Hace 1 hora
martes, septiembre 20, 2016
domingo, septiembre 18, 2016
sábado, septiembre 17, 2016
viernes, septiembre 16, 2016
miércoles, septiembre 14, 2016
Polybius, de Francisco Jota-Pérez
El videojuego Polybius, presentado en forma de arcade tradicional, fue lanzado al mercado en 1981 por una semidesconocida compañía llamada Sinneslöschen. La máquina era completamente negra y, como interfaz de control, contaba con un solo botón y un joystick, siendo el único adorno de la misma la marquesina con su correspondiente logo. El juego en sí también tenía un aspecto inusual: puzles rotativos en 3D, de acción rápida, laberintos que recordaban a los de Pac-Man, vuelos por un túnel esquivando destellos… todo ello sobre un contexto en pantalla psicodélico y con unos gráficos de un tipo nunca visto. Para muchos, lucía como un prototipo del famoso Tempest, un innovador juego a base de vectoriales aparecido un año antes.
[…]
Esta simplicidad, junto a unos gráficos y un sonido sintetizado muy superiores al del resto de arcades de la época, convertía a la recreativa en un logro tremendamente adictivo. No obstante, sus efectos eran demoledores en el subconsciente del jugador: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, náuseas, alucinaciones, terrores nocturnos, pesadillas… Se han documentado incluso intentos de suicidio propiciados por los mensajes subliminales del juego, murmullos ininteligibles que brotaban sin obedecer a ninguna lógica interactiva, gritos aterradores, quejidos de dolor o pánico y voces femeninas diciendo entre sollozos frases como "¿por qué me haces daño?".
**
Muy pronto se empezó a notar que si bien Polybius resultaba enormemente absorbente al principio, al poco tiempo despertaba en el jugador un odio irracional hacia el juego.
**
Cuando a ti lo que te interesa es cómo convivir con el haber revertido la tendencia tradicional: tus horas de trabajo son tu tiempo de recreo, porque no son el punto de pivote de tus días, sino un paréntesis fuera de casa y de tus verdaderos intereses durante el que te desahogas y adquieres perspectiva, con vistas a volver a casa y a tu eje, a intimar con la fuente primigenia y virtual desde la que supuró esta emulación a la que llamamos vida, a la que llamamos mundo. Juegas ocho horas al día, como debe ser; esa es tu ocupación.
**
No hay historia, no hay motivo, no hay propósito, como en cualquier otro juego, en definitiva, solo que Polybius enfrenta al jugador a su propia futilidad. Y es precisamente eso lo que le convierte en una maldición. Solo escombro de individualidad. La desnaturalización del cuerpo a favor del avatar que es connatural a los videojuegos, se radicaliza aquí, a fuerza de hipnosis y alucinación. Fundidos avatar, cuerpo y mente, la bionave anónima únicamente puede moverse horizontalmente y disparar. Pero no es la bionave la que se mueve, sino el contexto, el escenario, la pantalla entera.
[Antipersona]
lunes, septiembre 12, 2016
Capital, de John Lanchester
Leí esta novela en Londres. No digo que sea el libro de ficción que mejor representa el Londres contemporáneo porque, lógicamente, no los he leído todos; pero sí es, de los que he leído, el que dibuja un mapa más certero de esa ciudad. John Lanchester, sirviéndose de varios personajes (como hiciera Zadie Smith en NW London, que ya comentamos aquí), nos ofrece las diversas caras de una de las grandes ciudades del planeta: cómo funciona la economía en la City y cómo aquella afecta a nuestras vidas, cómo se desenvuelven los paquistaníes que regentan tiendas de alimentación, cómo trabajan y se relacionan los albañiles polacos, cómo un broker va perdiendo todo cuanto tiene…
Lanchester utiliza una calle ficticia (la bautiza Pepys Road, en evidente homenaje a Samuel Pepys, una de las figuras emblemáticas del pasado londinense) para situar a sus personajes. Los vecinos que viven en esa calle empiezan a recibir en sus buzones cartas anónimas que ponen: "Queremos Lo Que Usted Tiene", y acabarán recibiendo filmaciones de sus fachadas como si estuvieran en una versión inglesa del Caché de Michael Haneke. El autor ambienta la novela a finales de 2007 y durante 2008, es decir, en el momento histórico en que empieza a producirse la crisis económica mundial. Son casi 600 páginas, pero os aseguro que las devoraréis. Dos fragmentos:
Mediocridad de clase media.
Mediocridad de zona residencial.
Una cultura que adora abiertamente el término medio.
Una sociedad que permite que la idea de élite exista sólo en relación con el deporte.
Una cultura de gordos, de ociosos, de gente que ve la televisión reality, gente que no está interesada por nada que no sea la fama, gente que come por la calle, gente que proclama su vulgaridad cada vez que abre la boca.
La City de Londres es uno de los pocos lugares donde se pone en tela de juicio esta tiranía de lo mediocre, lo vulgar, lo mediano, lo banal, lo ordinario, lo complaciente. La City es uno de los pocos lugares donde se permite al individuo ser extraordinario. No, es mejor que eso. La City es uno de los escasos lugares donde se invita al individuo a que exponga su condición extraordinaria. No importa lo que el individuo en cuestión afirme; afirmar que es esto o aquello no significa nada. Afirmar carece de efecto. Hay que demostrarlo.
**
Así pues, la llevó a dar un paseo por South Bank, la orilla sur del Támesis. […] El paisaje fluvial permitió a Zbigniew sentirse, por primera vez, en el corazón de Londres. Como decir: ¿Londres? ¡Aquí lo tienes por fin! Había visto pubs y bares de bote en bote, gente recostada por todos los rincones del parque en los raros intervalos de buen tiempo, vagones de metro abarrotados, las principales arterias de South London en la pleamar humana de los sábados por la noche; pero aquello era distinto. Allí había personas procedentes de todo el mundo, en el centro de la urbe, porque acudían para estar allí, con el Parlamento al otro lado del caudal gris oscuro del río, autobuses de turistas escupiendo gasoil por la calle de acceso, los cines, los teatros, museos y salas de conciertos, el puente ferroviario, puente de tráfico rodado y puente peatonal, todo lleno de gente en ambas direcciones, los restaurantes atestados, malabaristas y mimos haciendo perder el tiempo a todo el mundo y ocupando espacio, niños correteando, una pista de monopatines para que los adolescentes se exhibieran ante ellos mismos, parejas de la mano por todas partes, una mujer policía paseando a caballo arriba y abajo, con un número de teléfono de protección a la infancia escrito en la espalda, seguramente porque la zona abundaba en proxenetas a la caza de niñas explotables, puestos callejeros que vendían quincalla turística y comida para llevar, músicos, y multitud de personas que no hacían nada en especial, sólo estar allí porque querían estar allí. Por una vez no llovió y hubo incluso un momento en que el cielo se despejó de nubes.
[Anagrama. Traducción de Antonio-Prometeo Moya]
jueves, septiembre 08, 2016
Cubierta de Ansiedad
Aquí está, por fin, la tercera entrega de lo que llamo mi Trilogía de la Vida (Asco, Angustia, Ansiedad). Los 3 libros, no obstante, pueden leerse de manera independiente. Todo ha ido demasiado deprisa porque al editor de Excodra le encantó, y por ello se ha adelantado la impresión en digital: en julio no había nada en firme porque Rubén aún la estaba leyendo y en septiembre ya es una realidad. Hacia finales de octubre, más o menos, saldrá en papel y haremos las oportunas presentaciones y comentaré algunas cosas en este blog acerca del libro y de la trilogía. De momento ya se puede adquirir el ebook en Excodra, Fnac, Amazon y GooglePlay.
Mecanismos internos, de J. M. Coetzee
Hace unos tres años recomendé por aquí Costas extrañas, uno de los tomos de ensayos de J. M. Coetzee. Tiene algo Coetzee como ensayista y, sobre todo, como crítico literario que al mismo tiempo es escritor, que me recuerda a las reseñas de Martin Amis. Aunque el segundo es más divertido porque es más ácido, ambos son implacables en sus valoraciones. Coetzee es un ensayista que se toma su tiempo, que desmonta el mecanismo de los libros de los que habla y a menudo hace un recorrido por otras obras del autor escogido. Y es un placer leer los juicios de quienes conocen el oficio desde dentro, aunque a menudo el autor de Desgracia sea demasiado exigente.
Mecanismos internos reúne textos del período comprendido entre 2000 y 2005. Ampliando la portada, pueden verse los autores sobre los que escribe. En el índice encontramos unos cuantos cuyas obras me fascinan (Robert Walser, Joseph Roth, W. G. Sebald, Samuel Beckett, William Faulkner…), y otros tantos a los que no he leído aún o de los que he leído muy poco (Robert Musil, Sándor Márai, Hugo Claus…). En todos los casos, place mucho adentrarse en la mirada de un grandísimo escritor sobre otros escritores no menos grandes. Anoto un párrafo de la introducción, escrita por Derek Attridge:
En especial, siempre es interesante ver cómo se relaciona con sus pares un autor que está en la primera fila de su profesión, al comentar sus obras no como un crítico, desde el exterior, sino como alguien que trabaja con las mismas materias primas.
[Debolsillo. Traducción de Eduardo Hojman]
martes, septiembre 06, 2016
NW London, de Zadie Smith
Este verano leí por fin dos novelas sobre Londres cuya lectura llevaba un tiempo aplazando: NW London (de Zadie Smith) y Capital (de John Lanchester). Las dos me parecieron muy buenas, aunque me gustó más la segunda, que comentaré aquí dentro de unos días.
En NW London la autora se centra principalmente en el noroeste de Londres, donde las vidas de varios personajes se cruzan, y donde Zadie Smith nos muestra las dificultades de la vida actual en un gran entorno urbano: amigas que se reencuentran y/o se distancian, mujeres que buscan relaciones sexuales más complejas y arriesgadas que las que puede proporcionar un matrimonio, adictos a la droga… Pero la gran apuesta de la escritora es enseñarnos este mapa lleno de vidas cruzadas mediante una técnica narrativa propia de un dj, mezclando distintos estilos para contar varias historias, desde los pasajes breves que funcionan casi como microrrelatos dentro de un mismo capítulo hasta páginas en las que sólo encontramos diálogos sin acotaciones, pasando por el monólogo e incluso el aforismo. Aquí van tres extractos:
No son buena gente. Ni siquiera tienen la integridad necesaria para ser la clase de gente que no se preocupa por ser buena gente. Se preocupan todo el tiempo. Se quedan de nuevo a medio camino. Siempre compran Pinot Grigio o Chardonnay porque son las únicas palabras relacionadas con el vino que conocen. Van a una cena y tienen que llevar una botella. Eso al menos sí lo han aprendido. Michel afirma que no compran productos de comercio justo porque no les llega el dinero, pero Leah le dice: no, es porque te da pereza. En el fondo piensa: quieres ser rico como ellos, pero te da pereza su moralidad, mientras que a mí me interesa más su moral que su dinero, y esa idea, esa oposición, la complace. El matrimonio entendido como el arte de la comparación envidiosa.
**
Ahora que había tanto trabajo, ahora que en esencia su vida entera se había convertido en trabajo, Natalie Blake sentía una calma y una satisfacción que antes únicamente había experimentado durante el período previo a los exámenes universitarios o bien durante los preliminares de los juicios. ¡Ojalá pudiera hacer que todo pasara más despacio! Había tenido ocho años de edad durante un siglo. Había tenido treinta y cuatro durante ocho minutos. Se acordaba muy a menudo de un diagrama hecho a tiza sobre una pizarra, mucho tiempo atrás, cuando las cosas todavía se movían a un ritmo razonable. La esfera de un reloj que representaba la historia del universo en un lapso de doce horas. El big bang era a mediodía. Los dinosaurios llegaban en algún momento a primera hora de la tarde. Todo lo relacionado con los seres humanos tenía lugar en los cinco minutos previos a la noche.
**
De pronto deseaba algo que no fuera la pura inercia de avanzar. Ahora quería conservar. Por este motivo empezó a buscar la comida de su infancia.
[Salamandra. Traducción de Javier Calvo]
domingo, septiembre 04, 2016
Cartas a Hawthorne, de Herman Melville
En Playtime / El Plural se publica hoy mi comentario sobre este libro, del que aquí dejo dos muestras:
Lo que me impulsa a escribir, está vetado: no da dinero. Y sin embargo, por lo general, escribir de otro modo no puedo. Así que el resultado final es una chapuza, y todos mis libros son un estropicio. Tal vez parezca por esta carta que estoy dolido, pero tendría que ver mi mano: cuatro ampollas en esta palma por culpa de la azada y del martillo con los que he trabajado los últimos días.
**
Pero hablaba de la "Ballena". Como dijo el pescador, "estaba aturullada" cuando la dejé hace tres semanas. En cualquier caso, la voy a agarrar de la mandíbula dentro de no mucho y acabaré con ella de algún modo u otro. ¿Qué sentido tiene afanarse tanto en algo con una vida tan efímera como es un libro moderno? Aunque escribiera los Evangelios de este siglo, moriría en la miseria. No dejo de hablar de mí mismo, y eso es egoísmo y egotismo. Se lo concedo. Pero, ¿cómo evitarlo? Le escribo; sé poco de usted, pero sé algo de mí mismo. Así que escribo sobre mí mismo, por lo menos a usted. No se moleste, con todo, en escribir; y no se moleste en visitarme; y cuando de verdad me haga una visita, no se moleste en decir nada. Yo me encargaré de escribir, de hacer la visita y de hablar.
[La Uña Rota. Traducción de Carlos Bueno Vera]
viernes, septiembre 02, 2016
jueves, septiembre 01, 2016
El Hombre Ilustrado, de Ray Bradbury
Otra de esas pequeñas gemas que tenía pendientes de lectura y que he leído este verano que ya se acaba: El Hombre Ilustrado, un puñado de geniales cuentos del maestro Ray Bradbury. El encuentro del narrador con un hombre que tiene el cuerpo totalmente tatuado y lleno de historias le sirve para poner en marcha la maquinaria de narrar: cada ilustración de la piel se mueve, se anima, y le cuenta un relato. Historias a menudo espeluznantes sobre astronautas, marionetas, peligrosos juegos de niños, interminables lluvias que vuelven locos a los soldados, habitantes negros que han emigrado a Marte y que volverán a ser invadidos por los hombres blancos de la Tierra…
Tan fascinante como las narraciones es el modo en que Bradbury ha sido inspiración para muchos artistas (igual que Roald Dahl, como comenté aquí días atrás), cómo sus historias han sido preludio de otras. En esta compilación hay un cuento que presagia ya la Realidad Virtual años antes de que la conociéramos. Hay un relato sobre muñecos sustitutos de personas, a la manera de clones, que juraría sirvió de base no reconocida para Mis dobles, mi mujer y yo. Hay relatos que luego dejarán huella en Gravity y The Martian. Impresionante libro de historias asombrosas, pues. Aquí van unos fragmentos:
De la introducción de Bradbury:
La sesión, es decir, la máquina de escribir, el ordenador, la pluma, el lápiz y el papel están ahí para echar mano a los fantasmas antes de que se desvanezcan en el aire.
[…]
Mis melodías y números están ahí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana.
Para no estar muerto.
**
Del relato "La pradera":
Tan pronto como se sabe qué es la muerte, ya se la desea uno a alguien. A los dos años ya se mata a la gente con una pistola de aire comprimido.
**
Del relato "Calidoscopio":
La vida termina como el resplandor de un film, una chispa en una pantalla. Todos los prejuicios y pasiones se reducen y se encienden por un instante en el espacio, y antes que se pueda gritar: –Aquél fue un día feliz, aquel otro un día desgraciado, aquella era una cara malvada, aquella otra una cara bondadosa–, sólo quedan del film unas pocas cenizas. La pantalla se oscurece.
**
Del relato "El zorro y el bosque":
-[…] La muerte quiere muerte. La gente muere más tranquila si sabe que a otros les pasa lo mismo. Es bueno oír que no se está solo en la tumba. Soy el guardián de ese resentimiento colectivo contra ustedes.
[Minotauro / Booket. Traducción de Francisco Abelenda]
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


















































