jueves, octubre 13, 2016

martes, octubre 11, 2016

En Playtime: Rebeca García Nieto



Las Siete Vidas del Cangrejo: aquí.

Próximamente: Ciudad revientacráneos


De Jeremy Robert Johnson. En Orciny Press.

Fantastic Beasts and Where to Find Them: 10 carteles











lunes, octubre 10, 2016

Andrzej Wajda (1926 - 2016)


domingo, octubre 09, 2016

Los enanos de la muerte, de Jonathan Coe



La barriada donde vivía se llamaba Urbanización Herbert. Se había construido en los años treinta y había oído decir que aún residían allí algunos de los primeros inquilinos, o sea, que llevaban allí más de cincuenta años. Yo sólo llevaba quince meses y no tenía otra cosa en la cabeza que largarme cuanto antes. No era que no me gustaran mis vecinos, sino más bien que no tenía mucho en común con ellos. El uniforme masculino habitual incluía pecho y brazos tatuados y, a ser posible, una pareja de alsacianos o rottweilers al otro extremo de la correa. Las mujeres se limitaban a transportar niños todo el santo día, ya fuera empujando los carritos donde los metían o tirando de los arneses con que los sujetaban. A veces entraban en una tienda con una horda de críos pegados a las faldas gritando, berreando y armando un barullo increíble. Para controlarlos, las madres no tenían otro recurso que comprarles caramelos, chocolatinas, patatas fritas o latas de coca-cola y limonada, motivo por el que todos tenían la piel tan pálida, los labios tan rojos y unos dientes que ya empezaban a ennegrecer. Las mujeres de la urbanización siempre parecían embarazadas. En el piso de abajo había por lo menos seis niños y uno más en camino (un accidente, por lo que deduje una noche a partir de una conversación especialmente estridente bajo el suelo de mi habitación). La mayoría de los hombres estaban en el paro y no encontraban gran cosa que hacer en todo el día salvo andar dando tumbos, ir al pub o apostar al fútbol y a los caballos. Resultaba difícil entender cómo todas aquellas familias lograban llegar a fin de mes.

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Trabajar en una tienda de discos en pleno corazón de la City era muy ingrato. El día entero era un desfile de niños soplapollas que venían a comprar sus álbumes de Michael Jackson y Whitney Houston. Ni uno solo de aquellos mamones había tenido nunca el menor asomo de vida interior propia. Compraban todos los mismos discos y vestían la misma ropa: camisa a sayas, corbatas de fantasía y elegantes trajes oscuros. Es mejor no decir más sobre este trabajo, excepto que curré allí cerca de nueve meses, con miras a algo mejor.

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Algunas personas no se dan cuenta de que un "No" directo puede ser la respuesta más amable del mundo.


[Zoela Ediciones. Traducción de Raquel Luzárraga y Ramón J. García]

Arrival: 2 carteles



Próximamente: Leñador


De Mike Wilson. En Errata Naturae.

John Wick: Chapter Two: 2º cartel


Valerian and the City of a Thousand Planets: primer cartel


jueves, octubre 06, 2016

22/11/63, de Stephen King


Tracé una gran A en rojo en la primera página del trabajo. Me quedé mirándola un minuto o dos, luego añadí un gran + en rojo. Porque era bueno, y porque su dolor había provocado una reacción emocional en mí, su lector. ¿Acaso no es eso lo que debe lograr un escrito sobresaliente? ¿Provocar una respuesta?

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Me sentía como un hombre leyendo un libro macabro. Una novela de Thomas Hardy, por ejemplo. Sabes cómo va a terminar, pero eso, en lugar de estropear las cosas, de algún modo aumenta tu fascinación. Es como mirar a un niño que hace correr su tren eléctrico cada vez más rápido y esperar a que descarrile en una curva.

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En mi vida como profesor, solía insistir machaconamente en la noción de simplicidad. Tanto en la ficción como en la no ficción, existe solo una pregunta y una respuesta. "¿Qué ocurrió?", pregunta el lector. "Esto es lo que ocurrió", contesta el escritor. "Esto… y esto… y también esto". Simplificar. Es el único camino seguro a casa.

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A veces la vida escupe coincidencias que ningún escritor de ficción se atrevería a copiar.

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Es la maldición de la raza lectora. Nos pueden seducir con una buena historia incluso en los momentos más inoportunos.

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Tras un período de abstinencia de mi ordenador, había adquirido la perspectiva suficiente para darme cuenta de lo adicto que me había vuelto a esa jodida máquina, malgastando horas leyendo estúpidos archivos adjuntos y visitando páginas web por la misma razón que impulsa a los alpinistas a escalar el Everest: porque estaban allí.

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A veces no deseamos saber, ¿no es cierto? A veces tenemos miedo de saber. Nos aventuramos demasiado lejos y entonces damos media vuelta.

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-No puedes acompañarme. Es demasiado peligroso. Creía que te lo había explicado, pero a lo mejor no lo dejé lo bastante claro. Cuando intentas cambiarlo, el pasado muerde. Te arrancará la garganta de un mordisco a la mínima que pueda.

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Las múltiples elecciones y posibilidades de la vida cotidiana son la música a la que bailamos. Son como las cuerdas de una guitarra. Si las rasgueas, creas un sonido agradable. Un armónico. Pero empieza a añadir cuerdas… Diez cuerdas, cien cuerdas, mil, un millón. ¡Porque se multiplican! Harry no sabía qué era aquel sonido de desgarrón acuoso, pero yo estoy bastante seguro de saberlo: es el sonido de un exceso de armonía creado por un exceso de cuerdas.

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Llevaremos una vida tranquila. No levantaremos olas.
Solo que cada hijo es una ola.
Cada aliento que tomamos es una ola.


[Plaza & Janés. Traducción de José Óscar Hernández Sendín y Gabriel Dols Gallardo]

Cartel de 40 Years of Rocky: The Birth of a Classic


Trailer de Sleepless



The Free World: 2 carteles



Madrid, 7 de octubre: presentación de Palabras para Ashraf



Este viernes se presenta, en Enclave, uno de los libros en los que he colaborado. Aunque yo no voy a leer, procuraré pasarme por allí un rato. Más datos al respecto:


Ashraf Fayad nació en 1980 en Abha (Arabia Saudí) en el seno de una familia de refugiados palestinos procedentes de la Franja de Gaza. Artista plástico y comisario artístico, participó en varias exposiciones internacionales en representación de su país de adopción, entre ellas la Bienal de Venecia (2013). Promovió el arte saudí contemporáneo en varios ámbitos y formó parte de la organización angloárabe ‘Edge of Arabia’. En 2014 colaboró en el volumen colectivo ‘Contemporary Kingdom. The Saudi Art Scene Now’ (edición de Myrna Ayad, Dubai: Canvas Central, 2014). En el ámbito literario, es autor del poemario ‘Al-Ta’limât bil-dâ-khil’ (‘Instrucciones en el interior’; Beirut: Dar al-Farabi, 2008), cuyos versos le acarrearon en 2015 una condena a muerte por apostasía. En 2016 se le conmutó por pena de prisión durante ocho años y 800 latigazos.

Este libro colectivo le está dedicado; con él, los autores quieren contribuir a divulgar su caso y claman contra todas las censuras. Los beneficios obtenidos con su venta se destinarán íntegramente a una organización de defensa de los derechos humanos en Arabia Saudí.

Participan en el volumen Alfredo Gavín, Ángel Fernández Benéitez, Antonio Gamoneda, Antonio Rigo, Arturo Tendero, Ashraf Fayad, Aurora Luque, Beatriz Becerra, Ben Clark, Carlos Gámez, Carlos Jover, Carlos Martínez Gorriarán, Charo Alonso, David Torres, Eduardo Moga, Estrella Sánchez-Marcos, Ezequías Blanco, Félix de Azúa, Félix Ovejero, Fernando Báez, Fernando Megías, Ignacio González del Rey Rodríguez, Ignacio Martín, Isaac Goldemberg, Isabel Camblor, Jaime Siles, Javier Cánaves, Jesús Ferrero, Jesús Zomeño, Joaquín Leguina, Jordi Doce, Jorge Espina, José Ángel Barrueco, José Antonio Carreño, José Luis Pernas, Juan Antonio González Fuentes, Juan Carlos Mestre, Juande González Moyano, Juan López-Carrillo, Juan Luis Calbarro, Julio Marinas, Kepa Murua, Luis Ingelmo, María Ángeles Pérez López, Marta Agudo, Máximo Hernández, Miguel Ángel Malo, Montserrat Villar, Ponç Pons, Rafael-José Díaz, Rafael Morales Barba, Ramón García Mateos, Regino Mateo, Ricardo Hernández Bravo, Román Piña Valls, Santiago Alfonso López Navia, Santiago Montobbio, Sinesio Domínguez Suria, Teresa Domingo Català, Tomás Sánchez Santiago, Tomás Valladolid Bueno y Vicente Torres.

Trailer de Jackie


Logan: primer cartel