jueves, septiembre 08, 2016

Mecanismos internos, de J. M. Coetzee


Hace unos tres años recomendé por aquí Costas extrañas, uno de los tomos de ensayos de J. M. Coetzee. Tiene algo Coetzee como ensayista y, sobre todo, como crítico literario que al mismo tiempo es escritor, que me recuerda a las reseñas de Martin Amis. Aunque el segundo es más divertido porque es más ácido, ambos son implacables en sus valoraciones. Coetzee es un ensayista que se toma su tiempo, que desmonta el mecanismo de los libros de los que habla y a menudo hace un recorrido por otras obras del autor escogido. Y es un placer leer los juicios de quienes conocen el oficio desde dentro, aunque a menudo el autor de Desgracia sea demasiado exigente.  

Mecanismos internos reúne textos del período comprendido entre 2000 y 2005. Ampliando la portada, pueden verse los autores sobre los que escribe. En el índice encontramos unos cuantos cuyas obras me fascinan (Robert Walser, Joseph Roth, W. G. Sebald, Samuel Beckett, William Faulkner…), y otros tantos a los que no he leído aún o de los que he leído muy poco (Robert Musil, Sándor Márai, Hugo Claus…). En todos los casos, place mucho adentrarse en la mirada de un grandísimo escritor sobre otros escritores no menos grandes. Anoto un párrafo de la introducción, escrita por Derek Attridge:

En especial, siempre es interesante ver cómo se relaciona con sus pares un autor que está en la primera fila de su profesión, al comentar sus obras no como un crítico, desde el exterior, sino como alguien que trabaja con las mismas materias primas.


[Debolsillo. Traducción de Eduardo Hojman]

Cartel de Peter and the Farm


Próximamente: Anatomía de un soldado


De Harry Parker. En Sexto Piso.

Hacksaw Ridge: nuevo cartel


Passengers: primer cartel


martes, septiembre 06, 2016

NW London, de Zadie Smith


Este verano leí por fin dos novelas sobre Londres cuya lectura llevaba un tiempo aplazando: NW London (de Zadie Smith) y Capital (de John Lanchester). Las dos me parecieron muy buenas, aunque me gustó más la segunda, que comentaré aquí dentro de unos días.

En NW London la autora se centra principalmente en el noroeste de Londres, donde las vidas de varios personajes se cruzan, y donde Zadie Smith nos muestra las dificultades de la vida actual en un gran entorno urbano: amigas que se reencuentran y/o se distancian, mujeres que buscan relaciones sexuales más complejas y arriesgadas que las que puede proporcionar un matrimonio, adictos a la droga… Pero la gran apuesta de la escritora es enseñarnos este mapa lleno de vidas cruzadas mediante una técnica narrativa propia de un dj, mezclando distintos estilos para contar varias historias, desde los pasajes breves que funcionan casi como microrrelatos dentro de un mismo capítulo hasta páginas en las que sólo encontramos diálogos sin acotaciones, pasando por el monólogo e incluso el aforismo. Aquí van tres extractos:  

No son buena gente. Ni siquiera tienen la integridad necesaria para ser la clase de gente que no se preocupa por ser buena gente. Se preocupan todo el tiempo. Se quedan de nuevo a medio camino. Siempre compran Pinot Grigio o Chardonnay porque son las únicas palabras relacionadas con el vino que conocen. Van a una cena y tienen que llevar una botella. Eso al menos sí lo han aprendido. Michel afirma que no compran productos de comercio justo porque no les llega el dinero, pero Leah le dice: no, es porque te da pereza. En el fondo piensa: quieres ser rico como ellos, pero te da pereza su moralidad, mientras que a mí me interesa más su moral que su dinero, y esa idea, esa oposición, la complace. El matrimonio entendido como el arte de la comparación envidiosa.

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Ahora que había tanto trabajo, ahora que en esencia su vida entera se había convertido en trabajo, Natalie Blake sentía una calma y una satisfacción que antes únicamente había experimentado durante el período previo a los exámenes universitarios o bien durante los preliminares de los juicios. ¡Ojalá pudiera hacer que todo pasara más despacio! Había tenido ocho años de edad durante un siglo. Había tenido treinta y cuatro durante ocho minutos. Se acordaba muy a menudo de un diagrama hecho a tiza sobre una pizarra, mucho tiempo atrás, cuando las cosas todavía se movían a un ritmo razonable. La esfera de un reloj que representaba la historia del universo en un lapso de doce horas. El big bang era a mediodía. Los dinosaurios llegaban en algún momento a primera hora de la tarde. Todo lo relacionado con los seres humanos tenía lugar en los cinco minutos previos a la noche.

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De pronto deseaba algo que no fuera la pura inercia de avanzar. Ahora quería conservar. Por este motivo empezó a buscar la comida de su infancia.


[Salamandra. Traducción de Javier Calvo]

Próximamente: Homo Tenuis


De Francisco Jota-Pérez. En GasMask Editores.

Cartel de Silicon Cowboys


Trailers de Morgan


domingo, septiembre 04, 2016

Cartas a Hawthorne, de Herman Melville


En Playtime / El Plural se publica hoy mi comentario sobre este libro, del que aquí dejo dos muestras:

Lo que me impulsa a escribir, está vetado: no da dinero. Y sin embargo, por lo general, escribir de otro modo no puedo. Así que el resultado final es una chapuza, y todos mis libros son un estropicio. Tal vez parezca por esta carta que estoy dolido, pero tendría que ver mi mano: cuatro ampollas en esta palma por culpa de la azada y del martillo con los que he trabajado los últimos días.

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Pero hablaba de la "Ballena". Como dijo el pescador, "estaba aturullada" cuando la dejé hace tres semanas. En cualquier caso, la voy a agarrar de la mandíbula dentro de no mucho y acabaré con ella de algún modo u otro. ¿Qué sentido tiene afanarse tanto en algo con una vida tan efímera como es un libro moderno? Aunque escribiera los Evangelios de este siglo, moriría en la miseria. No dejo de hablar de mí mismo, y eso es egoísmo y egotismo. Se lo concedo. Pero, ¿cómo evitarlo? Le escribo; sé poco de usted, pero sé algo de mí mismo. Así que escribo sobre mí mismo, por lo menos a usted. No se moleste, con todo, en escribir; y no se moleste en visitarme; y cuando de verdad me haga una visita, no se moleste en decir nada. Yo me encargaré de escribir, de hacer la visita y de hablar.


[La Uña Rota. Traducción de Carlos Bueno Vera]

Rubén Darío Fernández: Locura luz


Ya en digital. Pronto en edición impresa.

En Playtime: Herman Melville


Cartas a Hawthorne: aquí.

Cartel de The People Garden


Jon Polito (1950 - 2016)


viernes, septiembre 02, 2016

Próximamente: Nostalgia del futuro. Contra la historia del cine


De Hilario J. Rodríguez. En Editorial Micromegas.

Cartel de Manchester by the Sea


Cartel de Certain Women


jueves, septiembre 01, 2016

Próximamente: Preparación para la próxima vida


De Atticus Lish. En Sexto Piso.

El Hombre Ilustrado, de Ray Bradbury


Otra de esas pequeñas gemas que tenía pendientes de lectura y que he leído este verano que ya se acaba: El Hombre Ilustrado, un puñado de geniales cuentos del maestro Ray Bradbury. El encuentro del narrador con un hombre que tiene el cuerpo totalmente tatuado y lleno de historias le sirve para poner en marcha la maquinaria de narrar: cada ilustración de la piel se mueve, se anima, y le cuenta un relato. Historias a menudo espeluznantes sobre astronautas, marionetas, peligrosos juegos de niños, interminables lluvias que vuelven locos a los soldados, habitantes negros que han emigrado a Marte y que volverán a ser invadidos por los hombres blancos de la Tierra…

Tan fascinante como las narraciones es el modo en que Bradbury ha sido inspiración para muchos artistas (igual que Roald Dahl, como comenté aquí días atrás), cómo sus historias han sido preludio de otras. En esta compilación hay un cuento que presagia ya la Realidad Virtual años antes de que la conociéramos. Hay un relato sobre muñecos sustitutos de personas, a la manera de clones, que juraría sirvió de base no reconocida para Mis dobles, mi mujer y yo. Hay relatos que luego dejarán huella en Gravity y The Martian. Impresionante libro de historias asombrosas, pues. Aquí van unos fragmentos:

De la introducción de Bradbury:

La sesión, es decir, la máquina de escribir, el ordenador, la pluma, el lápiz y el papel están ahí para echar mano a los fantasmas antes de que se desvanezcan en el aire.

[…]

Mis melodías y números están ahí. Han llenado mis años, los años en que rehusé morirme. Y para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana.
Para no estar muerto.

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Del relato "La pradera":

Tan pronto como se sabe qué es la muerte, ya se la desea uno a alguien. A los dos años ya se mata a la gente con una pistola de aire comprimido.

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Del relato "Calidoscopio":

La vida termina como el resplandor de un film, una chispa en una pantalla. Todos los prejuicios y pasiones se reducen y se encienden por un instante en el espacio, y antes que se pueda gritar: –Aquél fue un día feliz, aquel otro un día desgraciado, aquella era una cara malvada, aquella otra una cara bondadosa–, sólo quedan del film unas pocas cenizas. La pantalla se oscurece.

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Del relato "El zorro y el bosque":

-[…] La muerte quiere muerte. La gente muere más tranquila si sabe que a otros les pasa lo mismo. Es bueno oír que no se está solo en la tumba. Soy el guardián de ese resentimiento colectivo contra ustedes.


[Minotauro / Booket. Traducción de Francisco Abelenda] 

Shut In: primer cartel