viernes, julio 19, 2013

Zona, de Geoff Dyer


LA PELÍCULA: Stalker está fechada en 1979, pero no se estrenó en España hasta 1984. En esa época, cuando yo aún era niño, en uno de los cines de mi familia esta película de Andrei Tarkovski se estuvo anunciando durante meses, puede que años. Lo recuerdo perfectamente: en el rincón más sombrío del vestíbulo, en una zona casi siempre en penumbra, justo al lado de los servicios de caballeros, una vitrina mostraba el cartel español de Stalker (lo he puesto abajo, al final del post). Aquel cartel, raro e incomprensible (no quedaba muy claro si anunciaba una peli de terror o de suspense o de ciencia-ficción o de filmoteca), solía darme miedo. O quizá "miedo" no fuera la palabra. Me inquietaba, me jodía, cada vez que iba al servicio, toparme con ese cráneo calvo y esa mirada como de hombre prematuramente envejecido. Lo que no recuerdo es si llegué a ver la película cuando, finalmente, se estrenó. Tal vez entrara, viese unos minutos, no comprendiera nada y me saliese. En cualquier caso, antes de leer el libro de Geoff Dyer sobre Stalker, la vi (o revisé) en dvd hace unos días. Es una experiencia extraña. Se trata de un filme distinto, muy tedioso a ratos, con planos deslumbrantes, una obra poética y misteriosa que roza la ciencia-ficción pero va más allá, alcanzando significados profundos y abriendo las puertas a los enigmas. Lo que más me gusta es cómo Tarkovski filma el agua y el tiempo. El argumento es sencillo: en una vasta extensión de tierra rusa cayó hace tiempo un meteorito; el lugar, prohibido, se conoce ahora como la Zona; se dice que allí hay una Habitación donde se cumplen los deseos de quienes han fracasado y han perdido la esperanza; los stalkers son hombres capaces de guiar a las personas hasta esa Zona, donde el paisaje muta y es imprevisible. El protagonista, al que llaman Stalker, se convierte en el cicerone de un Profesor y un Escritor que han perdido la fe.

EL LIBRO: Si Stalker es, más bien, aburrida (y lo es, debemos reconocerlo; lo que no quita su valor cinematográfico y su embrujo y cómo la película aún da vueltas en tu cabeza después de verla), por el contrario Zona es un divertimento. Quiero decir con esto que se trata de la clase de libro que a mí algún día me gustaría escribir: parte del análisis de una película de culto y luego avanza… porque te habla del director, de los problemas de rodaje, de algunos significados del filme, y después va enlazando con citas literarias (Tony Judt, J. M. Coetzee, Miguel de Unamuno, Milan Kundera, Rilke, Don DeLillo…) y con alusiones cinematográficas (Herzog, Angelopoulos, Soderberg, Antonioni, von Trier…) y, además, cuenta experiencias propias (dónde vio Dyer la película, cuáles fueron sus primeras impresiones, por qué necesita escribir este libro…). El escritor británico va contando la película casi plano a plano, y al mismo tiempo descifra algunos de sus puntos oscuros y nos aclara algunos detalles que en televisión se nos escaparon. El subtítulo de Zona es: Un libro sobre una película sobre un viaje a una habitación. Es uno de los libros de cine más admirables que he leído. ¿Es necesario ver Stalker antes de leerlo? Quizá no. No estrictamente. Pero tras leer este ensayo querréis verla. Aunque os aburra. Tendréis la necesidad de hacerlo. 

Os dejo con algunos fragmentos:

A Antonioni le gustaban las tomas largas, pero Tarkovski las llevó un paso más allá. “Si se aumenta la duración media de un plano, te aburres, pero si sigues alargándolo, despierta tu interés, y si lo haces todavía más largo, emerge una cualidad nueva, una intensidad especial de la atención”. La estética de Tarkovski resumida. Al principio puede darse cierta fricción entre nuestras expectativas temporales y el tiempo de Tarkovski, y dicha fricción aumenta en el siglo XXI a medida que nos alejamos cada vez más del tiempo-Tarkovski hacia el tiempo-imbécil en el que nada dura –y nadie puede concentrarse en nada– más de un par de segundos. Pronto la gente no será capaz de ver películas como La mirada de Ulises de Theo Angelopoulos ni de leer a Henry James porque no tendrá la concentración necesaria para pasar de una escena interminable a la siguiente.

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(A veces pienso que el amor de los escritores por el dinero es más puro que el de los banqueros o el de los gestores de fondos de riesgo; solo los escritores serios aprecian de verdad la deliciosa e improbable perfección de que les paguen).


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Una vez más se deja sentir la imposible paradoja de la relación de Stalker con la Zona. La tónica de su vida es la esperanza, pero la Zona solo dejará pasar a aquellos que han perdido toda esperanza. Los stalkers, como descubriremos más tarde, tienen prohibido entrar en la Habitación. Prohibido, quizá, por su fe –su esperanza– en ella.

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Stalker no puede verse en la televisión por la sencilla razón de que la Zona es cine; en la tele ni siquiera existe. La prohibición se extiende más allá de Stalker, abarca cualquier cosa con algún valor cinematográfico. No importa si el televisor es de alta definición: el buen cine debe proyectarse. Es la diferencia, como explica John Berger, entre contemplar el cielo (“¿de dónde iban a venir las estrellas del cine más que del cielo?”) y fisgar dentro de un armario.

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Si bien es posible que Tarkovski se viera como un stalker –un mártir perseguido que nos lleva de viaje a la Zona donde se revelan verdades absolutas– también terminó identificándose con el destino.  



[Mondadori. Traducción de Cruz Rodríguez Juiz]