viernes, noviembre 11, 2016

En Playtime / El Plural: Edna O'Brien



Las sillitas rojas: aquí.

Free Fire: nuevo cartel


Las sillitas rojas, de Edna O'Brien


Eran gente nocturna, a un paso de los fantasmas, y desconocidas entre sí. Algunas estaban casadas, según adivinó por las alianzas, y muchas tenían hijos que, contraviniendo las normas, llamaban en mitad de la noche para dar parte de alguna crisis. Las madres, sabiendo que las llamadas estaban prohibidas, remoloneaban por las esquinas para atender el teléfono. Muchas habían huido del horror, de países a los que jamás regresarían, mientras otras aún añoraban su tierra. Todas atesoraban los recuerdos y la esencia de su primer lugar en el mundo, que no compartían con nadie.

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No conocemos a los demás. Son un enigma. No podemos conocerlos, y menos aún a los más íntimos, porque las costumbres nos confunden y la esperanza nos ciega ante la verdad.

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Resulta increíble la cantidad de palabras que existen para decir "hogar", y la música brutal que pueden llegar a desencadenar.


[Errata Naturae. Traducción de Regina López Muñoz]

Cartel de Beauty and the Beast


Francisco Nieva (1924 - 2016)


martes, noviembre 08, 2016

En Aleteia: Knight of Cups


Mi texto sobre Knight of Cups, de Terrence Malick: aquí.

La fille inconnue: 2 carteles



Otro cartel de Rogue One: A Star Wars Story


Próximamente: El libro más peligroso: James Joyce y la batalla por Ulises


De Kevin Birmingham. En Es Pop Ediciones.

Denial: 2º cartel


Wilson: primer cartel


sábado, noviembre 05, 2016

Gas. Antología poética personal 1999-2016, de Vicente Muñoz Álvarez


OFICIO

piénsatelo bien
antes de escoger
este oficio

llegado a cierto punto
no habrá ya
marcha atrás

pasarás todas
las fases
de una adicción

embriaguez
resaca
mono
penuria

y pagarás
a cambio de la escritura
un alto precio

doy fe

ahora

sigue
el camino

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INFANCIA

lo que te contaron
no era verdad
lo que soñaste tampoco
de lo que te prometieron
ni hablar

esas
son las piezas

derribar
para construir

destruir
para edificar

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UNFORGIVEN

ser
tú mismo

el mayor
de los crímenes

no
te lo perdonarán

**

OASIS

esa clarividencia
a veces

esos días
en los que todo pasa por encima de ti
como si nada realmente importara

en los que vives pero no juzgas
sientes pero no sufres
observas pero no piensas

en los que literalmente
todo te resbala

esa filosofía


[Ediciones Lupercalia]

Banner de T2: Trainspotting



La La Land: 4º cartel


jueves, noviembre 03, 2016

En Playtime / El Plural: Lars Iyer


Magma, Dogma y Éxodo: aquí.

Cartel de Rupture



Éxodo, de Lars Iyer


Un hombre debe caminar si ha de pensar, dice W. Hemos de estar receptivos a los pensamientos, abiertos a ellos; en cualquier momento podría venirnos una idea, y ello sólo cabe cuando nos relajamos, cuando dejamos que la mente se desentumezca. ¿Cuántas veces ha salido W. a caminar a solas, con la esperanza de que le acudiera una idea a la mente?

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No debemos tanto buscar ideas, dice W., como dejar que las ideas nos encuentren. No es cuestión de esfuerzo mental, sino de aflojamiento mental, dice. Las ideas necesitan tiempo para surgir; tiempo inmensurable. Las ideas desprecian el reloj. Desprecian hasta los cuadernos.

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Le conté a W. que el mundo que me rodeaba era irreal. El almacén era irreal. Los suburbios en los que había crecido, y en los que había sido construido el almacén, eran igualmente irreales. La desesperación revela la verdad del mundo: ¿no es eso lo que comprendía a través de Kafka? El sufrimiento revela la nulidad de las cosas.

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La locura nos había enjaulado en los suburbios como a ratas de laboratorio…

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"¿Crees que tendrán nuestros libros aquí?", pregunta W., sabiendo la respuesta. "¡Por supuesto que no!" Su libro quedó descatalogado nada más publicarse. ¡Antes de publicarse! Su editor quebró. Y mis libros –mis supuestos libros– aparecieron en las ediciones más oscuras, a cargo de la editorial más oscura, a un precio sólo asequible por las bibliotecas más prósperas. ¡Nuestros libros no tendrán efecto alguno! ¡No tendrán lectores!

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El criterio para que un libro merezca la pena es si te hace pensar más, dice W.

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A veces, W. desearía que hubiese una gran explosión en el cielo. Que una estrella cercana estallara en el firmamento. Que la cabeza de un cometa se dirigiese en llamas hacia nosotros. Ah, ¿por qué será más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo?

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Hay que dejar de escribir para tener una idea, dice W. Hay que hacer una pausa y esperar. El pensamiento ha de acudir a ti, no tú a él. No se puede forzar el pensamiento escribiendo.

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El sistema académico se ha desplomado. Mi libro –y los demás millones de libros, pues ahora se publican más libros que nunca– se encontró con un perfecto silencio, una perfecta indiferencia. La universidad está acabada, y nosotros estamos en el espacio exterior, dando tumbos de cabeza en la oscuridad.

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No tenemos miedo a ser juzgados, dice W. No tenemos miedo a responder por nuestros pecados. Pero estos nuevos ejecutores nos asesinarán por la noche. Nos matarán en la ignorancia, sin comprender por qué hemos de morir, por qué lo merecemos. Caeremos, pero no en nombre de nada en particular.
Por eso tenemos que mantenernos firmes, dice W. Para salvar, no lo que somos, sino lo que podríamos haber sido, aquellos cuyos hogares ocupamos. Para honrar, no lo que nosotros podríamos haber conseguido, sino lo que ellos podrían haber conseguido, de haber sido todo distinto.


[Pálido Fuego. Traducción de José Luis Amores] 

Trailer de Life


Hunter Gatherer: 2 carteles



miércoles, noviembre 02, 2016

La historia de tu vida, de Ted Chiang


Tu padre está a punto de hacerme la pregunta. Éste es el momento más importante de nuestras vidas, y quiero prestar atención, captar cada detalle. Tu padre y yo acabamos de volver de una noche en la ciudad, con cena y espectáculo; es más de medianoche. Salimos al patio para mirar la luna llena; luego le dije a tu padre que quería bailar, así que me sigue la corriente y ahora estamos bailando lentamente, un par de treintañeros oscilando de un lado a otro bajo la luz de la luna como niños. No siento el fresco de la noche en absoluto. Y entonces tu padre dice:
-¿Quieres tener un hijo?
En este momento tu padre y yo llevamos casados unos dos años y vivimos en la avenida Ellis; cuando nos mudemos serás demasiado pequeña para acordarte de la casa, pero te enseñaremos las fotos, te contaremos las historias. Me encantaría contarte la historia de esta noche, la noche en que fuiste concebida, pero el momento adecuado para hacerlo sería cuando estés preparada para tener tus propios hijos, y nunca tendremos esa oportunidad.
[Del relato "La historia de tu vida"]

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Parecía un barril suspendido en la intersección de siete miembros. Poseía simetría radial, y cualquiera de sus miembros podía servir como brazo o como pierna. El que tenía ante mí caminaba sobre cuatro piernas, con tres brazos no consecutivos recogidos contra sus costados. Gary los llamaba "heptápodos".
Me habían mostrado grabaciones de vídeo, pero aún así me quedé con la boca abierta. Sus miembros no tenían articulaciones apreciables; los anatomistas suponían que quizá estuvieran sostenidos por columnas vertebrales. Fuera cual fuera su estructura subyacente, los miembros de los heptápodos se las arreglaban para moverse de forma desconcertantemente fluida. Sus "torso" se deslizaba sobre los miembros oscilantes con la suavidad de un hovercraft.
[Del relato "La historia de tu vida"]

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Cuando era niño, el juguete preferido de Robert era uno sencillo, un muñeco de arcilla que sólo podía caminar hacia delante. Mientras sus padres recibían a sus invitados en el jardín, charlando sobre la ascensión al trono de Victoria o las reformas cartistas, Robert seguía la marcha del muñeco por los pasillos del hogar familiar, haciendo que diese la vuelta a las esquinas o que volviese sobre sus pasos. El muñeco no obedecía órdenes ni mostraba tener ninguna inteligencia; si se encontraba con una pared, la diminuta figura de arcilla seguía marchando hasta que, poco a poco, aplastaba sus brazos y sus piernas y los convertía en aletas deformes. En ocasiones Robert le dejaba hacer eso, sólo para divertirse.
[Del relato "Setenta y dos letras"]

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Los lugares santos estaban siempre en sitios poco hospitalarios: uno era un atolón en medio del océano, mientras que otro estaba en las montañas a una altura de seis mil metros. Aquél al que viajó Neil estaba en un desierto, una extensión de barro reseco que se extendía varios kilómetros en todas direcciones; era un lugar desolado, pero relativamente accesible y por lo tanto popular entre los peregrinos. El aspecto del lugar sagrado era una lección práctica de lo que pasaba cuando los reinos celestial y terrestre se tocaban: el paisaje estaba cruzado por ríos de lava, anchas grietas y cráteres de impacto. La vegetación era escasa y efímera, pues su crecimiento se restringía al intervalo entre la llegada de tierra nueva por las inundaciones o los torbellinos o el momento en que ésta era arrancada de nuevo.
[Del relato "El Infierno es la ausencia de Dios"]

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Vio los vehículos de otros dos buscadores de luz que se acercaban. Comenzaron a conducir en paralelo, dirigiéndose al norte, pasando por encima de una sección de terreno cuajada de cráteres, saltando sobre los pequeños y girando para evitar los grandes. Los rayos caían por todas partes, pero parecían venir de un punto al sur de la posición de Neil: el ángel estaba directamente detrás de él, y se acercaba.
Incluso con los tapones para los oídos, el rugido era ensordecedor. Neil sintió que el vello se le ponía de punta según se acumulaba la carga eléctrica a su alrededor. Miraba una y otra vez por el retrovisor, intentando distinguir dónde estaba el ángel mientras se preguntaba cuánto debería acercarse.
[Del relato "El Infierno es la ausencia de Dios"]

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Annika Lindstrom, estudiante de segundo curso:
[…]
¿Quién no querría ser guapo si pudiera? Pregunten a cualquiera, pregunten a la gente que está detrás de esto, y apuesto que todos dirán que sí. Por supuesto, ser guapa quiere decir que a veces los idiotas te dan la lata. Siempre hay idiotas, pero eso es parte de la vida. Si los científicos pudieran idear una forma de apagar el circuito de idiotez de los cerebros de los hombres, yo estaría absolutamente a favor.
[Del relato "¿Te gusta lo que ves? (Documental)"]


[Alamut. Traducción de Luis G. Prado]