jueves, diciembre 18, 2025
La tierra hundida ya vuelve a levantarse, de M. John Harrison
Ésta es una de las novelas más enigmáticas que he leído en los últimos tiempos. Su prosa es difícil de definir: articula unas frases insólitas que, a ratos, me recuerdan a J. G. Ballard, Don DeLillo e Iain Sinclair: ya sabéis, ese misterio, esa complejidad.
La tierra hundida ya vuelve a levantarse carece de argumento como tal, en el sentido tradicional del término, y deja gran parte de lo que sucede a la imaginación del lector. Sigue a dos personajes (un hombre que ha estado deprimido y una mujer que busca un sentido a su vida) en entornos ingleses: trabajan, se mueven, se relacionan entre ellos y con otras personas, y de vez en cuando notan huellas y síntomas de algo confuso, algo que está cambiando, pero siempre relacionado con el agua: las lecturas (Los chicos del agua de Charles Kingsley es uno de los motores de la narración), los sucesos extraños que indican que podrían existir hombres-peces, la actitud anómala de algunos personajes...
Nunca se nos explica nada, y los lectores y los protagonistas sabemos lo mismo, es decir, poco: falta información y debemos suplirla rellenando huecos mientras la historia recorre lugares industriales, pubs británicos post-Brexit, ríos y estanques y aguas estancadas, recovecos donde la naturaleza parece estar muriendo pero por debajo hay algo que insiste en resucitarla.
[Editorial Sigilo. Traducción de Marcelo Cohen]
sábado, diciembre 06, 2025
Pájaro en el alambre, de Dario Džamonja
En 2024, gracias a Sajalín Editores, conocimos la obra de Dario Džamonja (1955 - 2001) a través de la publicación de Cartas desde el manicomio. Y en 2025 se traduce otro inédito: Pájaro en el alambre (el título alude a la canción "Bird on a Wire" de Leonard Cohen), un compendio de relatos breves publicados un año después de su muerte. Leer a Džamonja es un gustazo. La gran mayoría de sus historias, de tono autobiográfico, suceden en su entorno familiar, donde los suicidios son moneda común, donde el alcohol va minando a su narrador, donde la miseria araña hasta que aniquila las ganas de emprender cualquier cosa. Pero Džamonja manejaba con soltura el humor, y eso logra que los tragos sean menos amargos. En la web de la editorial se puede leer un relato completo, en el que relata su estancia en un hospital, y del que copio un fragmento como aperitivo:
Cada cierto tiempo sufría ataques de tos que duraban horas y me quitaban las escasas fuerzas que mi organismo conservaba aún. Eran tan intensos que me empezaban a doler las entrañas y no me dejaban pensar, hablar ni dormir.
En los brazos rígidos me clavaban agujas para el suministro intravenoso, pero yo no notaba nada en absoluto. Solo veía la indiferencia en los rostros de las enfermeras aburridas que me cambiaban las botellitas con un líquido amarillento. No respondían a mis preguntas, me odiaban a mí y a su trabajo, rumiaban que se merecían una vida distinta, mejor, y se comportaban como si yo fuese el culpable de que esa vida se les hubiese escapado…
Una noche, después de despertarme por un fuerte ataque de tos, me dije a mí mismo que las cosas no podían continuar de aquella manera. Quería huir. Como si fuese un animal herido, quería encontrar una madriguera donde morirme lejos de las miradas de los otros.
[Sajalín Editores. Traducción de Marc Casals]
viernes, noviembre 21, 2025
Antivirus y otros relatos sobre plagas y paranoias: enlaces y cubierta
Ésta es la cubierta de mi nuevo libro (Editorial Efe Eme).
A la venta online; 5% de descuento y sin gastos de envío: aquí.
En librerías a partir del 3 de diciembre. Distribuye Machado: aquí.
De la web de la editorial, copio y pego:
Antivirus y otros relatos sobre plagas y paranoias reúne una colección de textos en la que fluye el singular estilo narrativo de José Ángel Barrueco. Son historias incisivas protagonizadas por los poderosos personajes que crea, demostrando por qué es uno de los nombres más valiosos de la literatura alternativa, a la que rinde culto sin esconder su devoción por Jack Kerouac, John Fante, Raymond Carver, Stephen King, Tarantino, Robert Rodríguez o Sergio Leone. Consiguiendo que convivan realismo sucio, toques de wéstern, humor y sarcasmo, pero también sensibilidad y reflexión a raudales.
Dividido en tres partes, este volumen arranca con el mismísimo doctor Mengele, los trapichas Black Pollón y Jim Chino en medio de una operación narcótica o las peripecias de Johnny el Turbio y Pájaro, que tratarán de hacerse con un poco de droga sin un euro en el bolsillo. De ahí saltamos a ese momento en el que un escritor bohemio recurre a un trabajo convencional para poder pagarse el dentista, la pérdida de un ser querido o la historia tan profunda como contundente de “El espíritu de Svevo Bandini”.
¿Y qué hacer ante un problema que acaba convirtiéndose en obsesión donde ninguna solución lógica funciona? Es lo que nos propone “Pico de chinche”, donde relata en primera persona su propia desesperación al ver su casa ocupada por cantidades inabarcables de estos insectos en días veraniegos de pandemia. Le seguimos en sus reflexiones, miedos e impotencia. Un texto casi kafkiano del que no se puede escapar y que consigue encerrar al lector en la mente angustiada del propio autor, envolviéndonos a su vez en un episodio cuya conclusión queremos conocer entre inevitables picores.
Una madre trabajadora, de Agnes Owens
Tras leer este libro me pregunto por qué nadie había publicado aquí a Agnes Owens, escritora escocesa venerada por Ali Smith, Douglas Stuart y Alasdair Gray. Temáticamente me recuerda a las obras de Andrea Dunbar (alcohol a raudales, problemas económicos, encuentros sexuales insatisfactorios, familias en crisis), pero estilísticamente me recuerda a Serguéi Dovlátov (porque utiliza el humor de la misma manera, con frases cortas y muy directas, añadiéndole humor al drama de la vida).
Cuenta la historia de Betty y cómo empieza a trabajar como mecanógrafa porque en casa no entra el dinero. Tanto ella como su marido son esclavos del alcohol y cada vez se soportan menos aunque suelen emborracharse juntos y de vez en cuando se encaman y ella también mantiene relaciones con el mejor amigo de él, que es otro perdedor sin trabajo y sin aspiraciones. Owens introduce cada poco descripciones de las resacas y el agotamiento y lo clava: Brendan se pasó casi todo el día en el sofá, como una ballena condenada a morir. Como si no bastara, su jefe es un tipo muy mayor a quien se le va la mano al muslo. Aún soy joven, y esta no es vida para una madre trabajadora, llega a lamentarse Betty. Estupenda novela.
[Muñeca Infinita. Traducción de Blanca Gago]




















