jueves, septiembre 08, 2011

Lugares, de Luis Miguel Rabanal


VII

A veces lo has ansiado exageradamente
y te conformas con volver a imaginar
el sitio donde estabas,
la edad verdadera de cuanto perdiste.
Amabas un cuerpo atisbando
desde Las Fuequinas la tarde.

En la distancia ella te informa
de que las nevadas no cubren aún,
no hay torva como cuando eras
pequeño, casi cincuenta años de amor
y cincuenta años de olvido.
A veces has ansiado la muerte.
Doblas tus dedos para que nada
malo les suceda
fuera de la inmensa soledad.

Abusa de ti la memoria, no ceja
en su obstinación de negarte
el mínimo consuelo que producen
las cosas consumadas: juguetes
con óxido, un beso infrecuente,
muchachas entristecidas por tu causa.

Si quieres mirarlos
van paseando al Ariego sin hablar,
él cuenta que un mastín
lleva muerto varios días
frente a La Utrera y ni da olor
de tanto frío como hace.

Crees saberlo.
Escenas recogidas en el álbum
impertinente, los hermanos de nuevo
se han tenido que ir, quien te amó
declina ahora su aprecio
desde la indiferencia extremada,
pobre de ti.
También le escuecen hoy al amanecer
los ojos al añorar pecados, bah.