miércoles, agosto 27, 2014

Mi isla, de Brendan Behan


Es repugnante que siempre haya gente dispuesta a atacar a los demás en vez de ocuparse de sus asuntos y cuidarse de su familia. Hay judíos que quieren atacar a los árabes, igual que antes había alemanes que querían atacar a los judíos. Hay irlandeses que quieren atacar a los ingleses, igual que hay ingleses que quieren atacar a todo el mundo. Hay alemanes que quieren atacar a todo el mundo multiplicado por dos y no sé si lo mejor para la seguridad de Europa, por lo menos, no sería devolver Alemania al statuo quo anterior a 1870 y dejar que se ataquen todos entre sí. O designar el Ártico, o mejor aún la Antártida, como el campo de batalla oficial para todo el mundo y que cualquier guerra que no tenga lugar allí se pueda declarar ilegal de inmediato. Ofrezco gratuitamente esta sugerencia al presidente Kennedy; quizás pueda usarla incluso a nivel interno, además de cómo puntal de su política exterior, pues me han dicho que en los estados sureños de Estados Unidos hay gente a la que no les gusta nadie; no les gustan los negros, no les gustan los católicos, no les gustan los judíos, no se gustan ni siquiera ellos mismos si hay que creer a Tennessee Williams, y en conjunto es muy difícil discernir quién les gusta.


[Marbot Ediciones. Traducción de Ramón Vilà Vernis]