viernes, diciembre 04, 2015

Planos del otro mundo, de Ryan Boudinot


En breve colgaré el enlace a mi comentario sobre esta fascinante novela en Playtime, el suplemento del diario El Plural. De momento, y como es habitual, dejo aquí algunos extractos:

-[…] Sabes cómo funciona Bionet, ¿verdad?
-En realidad no. Tengo un implante provisional, más o menos. Sé que los de Urgencias recibirán una llamada por GPS si tengo un ataque al corazón.
-Exacto, así arrancó básicamente Bionet. Durante años la gente implantó chips en sus perros y gatos para que si estos salían por patas la Protectora de Animales pudiera leerlos y obtener un domicilio y un teléfono. En resumidas cuentas, así comenzó la cosa. Luego, cuando el mogollón de nacidos tras la Segunda Guerra Mundial empezó a meterse en asilos, a unos pocos se les implantó un chip con archivos que incluían sus historiales médicos completos. Mejor que llevar un brazalete con toda la información grabada a cincel. Posteriormente hubo otra oleada de innovación y estos implantes, aún extraordinariamente toscos para los niveles actuales, fueron conectados en línea mediante los rudimentarios sistemas inalámbricos y el Internet de la época. Era bastante fácil monitorizar la frecuencia cardíaca y transmitir los datos vía Internet. Luego, como has dicho, los implantes se mejoraron con software de ubicación geográfica y control de constantes vitales y ahora te atropella un camión y dos segundos después tu cuerpo llama a una ambulancia por ti. Bionet ha salvado vidas. Por eso quería ponerte al corriente. Ahora mediante los implantes podemos descargar hormonas, encimas y antígenos a distancia y poner nuestro sistema inmunitario a disposición de otras personas.

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-[…] Llevamos años colocando en las cabezas de voluntarios implantes que les hacen oír voces en otros idiomas, captar transmisiones telefónicas, emisoras de radio. Hemos estado tratando de conectar los lóbulos frontales con Internet para que todos puedan llegar a convertirse en su propia Wikipedia o, más bien, compartir su Wikipedia con otros a quienes hayan permitido su acceso.

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¿Y si tus pensamientos pudieran transmitir información sobre tu cuerpo a un servidor externo?

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Señala cualquier época y te mostraré plagas, guerra, esclavitud, genocidio. Hasta los supuestos buenos tiempos estuvieron teñidos de oscuridad. No hay ninguna época de catástrofes y hostias porque la catástrofe se ha dedicado desde siempre a repartir hostias. Recibir hostias está en la naturaleza del ser humano. Y aun así, como sea, aguantamos. Y poco a poco la vida mejora. Menos mujeres mueren en un parto. La esclavitud es abolida. Los niños ya no tienen que trabajar en fábricas. La expectativa de vida aumenta…

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En lugar de preguntar en qué clase de mundo vives, es hora de preguntar qué clase de mundo quieres.


[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]