martes, diciembre 20, 2016

Próximamente: Los días de Jesús en la escuela


De J. M. Coetzee. En Random House.

De regreso a nosotros, de Ana Pérez Cañamares


Te presentí igual
que se adivina el mar:
el vértigo de un hueco
que se abre entre montañas

tú no le sumas al mundo
tú le quitas lo que sobra.

**

Me tocas como lee
un ciego el Quijote

al final de la lectura
no sabemos quién es libro
quién loco, quién lector
quién la obra maestra
de quién.

**

Varios segundos al día
por tus ojos cruza un niño

te ríes con la insolencia
de los diecisiete años

cuando te tumbas escucho
el crujir de tu esqueleto

esta tarea me impongo:
estar atenta a tus edades
para vivir lo que no me permite
la lógica ley del tiempo.

**

Nos casamos sin tener un motivo
como los que se casan por amor

para apreciar el brillo de la hierba
para intuir el mar detrás de la autopista

por regalarnos una tarde entera
y por una vez no añorar la lluvia

¿por qué te casas?, te pregunté, y dijiste
para que lo sepa todo el mundo

¿por qué me caso?, me pregunté, y lo supe
cuando los versos de Rich te hicieron llorar

también, esto lo descubrí más tarde
para usar como escudo y armadura
una foto sonriente de los dos.


[Ya lo dijo Casimiro Parker]

The Lego Batman Movie: 6 carteles







Cartel de Dying Laughing


lunes, diciembre 19, 2016

Blade Runner 2049: primer trailer



Próximamente: Knockemstiff & El banquete celestial


De Donald Ray Pollock. En Random House.


viernes, diciembre 16, 2016

En Playtime / El Plural: Steve Erickson



Días entre estaciones: aquí.

Life: primer cartel


Días entre estaciones, de Steve Erickson


-¿La película? –dijo ella.
Y él le habló de la película, de salir corriendo de la sala ante la vista, advirtió más tarde, de su madre, y ante la comprensión, a la que de algún modo llegó enseguida, de que aquella obra era suya. Fue así como supo, por aquello y por los recuerdos en sueños, que era hijo de una francesa, nacido en algún lugar de Francia, y que una noche de cuando era muy pequeño sus dos hermanos gemelos se habían ahogado. Y que el hermano de su madre era un productor de Hollywood que le odiaba por algún motivo que nadie le contaba. Y que la hostilidad de su tío y el terror de su tía le habían empujado a marcharse en cuanto pudo. Ella le preguntó si había vuelto a ver la película. él le dijo que no, pero que cabía que la viese en cualquier momento, pues había caído en su poder al cruzarse con un baúl de efectos personales en cuyo interior, bajo libros y papeles, la encontró en su envase metálico. Aquel día pensó en destruirla, y desde entonces lo pensaba a diario, pero en vez de ello se dedicaba a mirarla colocada en un estante, como si fuese un objeto poseído capaz de lanzarlo al otro lado de la habitación si lo tocaba.

**

Cuando despertó, en mitad de la noche, le pareció que ella estaba ahí. Desde que había visto la película, Adolphe se debatía con un recuerdo que era incapaz de ubicar; se sentía atrapado en una urdimbre de memoria. Repasó una y otra vez su pasado, en busca de aquel día o mes en que volvió a encontrarla, recorriendo los pasillos de aquella vieja casa. Se incorporó en la cama y sacudió la cabeza. No dejaba de preguntarse por qué lo había bloqueado. Por qué se había permitido seguir pensando que la última vez que la había visto fue el día de las Tullerías, cuando de hecho allí estaba, en celuloide, años después, triste y sola. Concluyó que, si le había permitido filmarla de aquella manera, era que le había perdonado. O quizá era que ya no le recordaba.


[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores]

Cartel de The Party


miércoles, diciembre 14, 2016

La ola que regresa (Poesía reunida), de Fabio Morábito



SEIS LAGARTIJAS

I

¿Quién escribe en los muros?
¿Quién inventa los chistes?
¿Quién sella los refranes?

Es un puro regalo
que todos nos hacemos
esa escritura nómada,

anónima, interior,
que todos entendemos.
Una ciudad sin ella

no es nada, está bien muerta,
el exterior la come,
ya no se vive a sí,
ya no es capaz de un nombre.

II

La ciudad tiene lugares
donde no sucede nada,
lotes baldíos ocultos

tras una barda. Afuera,
un número de teléfono
se despinta, nadie compra.

Protegidos por el muro,
asciende la lagartija,
se espesa el matorral entre

basuras. Si hay otra vida,
que sea así. Atrás de un muro
ser sólo botellas rotas,
latas rendidas de lluvia.

**

EMIGRANTES

Los tíos se mueren lejos,
en medio está el Atlántico,
los primos envejecen.
Desde hace años
no nos mandamos otras fotos
que las de nuestros hijos.
Ya no tenemos nada que decirnos.
Qué enorme goma de borrar
es el océano,
con más verdad
que todas las promesas.
Ahora, si escribiera,
escribiría a los que ya murieron:
a Ettore, por ejemplo,
o a mi tío Roberto;
se han vuelto los parientes
más cercanos,
se han vuelto transparentes.
Tal vez espero
que los otros mueran
para amarlos,
para entenderlos,
para decir
crucé el Atlántico de veras.

**

A TIENTAS

Cada libro que escribo
me envejece,
me vuelve un descreído.
Escribo en contra
de mis pensamientos
y en contra del ruido
de mis hábitos.
Con cada libro
pago un viaje
que no hice.
En cada página que acabo
cumplo con un acuerdo,
me digo adiós
desde lo más recóndito,
pero sin alcanzar a ir muy lejos.
Escribo para no quedar
en medio de mi carne,
para que no me tiente el centro,
para rodear y resistir,
escribo para hacerme a un lado,
pero sin alcanzar a desprenderme.


[Fondo de Cultura Económica]


Próximamente: Según venga el juego


De Joan Didion. En Random House.

Cartel de Jasper Jones


Cartel de Wheeler


lunes, diciembre 12, 2016

Nominaciones a los Globos de Oro 2017


Lista completa: aquí.


Dunkirk: primer cartel


Rock Springs, de Richard Ford


-[…] No piensas correctamente, ¿lo sabes, Earl? Crees que el mundo es estúpido y tú eres muy inteligente. Pero no es así. Me das pena. Podrías haber llegado a ser alguien, pero las cosas se te torcieron en alguna parte.
[Del relato "Rock Springs"]

**

-¿Qué piensas todas las noches cuando te metes en la cama conmigo? No sé por qué, pero el caso es que quiero saberlo –dijo Arlene–. A mí me parece importante.
Y la verdad es que no tuve que pensar en absoluto la respuesta porque ya la conocía; ya había pensado en ello, y me había preguntado si mi respuesta se debía a la época que estaba atravesando, o a la existencia de un ex marido, o a que tenía una hija a quien educar yo solo y nadie más de quien pudiera estar totalmente seguro.
-Lo único que pienso –dije– es que ha pasado otro día. Un día que he pasado contigo. Y que ha quedado atrás.
-Y en eso hay como una pérdida, ¿no es cierto? –Arlene movió la cabeza y me sonrió.
-Supongo que sí –dije yo.
-Pero después de todo no es tan malo, ¿no crees? Puede haber un día siguiente.
-Es cierto –dije.
-No sabemos adónde nos lleva todo esto, ¿verdad? –dijo Arlene, y me apretó con fuerza la mano.
-No –dije.
[Del relato "Novios"]

**

De alguna manera, quién sabe por qué, tus decisiones un día dan un vuelco y pierdes tu dominio de las cosas. Y un día te despiertas y te encuentras en la situación en la que juraste que jamás te encontrarías, y ya no sabes qué es para ti lo más importante en este mundo. Y después de eso, todo ha acabado. Y yo no quería que a mí me sucediera; jamás pensé, de hecho, en la posibilidad de que llegara a sucederme. Sabía el significado del amor. El amor era no crear problemas, no ponerse en situación de crearlos. Era no dejar a una mujer porque se ha puesto el pensamiento en otra. Era no llegar nunca a estar donde se juró que nunca se estaría. Y no era vivir aislado, estar solo. Eso nunca. Nunca.
[Del relato "Novios"]

**

Todo el mundo se estaba quedando sin trabajo. Eran malos tiempos en aquella parte de Montana, y la cosa no tenía trazas de cambiar.
[…]
No había nada que hacer. Ver la televisión. Ir al bar. Bajar paseando hasta Clark Ford y ponerme a pescar donde habían hecho un pequeño parque. Buscar la forma de pasar el tiempo. La gente piensa que le encantaría tener libre todo el santo día, pero no es más que un espejismo. Yo me sentía contra las cuerdas, no sabía lo que iba a ser de mí al cabo de una semana, y eso es algo que te obsesiona y hace difícil cualquier alegría. A nadie le puede gustar eso.
[Del relato "Letal invierno"]

**

Lo que voy a contar sucedió cuando yo tenía tan sólo quince años, en 1959, el año en que mis padres se divorciaron, el año en que mi padre mató a un hombre y fue a la cárcel por ello, el año en que dejé mi casa y el colegio, mentí acerca de mi edad para engañar al ejército y ya no volví más. El año, dicho de otro modo, en que la vida cambió para todos nosotros para siempre –en que, a decir verdad, concluyó de un modo que jamás habríamos llegado a imaginar ni en nuestros sueños más locos.
[Del relato "Optimistas"]

**

Mi padre me miró con sus ojos azules oscuros y frunció el ceño. Y entonces, por primera vez, deseé que mi padre no hubiera hecho lo que había hecho, y que hubiera resuelto las cosas de otra manera. Lo vi como un hombre que cometía errores, un hombre que podía hacer daño a los demás, arruinar vidas, poner en grave riesgo la felicidad ajena. Un hombre que no entendía lo bastante las cosas. Era como un jugador, aunque en aquel tiempo yo no supiera siquiera lo que era ser un jugador.
[Del relato "Optimistas"]

**

Starling llevaba sin trabajo seis meses; una temporada de ventas completa y parte de la siguiente. Era vendedor en el ramo inmobiliario, y no había estado parado tanto tiempo en toda su vida. Al cabo de cierto período de inactividad, empezó a preguntarse si uno no llegaría a olvidar cómo trabajar, a olvidar los pormenores de su oficio, y hasta su razón de ser. Si uno llegaba a tal estado, corría el riesgo de no volver a encontrar trabajo en lo que le quedaba de vida. De convertirse en una estadística: el desempleado crónico. La idea atormentaba a Starling.
[Del relato "Fuegos de artificio"]


[Anagrama. Traducción de Jesús Zulaika]

Certain Women: cartel francés


Silence: nuevo cartel


viernes, diciembre 09, 2016

En Aleteia: 100 años de Kirk Douglas


Mi texto sobre el protagonista de Los valientes andan solos: aquí.

A United Kingdom: nuevo cartel


miércoles, diciembre 07, 2016

Cerco, de Carl Frode Tiller


Levanto la vista, automáticamente echo la cabeza hacia atrás y miro al techo. Gracias, Dios, digo en voz baja, pronuncio un callado agradecimiento y luego trago saliva y espero un poco. Siento un tirón en las comisuras de los labios que me dibuja una pequeña sonrisa y luego enderezo la nunca y vuelvo a mirar de frente, sonrío y noto que el cuerpo se me colma de alegría y gratitud, ahora voy a escribir un correo electrónico para enterarme de cuál es la mejor manera de ayudar a David, no está claro que me quede mucho tiempo, según el doctor Claussen podría ser un mes o podría ser medio año, pero el tiempo que me quede quiero usarlo para ayudar a David. Para ayudar a David y para ayudarme a mí mismo, murmuro. Porque ayudando a David, me ayudo también a mí, tener a alguien por quien vivir es lo que nos convierte en personas, es una banalidad, pero es cierta, cuando no tenemos a nadie por quien vivir dejamos de existir, el viejo Arvid desapareció al perder a sus seres más queridos y solo podía resucitar con la ayuda de Dios, ha sido al honrar a Dios y su creación cuando he resucitado, eso de amar al prójimo como a ti mismo es lo mismo que honrar lo que Dios ha creado y lo que Dios es, y solo así puedes salvarte a ti mismo.

**

Es una banalidad, pero es cierto: cuando ya no hay nadie que pueda documentar nuestra vida, cuando ya no hay nadie capaz de contar anécdotas sobre nuestra cabezonería o sobre nuestro mal humor mañanero, cuando ya no hay nadie que nos ría las gracias o se enfade con nuestro mal humor, cuando ya no hay nadie que nos recuerde quién somos y nos anime a ser quien podemos ser, nos derrumbamos y desaparecemos.


[Sajalín Editores. Traducción de Cristina Gómez-Baggethun]

Cartel de The Last Face


En Playtime / El Plural: Carl Frode Tiller



Cerco: aquí.

The Circle: primer cartel


Cartel de Raw


Live by Night: 2º cartel


domingo, diciembre 04, 2016

Bienvenidos a Metro-Centre, de J. G. Ballard


Los barrios residenciales de la periferia sueñan con la violencia. Dormidos dentro de sus amodorrados chalés, protegidos por benévolos centros comerciales, esperan con paciencia las pesadillas que los despertarán en un mundo más apasionado…

**

El tráfico hacia Brooklands era más lento y llenaba la autopista de seis carriles construida para atraer a la población del sureste de Inglaterra hacia el Metro-Centre. Dominando el paisaje circundante, la inmensa bóveda de aluminio albergaba el centro comercial más grande del Gran Londres, una catedral del consumismo cuyos fieles superaban con creces a los de las iglesias cristianas.

**

El consumismo dominaba la vida de sus habitantes, que parecían estar comprando todo lo que hacían.

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-[…] Tengo que volver a buscar el coche.
-¿El coche? –Fairfax quitó importancia a eso con un ademán. Bajó la voz, como si las sombras de la plaza desierta pudieran oírlo–. Mire a su alrededor, señor Pearson. Nos enfrentamos a un nuevo tipo de hombre y mujer: de mentalidad estrecha, pasivos, apretando en la mano las tarjetas de las tiendas. Creen todo lo que les dicen personas como usted o como yo. Quieren que los engañen, quieren que los lleven a comprar la última basura. Su educación proviene de los anuncios publicitarios de la televisión. Saben que las únicas cosas que tienen algo de valor son las que pueden meter en una bolsa. Ésta es una zona de peste, señor Pearson. Una peste llamada consumismo.

**

Eran alegres pero curiosamente amenazadores, como si celebrar el fútbol fuera para ellos la última esperanza violenta de la sociedad.

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Como todos los grandes centros comerciales, el Metro-Centre aliviaba el malestar, desactivaba su propia amenaza y ofrecía un bálsamo a los cansados.

**

-Lo siento. Dígame, señor Kumar, toda esa violencia… ¿de dónde cree que sale?
-¿Del Metro-Centre? Es posible.
-¿Cómo? No es más que una tienda grande.
-Es más que una tienda, señor Pearson. Es una incubadora. La gente entra allí y se despierta, y ve que su vida está vacía. Así que busca un nuevo sueño…

**

-[…] Hay una enorme cantidad de violencia en la calle. La gente no lo sabe, pero se aburre soberanamente. El deporte es un gran síntoma. Si el deporte desempeña un gran papel en la vida de la gente es porque la gente está mortalmente aburrida y esperando para romper los muebles.

**

-¿Para qué sirve la libertad de expresión si uno no tiene nada que decir? Seamos realistas, la mayoría de las personas no tienen nada que decir, y lo saben. ¿Para qué sirve la intimidad si no es más que una prisión personalizada? El consumismo es una empresa colectiva. Aquí la gente quiere compartir y celebrar, quiere reunirse. Cuando vamos de compras participamos en un ritual colectivo de afirmación.
-Entonces, ¿ser moderno ahora significa ser pasivo?
[…]
-¿Y el consumismo?
-Celebra el acercamiento. Compartir sueños y valores, esperanzas y placeres. El consumismo es optimista y progresista. Naturalmente, nos pide que aceptemos la voluntad de la mayoría. El consumismo es una nueva forma de política de masas. Es muy teatral, pero eso nos gusta. Nace de la emoción, pero sus promesas no son retórica hueca sino algo que está a nuestro alcance. Un nuevo coche, una nueva herramienta automática, un nuevo reproductor de CD.
[…]
-¿Y la política exige un flujo constante de regalos? ¿Un nuevo hospital, una nueva escuela, una nueva autopista…?
-Exacto. Y ya sabemos lo que sucede con los niños que nunca reciben un juguete. Hoy todos somos niños. Nos guste o no nos guste, sólo el consumismo puede mantener unida a una sociedad moderna. Toca los resortes adecuados.
-Entonces… el liberalismo, la libertad, la razón…
-¡Fracasaron! La gente ya no quiere que apelen a ella mediante la razón. –Sangster se inclinó e hizo rodar la copa de jerez sobre el escritorio, como esperando a que se levantara por sus propios medios–. El liberalismo y el humanismo son un freno enorme para la sociedad. Explotan la culpa y el miedo. Las sociedades no son más felices cuando la gente ahorra sino cuando gasta. Lo que necesitamos ahora es un tipo de consumismo delirante, como el que se ve en los salones del automóvil. La gente tiene ansias de autoridad, y sólo el consumismo se la puede dar.

**

-[…] La mayoría de las personas no se dan cuenta de lo violentas que son. O de lo valientes que son cuando están acorraladas.

**

-[…] La gente nunca es tan peligrosa como cuando sólo le queda creer en Dios.

**

-[…] Creemos que podemos elegir, pero todo es obligatorio. Si no seguimos comprando fracasamos como ciudadanos.

**

Ninguno me miraba ni parecía tener conciencia de que yo encabezaba la marcha. Se comportaban como viajeros de un tren de cercanías en una atestada estación de ferrocarril, que siguen a cualquiera que haya encontrado un hueco entre el apiñamiento. Había entrado en juego la especial geometría interna de la multitud, que sigue a uno y después a otro. Aparentemente pasivos, se reagrupaban y cambiaban de dirección siguiendo una lógica nada clara, una especie de baba que se deslizaba por pendientes de aburrimiento y de falta de rumbo.

**

-Eso está bien… el Metro-Centre necesita ayuda.
-Y tú tienes exactamente lo que necesita. Un nuevo tipo de política está naciendo en el Metro-Centre, y tú ocupas el lugar perfecto para conducirla.
-En algún momento, quizá…
-Ahora. Te veo como el hombre del mañana. El consumismo es la puerta al futuro, y tú estás ayudando a abrirla. La gente acumula capital emocional de la misma manera que guarda dinero en el banco, y necesita invertir esas emociones en una figura que la conduzca. No quiere un fanático con botas militares vociferando en un balcón. Quiere un presentador de televisión que dirija un debate en el estudio y que hable con tranquilidad de las cosas que a ellos les importan en la vida. Es un nuevo tipo de democracia, en la que no votamos en la urna sino en la caja registradora. El consumismo es el recurso más importante jamás inventado para controlar a la gente. Nuevas fantasías, nuevos sueños y antipatías, nuevas almas que curar. Por alguna extraña razón llaman a eso "ir de compras". Pero la verdad es que se trata de la forma más pura de la política. Y tú vas a la cabeza de todo eso. De hecho, podrías prácticamente gobernar el país.

**

-¿Qué es entonces la nueva política?
-Lo imprevisible. Mostrarte agradable la mayor parte del tiempo, pero de vez en cuando, en el momento menos esperado, volverte desagradable. Como un marido aburrido y cariñoso con una faceta cruel. La gente se quedará boquiabierta, pero los índices de audiencia subirán vertiginosamente. Cada cierto tiempo tienes que soltar alguna señal de locura, un poco de psicopatología lisa y llana. Recuerda que hoy la gente sólo puede comunicarse mediante el sensacionalismo y la psicopatía. Tus televidentes no tardarán en tomar gusto a la verdadera locura, sea un producto o un movimiento político. Anima a la gente a enloquecer un poco: eso hace que las compras y las aventuras sentimentales se vuelvan más interesantes. De vez en cuando la gente quiere que alguien la discipline, que le dé órdenes.
-Exacto –Cruise dio una palmada al brazo de la tumbona y escuchó el eco que resonó alrededor de la piscina–. Quiere que la castiguen.
-Que la castiguen y la quieran. Pero no como lo haría un padre justo, sino más bien un carcelero temperamental que observa entre rejas. A la gente que no va directamente a la sección de muebles o a pagar la nueva tarjeta de fidelidad le espera una seca bofetada.
-Entonces se marchará.
-No. La gente necesita que la maltraten un poco. El masoquismo está de moda y lo ha estado siempre. Es la música ambiental del futuro. La gente quiere disciplina, y quiere violencia. Quiere, sobre todo, violencia estructurada.

**

-[…] Yo quizá les dé un poco de cuerda, pero las multitudes quieren sangre.

**

-Muy bien. Llegó la hora de que los pacientes cuiden a los médicos: eso es, en pocas palabras, el siglo XXI.


[Ediciones Minotauro. Traducción de Marcial Souto]   

Cartel de Almost Paris


Cartel de Aundiya


viernes, diciembre 02, 2016

jueves, diciembre 01, 2016

Crónicas. Volumen I, de Bob Dylan



En cierta ocasión me preguntó por qué utilizaba un nombre distinto cada vez que tocaba, sobre todo en las ciudades vecinas. ¿Acaso no quería que la gente supiera quién era?
-¿Quién es Elston Gunn? –me preguntó–. No serás tú, ¿verdad?
-Ah –respondí–, ya lo verás.
Lo de Elston Gunn era sólo temporal. Tan pronto como me fuera de casa me haría llamar Robert Allen. Por lo que a mí respectaba, ése era yo, así me habían puesto mis padres. Sonaba como el nombre de un rey escocés y me gustaba. Reflejaba bien mi identidad. Pero luego me desconcertó un artículo en la revista Downbeat que hablaba de un saxofonista de la Costa Oeste llamado David Allyn. Sospechaba que el músico había cambiado la ortografía de Allen por Allyn. Ya veía por qué. Resultaba más exótico, inescrutable. Yo haría lo mismo. En lugar de Robert Allen, sería Robert Allyn. Pero poco tiempo después, inesperadamente, leí unos poemas de Dylan Thomas. La pronunciación de Dylan y de Allyn era muy similar. Robert Dylan. Robert Allyn. No acababa de decidirme. La letra D tenía más fuerza. Sin embargo, el nombre Robert Dylan no era tan atractivo a la vista ni al oído como Robert Allyn. La gente siempre me había llamado Robert o Bobby, pero Bobby Dylan me parecía algo cursi, y además, ya estaban Bobby Darin, Bobby Vee, Bobby Rydell, Bobby Neel y muchos otros Bobbies. Bob Dylan sonaba y era mejor que Bob Allyn. La primera vez que me preguntaron mi nombre en Saint Paul, Mineapolis, instintiva y automáticamente solté: "Bob Dylan".

**

[El poeta laureado Archibald] MacLeish afirmó que me consideraba un poeta de verdad, que mi obra sería piedra de toque para generaciones venideras, que yo era un poeta de posguerra de la Edad de Hierro, aunque aparentemente había heredado algo metafísico de una era perdida. Apreciaba mis canciones por su compromiso social, y según él teníamos mucho en común y yo pasaba de ciertas cosas con la misma actitud que él.

**

Años atrás, Ronnie Gilbert, miembro de The Weavers, me había presentado en el Festival de Folk de Newport diciendo: "Y aquí lo tenemos… Tomadlo, ya lo conocéis, es todo vuestro". […] ¡Menuda idiotez! A la mierda. Por lo que yo sé, no pertenecía a nadie entonces ni pertenezco a nadie ahora. Tenía una esposa e hijos a los que quería más que a nada en el mundo. Intentaba mantenerlos y ahorrarles problemas, pero los moscones de la prensa seguían proclamándome el portavoz, el defensor e incluso la conciencia de una generación. Qué divertido. Todo lo que había hecho era cantar canciones que expresaban sin ambages una realidad nueva e imparable. Tenía muy poco en común con la generación a la que se suponía que daba voz, y la conocía aún menos. Había dejado mi ciudad natal hacía sólo diez años, no estaba vociferando las opiniones de nadie. Mi destino se encontraba al final de un camino por el que me llevaba la vida y no tenía nada que ver con propugnar un tipo concreto de civilización. Se trataba simplemente de ser coherente. Me sentía más vaquero que el Flautista de Hamelin.

**

Me daban igual las opiniones de la gente, ya fueran buenas o malas; no me comía la cabeza con aquello. Por otro lado, no tenía un público concreto en mente. Lo que me interesaba era seguir recto hacia delante, y eso hice. El camino por recorrer siempre está plagado de seres sombríos con los que hay que lidiar de un modo u otro.


[Global Rhythm Press. Traducción de Miquel Izquierdo]

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Cartel de The Comedian