domingo, marzo 20, 2011

Soy tan blanco que cuando palidezco desaparezco, de Iñaki Echarte Vidarte


Madrid


Madrid es una sombra que anida en mi alma.
Delicada flor marchita.
Brusca transformación en princesa.
Lúcida cuchillada en cuerpos ya carbonizados.
Embriagadora angustia que perece bajo mis pestañas.

Madrid viajó hasta mi alma el día que descubrí
que mi corazón estaba bañado en almíbar.
Chamuscado en la sartén de expectativas ajenas.
Comido por cuervos descendientes de sus ascendientes.
Maltrecho tras años escondido entre mis rejas.

Madrid se [me] perdió para siempre el día que comprendí
que sus calles pertenecían a aquellos que podían comprarlas.
Cuando me di cuenta que miles de poetas ya la habían perdido.
Cuando me enteré de que de ellos sólo quedaban, en algunos casos,
miles de sepulturas por toda la ciudad, con sutiles inscripciones
[siempre iguales, levemente modificadas],
a una altura en la que las miradas no se detienen jamás.
Cuando supe que mi habitación fue ocupada, antes, siempre antes,
por plumas, manuscritos, sexo e ideas superiores,
ocultas en el olvido ajeno.

Madrid es una sombra que anida en mi alma.
Un vano intento de maltrechas esperanzas.
Risas que ocultan leves deseos de chocolate.
Miradas que son, en realidad, pozos de desesperación.
Límites infranqueables, marcados por trajes vacíos, sucios y arrugados.

Madrid es una sombra que anida en mi alma.
Madrid es, ciertamente, un paso al vacío
De la estúpida idea (mía) de ser bohemio.