No les pide nada a cambio. Compra las rosas con el dinero de su madre o las roba. Lo habían detenido y juzgado varias veces, pero los jueces, sensibles ante su locura por las rosas, no lo condenaban. Reserva siempre la última rosa para la mujer que vive en la planta baja. Un día, apiadándose ella de su locura, le tiró un pañuelo. Esa noche, él soñó con un inmenso campo de rosas donde loco de felicidad las recogía bajo una lluvia de pañuelos.
-Aquel día del pañuelo vale más que mil días. Desde ese día, la mujer es paz –repite a todos los que conoce.

[Del relato "El loco de las rosas"]

[Cabaret Voltaire. Traducción de Rajae Boumediane El Metni]