martes, octubre 08, 2019

Ya a la venta: De Arrebato a Zulueta


Copio y pego de la ficha de Trama Editorial:

Solaris Núm 1: De Arrebato a Zulueta

«¿Tú sabes qué hacer con la Pausa?», pregunta Pedro P. (Will More), pero, ¿qué es la Pausa? ¿En qué consiste estar “colgado en plena pausa, arrebatado? Arrebato (1980), la obra maestra de Iván Zulueta, nos interroga en lo más íntimo, lo que nos detiene frente a las imágenes, nos suspende, nos sustrae de toda conciencia para dejarnos «en plena fuga». Una película con teoría propia que 40 años después de su rodaje sigue revelando algo de nuestra propia relación con el cine, con la infancia, con nuestras tentaciones y debilidades autodestructivas, y todo mediante un enigmático e irreductible elemento central nacido de los abismos de Zulueta: el arrebato.

Pero, ¿hasta dónde alcanza la potencia intelectual y cinematográfica del fenómeno? ¿Qué se juega en esa Pausa que alcanza el mecanismo más intenso y adictivo del cine? En definitiva, ¿qué secreto viaje propone Zulueta del que no podemos, ni siquiera él, volver indemnes?

De Arrebato a Zulueta reúne los textos de experimentados analistas y escritores de cine, pensadores de distintas áreas y disciplinas, profesionales del cine y de la psicología, para desplegar, inteligibilizar y desentrañar, o todo lo contrario, los núcleos resistentes de este film inolvidable en cuyos hallazgos se cifra la experiencia más deseada de la auténtica cinefilia.

Coordinación: Marta Villarreal y Ricardo Sánchez.

Contenidos:

• Mientras los dioses están cubiertos totalmente por el fuego. Imágenes y arrebato
Aarón Rodríguez Serrano

• El arrebato y el desdoblamiento
Israel Paredes

• Arrebato: La vida en pausa
Irene de Lucas Ramón

• Arrebato: Un hombre que duerme
José Ángel Barrueco

• Sobre la estructura y la voz-over en Arrebato
Eva Parrondo

• Arrebatos rojos
Raúl Álvarez

• El chico que soñó con parar el tiempo
Carlos Tejeda

• Darse a la fuga: una poética del exceso
José Alberto Raymondi

• El hombre de los adentros
Eugenio Castro

• Los hilos sutiles de Arrebato
Carlos Atanes

Parasite: cartel español


En Playtime / El Plural: Evan Dara



La cadena fácil: aquí.

Cartel de The King's Man


Próximamente: Por los aires



Edición y selección de Stephen King y Bev Vincent. En DeBolsillo.

Cartel de Everybody's Everything


The Gentlemen: primer cartel


La cadena fácil, de Evan Dara



Hace unos días salió mi comentario sobre esta novela en El Plural, así que me conformo con dejar en este post un fragmento de las primeras páginas:

-Al  volver  de  Groningen,  a  Lincoln  le  dio  por  otra  cosa. Comenzó a pasar días, luego fines de semana, luego más, en Ruigoord, un pueblo enteramente okupa a media hora a dedo, o a veinte minutos en el bus 82 de Ámsterdam. Sin proponérselo mucho, la concepción original de Ruigoord –sus casas de madera y la iglesia con campana-rio, las avenidas arboladas y las hamacas en verano–  había surgido en un pólder ventoso de un siglo de antigüedad; llegada la década de 1950 se había convertido en una comunidad de 600 almas. Pero a comienzos de la expansión de  los  60,  la  aldea  se  enfrentó  a  su  fin  por  la  autoridad  portuaria de Ámsterdam. El puerto más grande del mundo, Rotterdam, estaba a quince kilómetros, pero Ámsterdam quería uno propio y acarició la idea de inundar Ruigoord para conseguirlo. Antes que de agua la zona se llenó de indignación y protestas, y tres décadas después la idea había sido arrinconada; pero en el ínterin el pueblo se vio atravesado por amplias autopistas, y los terrenos adyacentes se convirtieron en arena. Durante la espera de esos treinta años, sucedió lo inevitable: los habitantes salieron pitando, las casas fueron derribadas a hachazos, la localidad se convirtió en un limbo. Finalmente, en 1973, los últimos resistentes abandonaron Ruigoord y el pueblo quedó al cargo de sus auténticos nativos. El viejo guarda, por entonces de setenta años, asistió a la entrega de llaves de la iglesia, por parte del último sacerdote del pueblo, a dos artesanos de Ámsterdam, Hellinga y Plomp, con las palabras Aquí tenéis. Y allí sería...
Enseguida,  toda  casa  en  pie  fue  ocupada  por  okupas,  muchos en busca de espacio para talleres, muchos disfrutando de dicho espacio más sitio para una galería a pie de calle. No era más que una localidad diminuta –un campanario,  una  o  dos  calles,  solares  en  la  periferia  y  poco  más–, pero Ruigoord se abrió camino en silencio, ganándose el afecto como último reducto sin supervisión de Holanda.  Una  tarde,  una  cafetería  rodante  se  asentó  en  un  solar y al poco contó con Lincoln como cliente. Siempre que podía ir a Ruigoord, iba. Sin otro propósito, dijo, que ver a los melenudos sacar sus letreros escritos a mano y para ayudar, cuando le llamaban, algo que comenzó a ocurrir enseguida, a acarrear cosas y soldar. Casi cada noche que lo buscaba, alguien le dejaba un colchón, un sofá, un saco de dormir o un techo a puerta cerrada...Cuando no estaba en Ruigoord, Lincoln llevaba el espíritu de Ruigoord por Ámsterdam. Se interesó en política okupa, y lavaba platos en De Peper, un restaurante okupa que ofrecía comidas veganas por cuatro perras; o menos, si no tenías las cuatro. Pasaba bastantes noches en el Bimhuis de Oude Schans, escuchando a improvisadores como Willem  Breuker,  Guus  Janssen  y  Piep  Knor,  y  una  vez,  importado de Amherst, América, a Archie Shepp; aunque, por encima de todo, adoraba a Han Bennink, el descacharrante batería que utilizaba el mundo como caja de resonancia, y que, para Lincoln, era prueba irrefutable de que vivir merece la pena, de que la vida es alegría. Y, en casa, escuchaba sin pausa las evoluciones de las primeras pistas de The Art of the Improvisers, de Ornette, y la presciente y espaciosa "Lock ‘Em Up" de Mingus...


[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]       


The Laundromat: nuevo cartel


No Time to Die: primer cartel


En Aleteia: Ad Astra



Cartel de Klaus


domingo, septiembre 29, 2019